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La Fundación de Santamarca restaura su colección de pintura

La colección decimonónica se pone a punto para su próxima exhibición en Zaragoza


Ya hay fecha para la inauguración de una de las exposiciones más interesantes de este otoño. Después de más de tres décadas, la afamada Colección Santamarca, que hoy forma parte del grupo Fusara (Fundación de Santamarca y de San Ramón y San Antonio), volverá a exhibirse. Lo hará en el Palacio de Sástago de Zaragoza a partir del próximo 10 de octubre bajo el epígrafe Esplendor barroco. de Luca Giordano a Goya y la pintura romántica. La patrocina la Diputación Provincial de la capital aragonesa y permanecerá abierta hasta el 6 de enero de 2019.

Para que los espectadores puedan contemplar las pinturas en todo su esplendor, se ha llevado a cabo durante años una laboriosa campaña de restauración. Esta ha sido desempeñada por el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) y culmina una etapa que se inició en el año 2004. Previamente, se habían restaurado algunas piezas al haber participado en varias exposiciones, entre ellas y por su importancia, la monográfica celebrada en 1984 en la sala del Banco Exterior de Madrid que comisarió Alfonso E. Pérez Sánchez. Para tal ocasión se mostraron treinta y seis obras de la colección. Pero a pesar de ello, los avatares históricos de la colección, no siempre positivos, y el natural paso del tiempo, habían hecho mella su estado de conservación. Muchos lienzos presentaban roturas, craquelados, levantamientos y faltas de materia pictórica. Algunos contaban además con restauraciones antiguas que distorsionaban la percepción visual de las pinturas, amén de oxidaciones de barnices y destensados de los lienzos.

Para muestra un botón. El Descanso en la huída a Egipto de Bartolomé Román requirió, además de una limpieza completa, la colocación de un parche en la rotura que presentaba en lado izquierdo, así como un injerto, estucado, reintegración cromática y nuevo barnizado. Podemos citar otros ejemplos como el retrato de Cartota de Santa Marca y Donato de José Moreno Carbonero o el Florero de Margarita Caffi, cuyos barnices hubo que retocar.

Una notable intervención que podrá verse próximamente y que nos acercará a «una de las colecciones privadas más importantes de nuestro país, aunque poco conocida», en palabras de la delegada de Cultura de la Diputación Provincial de Zaragoza, Cristina Palacín. Sin duda, sus más preciadas joyas son las seis escenas de juegos de niños pintados por  Francisco de Goya entre 1785-1786. Quienes acudan a visitarla tendrán la ocasión única de contemplarlas juntas y en perfecto estado de conservación. Contando con ellas, se expondrán, a lo largo de once espacios distribuidos en las dos plantas del palacio, un total de 98 pinturas, algunas de las cuales cuentan con nuevas atribuciones.

A ellas se suma el espléndido busto póstumo del I conde de Santamarca, labrado en mármol de carrara en París en 1876 por el escultor Adam Salomon. La pieza es de sumo interés puesto que parece que su artífice se sirvió de una fotografía del retrato del mismo marqués pintado por Bernardo López Piquer –también presente en la exposición – enviada a la capital francesa por su hija para rendir tributo a su fallecido padre. Asimismo, podrá contemplarse una bellísima mesa de aparato producida en Italia en el siglo XIX confeccionada a base de madera dorada, mármol y escayola pintada.

La colección se formó durante la segunda mitad del siglo XIX por el entusiasmo del banquero y conde Bartolomé de Santamarca (1806-1874), quien, a diferencia de sus contemporáneos, no sólo adquirió piezas de los siglos pasados, sino que también se interesó y patrocinó a pintores coetáneos como los hermanos Antonio y José de Brugada o Jenaro Pérez Villaamil, todos ellos muy bien representados en su colección. A su muerte, se la transmitió primero a su viuda y después a su hija Carlota, duquesa de Nájera y condesa de Santamarca, quien, viuda y sin descendencia, la cedería al Asilo Santamarca que ella misma había formado. La compleja historia posterior hasta la actualidad aparece perfectamente trazada en el catálogo que acompañará a la exposición, cuya dirección científica ha corrido a cargo del especialista Wifredo Rincón García, del Instituto de Historia del CSIC.

Son muchos los alicientes de una muestra que esperamos ver pronto para contemplar de primera mano y, ya restauradas, los tesoros de una importantísima colección española formada en el siglo XIX y que ahora resurge de una oscuridad en la que nunca debió sumirse.

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