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La National Gallery recibe 4 millones de libras

El emblemático museo londinense remodelará la sala 32 gracias a la donación de Julia y Hans Rausing


Cada vez es más evidente que, para augurarse un próspero futuro, los grandes museos deben relacionarse necesariamente con el mundo privado, puesto que este siempre le ha reportado un gran beneficio. Buen ejemplo de ello lo tenemos en el ámbito americano, donde son habituales desde hace décadas los legados de obras capitales para la historia del arte por parte de sus propietarios. Pero para albergar estas joyas de la historia del arte como se merecen, también es necesario renovar las salas, los accesos, los sistemas de seguridad y un largo etcétera, de los edificios que las albergan. Estas intervenciones son igualmente costosas, así que cuando tenemos noticias como la que aparecía esta semana, creemos que deben darse a conocer. Y es que la National Gallery de Londres acaba de recibir nada menos que 4 millones de libras del filantrópico matrimonio formado por Julia y Hans Rausing, con los cuales pondrá a punto la sala 32 del museo.

Este emblemático espacio forma parte de la primera ampliación del edificio construido por William Wilkins y que se completó en 1876 gracias a la intervención del arquitecto Edward Barry. En la actualidad alberga nada menos que la colección de piezas capitales del siglo XVII italiano, con nombre de la talla de Caravaggio, Guido Reni, Guercino, Salvator Rosa o Luca Giordano. La sala 32 se cerrará en octubre de 2018 y su completa renovación no se concluirá hasta la primavera de 2020. Cuando abra, lo hará con un nuevo nombre, el de sus generosos benefactores. Allí volverán los cuadros de los pintores arriba mencionados, a los que acompañará la más reciente adquisición del museo (ver aquí), el Autorretrato como santa Catalina de Alejandría de Artemisia Gentileschi, que colgará en todo su esplendor tras su restauración.

Todo lo que acabamos de indicar respecto a la inmersión del mundo privado en el campo de los museos puede hacerse también extensible, aunque con matices, a algunas instituciones españolas. El caso más significativo es el de nuestro Museo del Prado, que, más allá de sus propias adquisiciones, ha sido y es depositario de importantes legados –sirva como ejemplo el «Legado Villaescusa– y pinturas que enriquecen y completan su colección. Caso similar podría decirse de la Academia de San Fernando, que ha ido invirtiendo poco a poco el conocido como «Legado Guitarte», una cuantiosa suma económica que dejó en herencia Fernando Guitarte a dicha institución en 1970.

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