En Actualidad

Torrijos, la memoria de la historia en el bicentenario del Museo del Prado


Hace casi 12 años la primera pinacoteca española, con motivo de la apertura de su ampliación, presentó la exposición El siglo XIX en el Prado, un extraordinario conjunto de pinturas realizadas en ese siglo que fijaba algunos de los episodios y personalidades más relevantes de nuestra historia. En esa selección de obras destacaba poderosamente un óleo del pintor y director del Prado, Antonio Gisbert, el Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (1888). Ahora con motivo del bicentenario organiza la muestra Una pintura para una nación. El fusilamiento de Torrijos, que consta de poco más de 12 piezas, entre óleos, bocetos, litografías, cartas y otros documentos expuestos en una vitrina, que tiene como eje principal ese mismo cuadro de Gisbert, que fue la única pintura de historia encargada por el Estado con destino al Prado.

Comisariada por el jefe de Conservación del Área de Pintura del siglo XIX del Museo del Prado, Javier Barón, cuenta con el patrocinio de  Ramón Cajal y Abogados, y resulta de gran interés ver la obra maestra de Antonio Gisbert- junto a su boceto preparatorio que se exhibe a la izquierda de su obra maestra después de su reciente restauración-, que fue encargada por el gabinete de Práxedes Mateo Sagasta en 1886, y que el pintor culminó dos años después, convirtiéndose en un elemento simbólico de la construcción de la nación española desde la perspectiva de la defensa de la libertad. No en vano 20 años antes y durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874) tuvo lugar la nacionalización de las colecciones reales, que pasaron a depender del Estado, para que el Prado se convirtiera en Museo Nacional de Pintura y Escultura.

Antonio Gisbert (1834-1901) fue nombrado director del Museo del Prado en 1868 y permaneció al frente del Museo hasta 1873, pero él ya había demostrado su pericia como pintor en 1860 con el óleo Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo (enfrente del fusilamiento de Torrijos en la sala 61), que ya preludiaba el sacrificio de los héroes por la defensa de la libertad y que culminaría con su emblemática composición del fusilamiento del general Torrijos 28 años después. Este general liberal tenía un gran prestigio internacional, con innumerables contactos en España y fuera de España como el marqués de La Fayette o escritores como Espronceda, el duque de Rivas o Tennyson.

En la presentación el director del Prado, Miguel Falomir, destacó que en el cuadro, eje de la muestra, se dan varias circunstancias relevantes: fue encargada por el presidente del Gobierno, Sagasta, con el objetivo de celebrar la conquista de las libertades en España en un siglo, el XIX, donde la pintura era un vehículo ideal para transmitir ideas. Por su parte Andrés Úbeda, director adjunto de Conservación e Investigación del Prado, subrayó que es una exhibición modesta pero ambiciosa, que induce a la reflexión ya que el museo es una institución de todos y está alineado con la historia de España.

Rafael Mateu de Ros, socio fundador de Ramón y Cajal abogados, firma que patrocina la exposición, dijo que este cuadro impresiona tanto por su simbolismo integrador como por la exaltación del sacrificio, en este caso de gran valor moral. Y añadió que la ejecución de Torrijos y del resto de personalidades fue una ejecución sin juicio previo y apostilló que esta pintura tiene además una relación estrecha con el campo del Derecho, ya que fue un encargo político de un líder liberal que trabajó para sacar una ley en 1888 y un año más tarde, con la colaboración de Alonso Martínez, poner en marcha el Código Civil.

Por último Javier Barón explicó con detalle cómo preparó el cuadro Antonio Gisbert, documentándose bien del lugar de la ejecución, hablando con testigos o familiares de los fusilados, incluso con imágenes disponibles en grabados o fotografías, conociendo bien otras piezas naturalistas para dotar a la obra de mayor veracidad. «En la composición hay una restitución de la dignidad transmitida con sobriedad no sólo nacional porque Torrijos era alguien conocido en Inglaterra y Francia». En la obra afirmó Javier Barón hay ecos de pinturas de Gericault, Delacroix, Manet y sobre todo de Goya, con un tono épico y heroico.

En su más famosa y monumental obra dedicada al fusilamiento del general Torrijos y una serie de personalidades como el presidente de las Cortes, Manuel Flores, un exministro de Guerra, Francisco Fernández Golfín o un teniente británico Robert Boyd, entre otros, Antonio Gisbert relegó al pelotón de fusilamiento para conferir mayor simbolismo a la composición de cómo una serie de personas hacía frente a su muerte inminente. Junto a esa obra podemos ver el boceto con carboncillo, lápiz y clarión sobre papel que le sirvió al artista entre 1886 y 1887 para disponer a los personajes y que incluso le llevó a eliminar las figuras que resultaban más teatrales, modificar las posturas de los cadáveres y en cierto modo transformar y resaltar la dignidad heroica de los condenados a muerte por Fernando VII.

Además junto a la pintura y el boceto se exhibe un óleo sobre tabla una inacabada réplica de la obra del propio Gisbert, en una versión más reducida, que permite ver la cuidadosa pincelada del artista. Y encontramos un grabado en madera de Bernardo Rico, director artístico de La Ilustración Española y Americana, inspirado en una fotografía de Jean Laurent que había tomado una fotografía en 1888 del cuadro de Gisbert, debido a la fama que suscitó en su presentación.

Una litografía a pluma de José María Cardano, liberal como Torrijos, que fijaba en 1831 la imagen del general liberal; otro óleo del duque de Rivas, poeta y pintor romántico, en la que retrató a Torrijos cuando tenía alrededor de 33 años, al que también dedicó un soneto a su muerte. E incluso un retrato de Práxedes Mateo Sagasta, el jefe de los liberales españoles y presidente de las Cortes, fue captado por José Casado del Alisal en 1884 con un semblante natural y cierta simpatía.

Y dentro del material documental expuesto destaca la última carta de José María Torrijos a su esposa, Luisa Sáenz de Viniegra, en la que el general el día anterior a su muerte expone sus firmes convicciones y su generosa humanidad, en una misiva conmovedora que define muy bien la personalidad del prestigioso general y su decisión liberal frente a la barbarie del absolutismo. Y además un taco de tarjetas postales del Museo de Arte Moderno, hacia 1925-1930, que muestran el fusilamiento de Torrijos en series de los años de la II República, 1931-1936. Julián H. Miranda

* Sala 61 A Edificio Villanueva. Museo del Prado. Hasta el 30 de junio.

Recommended Posts
0

Start typing and press Enter to search