Joyas de Masriera para el Estado en Ansorena
Adquiere un brazalete de aves y un pendientif
En la última subasta de joyas de la sala Ansorena, el Estado adquirió un sobresaliente brazalete de MASRIERA HNOS. con diseño de cisnes en oro, esmalte plique-à-jour y diamantes (núm. 1053) por un precio de 9.000 €.
Esta impresionante pieza de coleccionista diseñada originalmente por Lluís Masriera muestra dos cisnes entrelazados. El plumaje y las alas están ricamente decorados con diamantes y el característico esmalte calado degradado en tonos verdes.
El diseño de cisnes de Lluís Masriera, creado originalmente en torno a 1903, es considerado una obra cumbre de la joyería del Modernismo catalán. A nivel formal, estético y técnico, esta pieza encapsula toda la filosofía del Art Nouveau de principios del siglo XX y se conserva como uno de los máximos tesoros de la orfebrería europea.
En la subasta también adquirió un pendientif de la misma firma (núm. 1055) realizado en oro, con detalles en plata y esmalte “plique a jour”, en el precio marcado de 4.500 €.
Masriera es una de las firmas de alta joyería más prestigiosas del mundo, fundada en Barcelona en 1839. Su época dorada y su fama internacional se consolidaron gracias a la figura de Lluís Masriera i Rosés (1872–1958), un creador polifacético que transformó el taller familiar tradicional en el máximo exponente de la joyería del Modernismo catalán (Art Nouveau).
Al asumir la dirección de la firma en el año 1900, Lluís Masriera tomó una decisión radical: impactado por los diseños del francés René Lalique, decidió fundir todo el stock de joyas antiguas de la tienda para reutilizar el oro en creaciones vanguardistas.
Para lograrlo, perfeccionó en Barcelona la técnica del esmalte al fuego, tras haberse formado en Ginebra con el maestro Edward Lossier.
Desarrolló con maestría el plique-à-jour (un esmalte translúcido sin fondo que simula una vidriera) y creó el denominado «Esmalte Barcelona», que combinaba el relieve del camafeo con transparencias vítreas.
Sus piezas se caracterizaron por una profunda inspiración naturalista, plasmada en exquisitos diseños de ninfas aladas, libélulas, mariposas y criaturas mitológicas confeccionadas en oro de 18 quilates, diamantes, perlas y gemas preciosas. Con el paso de los años y fiel a su espíritu innovador, Masriera lideró también la transición de la firma hacia la geometría del Art Déco en la década de 1920, triunfando en la célebre Exposición de Artes Decorativas de París de 1925.
Más allá de su joyería, Lluís Masriera fue un artista total y una figura institucional clave para la cultura catalana. Destacó como un importante pintor academicista y simbolista, cuya obra maestra, Sombras reflejadas (1920), se exhibe actualmente en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC).
Asimismo, volcó su pasión en las artes escénicas como dramaturgo y escenógrafo de su propia compañía teatral, Els Belluguets. Para unificar todas sus pasiones, mandó construir el famoso Taller Masriera en Barcelona, un singular edificio con forma de templo clásico que albergaba el obrador de joyería, su estudio de pintura y un teatro privado.
Su relevancia pública lo llevó a presidir la Real Academia de Bellas Artes de Sant Jordi entre 1944 y 1952. Hoy en día, la firma Masriera mantiene vivo este extraordinario legado histórico, continuando con la producción artesanal de sus piezas mediante el uso de los mismos moldes originales del siglo XX.
Los brazaletes y pulseras con figuras de animales de Masriera representan una de las mayores cumbres creativas del Art Nouveau mundial. Lluís Masriera no replicaba la fauna de forma puramente realista, sino que la dotaba de un aura mágica, mitológica y profundamente sensual. Estas piezas se concebían como verdaderas esculturas articuladas que se adaptaban de manera anatómica a la muñeca de la mujer, convirtiéndose en joyas vivas gracias al movimiento del cuerpo.
Dentro de su iconografía, las criaturas aladas como las libélulas y las mariposas son las grandes protagonistas. El motivo principal para elegirlas era técnico y estético: la anatomía del ala permitía a Masriera desplegar toda la genialidad de su esmalte translúcido (plique-à-jour), logrando que la luz atravesara la joya e imitara a la perfección la fragilidad y el color de los insectos reales. El plumaje texturizado de aves como cisnes y pavos reales también se resolvía con exquisitos degradados de color al fuego y detalles de diamantes de talla brillante.
Por otro lado, la serpiente fue uno de los animales predilectos de la firma debido a su forma orgánica, idónea para la estructura de una pulsera. Masriera diseñaba brazaletes que se enroscaban de forma helicoidal en la muñeca o el antebrazo, utilizando escamas perfiladas en oro de 18 quilates, lomos cubiertos de esmalte sobre relieve (basse-taille) y ojos de brillantes o rubíes.
Fiel a la corriente simbolista, su aportación más revolucionaria fue la hibridación, fusionando cuerpos de ninfas esculpidas en oro con extremidades que se transformaban en majestuosas alas o colas de sirena.
La ejecución de estas piezas requería una ingeniería de precisión extrema. Los brazaletes contaban con ingeniosas estructuras articuladas, bisagras invisibles y cierres de seguridad integrados que permitían que las figuras animales se mantuvieran firmes pero cómodas sobre la piel. Al mover el brazo, la combinación de metales pulidos, gemas preciosas y las vidrieras en miniatura de sus esmaltes generaba un juego de destellos único. Hoy en día, estos brazaletes de la época dorada son verdaderos tesoros de museo, altamente cotizados por coleccionistas internacionales en las principales subastas del mundo. Noemí Marín


