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La pausa reflexiva de Nairy Baghramian en el Palacio de Cristal


Esta mañana se ha presentado en Madrid la primera muestra en España de la iraní Nairy Baghramian (Isfahán, Irán, 1971), titulada Breathing Spell (Un respiro), organizada por el Museo Reina Sofía y coordinada por Soledad Liaño,  que ha sido concebida como un proyecto para el espacio en el que estará expuesto hasta el 14 de octubre. La artista a través de esculturas e instalaciones con materiales que, a veces, no vemos en nuestro entorno cotidiano pero que ella utiliza para reflexionar sobre temas del arte contemporáneo como la funcionalidad, la decoración, la abstracción o un aspecto tan actual como la importancia del feminismo.

Su obra ha sido expuesta en el Walker Art Center de Minneapolis, en el S.M.A.K de Gante, en el Museo Tamayo de México, en el Serralves de Oporto y en el Art Institute de Chicago. Participó en la 54ª Bienal de Venecia (2011) y en la Documenta 14 en Kassel y en Atenas (2017).

En sus formas, Nairy Baghramian revisa con intención el pasado de la historia del arte y también de la relevancia de la arquitectura moderna para cuestionarse y cuestionarnos las diferencias que existen entre función y ornamento, la industria y la artesanía, lo seriado y lo artístico.

Usa resinas, acero, siliconas o cuero en sus esculturas para crear formas orgánicas con protuberancias y cavidades que recuerdan las texturas de la fisiología humana, con una cierta subjetividad, no exenta de poesía. En su obra cómo se observa en el Palacio de Cristal de Madrid le gusta descubrir esa serie de materiales que habitualmente no vemos porque están ocultos: los fragmentos de tuberías, los conductos y mangueras o los antincendios, entre otros elementos, adquieren protagonismo porque sin ellos nuestra vida cotidiana sería mucho más difícil. Por eso, la forma de presentarlos de Nairy Baghramian hace que dichos elementos estén descontextualizados,  porque a pesar de carecer de sentido aparente adquieren una coherencia dentro de una estructura compleja.

En la exposición de Baghramian hay una continua respuesta a lo que planteaba el minimalismo que se apoyaba en la premisa «lo que ves es lo que ves», a lo que la iraní contrapone «lo que habitualmente no ves es lo que ahora ves» como reflejo inverso. Por ello, la instalación escultórica de Baghramian está en el límite entre la parte interna del edificio y la superficie exterior, ya que el Palacio de Cristal le permite repensar sobre el espacio situado en un punto intermedio entre el parque madrileño como lugar urbano y el Museo como institución, es decir entre lo natural construido y lo oficial protegido, Y de esa tensión surge el respiro que da titulo a la muestra.

En el recorrido se invita al espectador a que se detenga y replantee cómo se desarrolla la práctica artística, sobre el espacio que protege dicha práctica, que la contiene y en algún sentido le dota de sentido arquitectónico. En ese diálogo crítico con elementos de la modernidad como el surrealismo orgánico y los ecos de Picabia, el constructivismo de El Lisstitzki o el movimiento minimalista estadounidense, Nairy Baghramian no busca el ensimismamiento en su obra sino que quiere que los espectadores nos impliquemos y participemos en una narrativa fragmentaria.

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