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El Prado presenta su reorganización del siglo XIX

La pinacoteca madrileña acaba de abrir al público la reordenación de las salas dedicadas al siglo XIX. Un total de 275 obras entre pinturas, esculturas, medallas y miniaturas de 130 autores diferentes repartidas en 15 salas, cada una de ellas con un discurso distinto.

El contenido de la nueva museografía comprende piezas que van desde las Pinturas negras de Goya y los periodos neoclásico y romántico hasta la pintura social de finales de siglo y algunas obras de principios del XX, pasando por el arte cosmopolita europeo, el Realismo y una sala reservada a los retratos y autorretratos de los autores.

La revisión de las salas inauguradas en 2009 pretende plantear una exploración más profunda de la colección y contextualizar ampliamente el arte español dentro del europeo, ofreciendo una perspectiva global de las manifestaciones decimonónicas, así como dotarla de una mayor continuidad con los movimientos anteriores.

A la presentación asistieron Miguel Falomir, director del Museo del Prado, acompañado por Javier Portús, jefe de Conservación de Pintura Española hasta el 1800; Javier Barón, jefe de Conservación de Pintura del Siglo XIX; y Leticia Azcue, jefa de Conservación de Pintura y Artes Decorativas.

Respecto a las novedades de la reapertura, el propio Falomir recordó que desde su inauguración en 2009 “la colección del XIX tenía un amplio margen de mejora, tanto desde el punto de vista estético como conceptual”. Además señaló que, si bien el espacio es el mismo, los fondos expuestos han logrado mejorarse gracias al desarrollo de “contenidos más complejos y ajustados a la realidad”, a la recuperación de periodos o fenómenos que hasta ahora estaban fuera de las salas y, en definitiva, a la ampliación del número de obras y de artistas (también de mujeres, que han multiplicado por tres su presencia).

El recorrido por las 15 estancias del ala sur del edificio Villanueva –unos 1.600 metros cuadrados– empieza en la sala 67 donde se encuentran las conocidas Pinturas negras de Goya. Dicho conjunto ocupó en su día dos habitaciones de la llamada Quinta del Sordo, comprada por el pintor en 1819. Más adelante, atravesando algunas de sus composiciones tardías, se encuentran dos salas marcadas por la crisis bélica y política en la España de principios del XIX; las principales obras encargadas de atestiguarlo son El 2 y 3 de mayo de Goya, El Coloso ahora atribuido a este mismo autor y La muerte de Viriato, jefe de los lusitanos de José Madrazo.

Por otro lado, aunque el museo ha logrado elaborar un discurso más diverso, distinto y complejo del que tenía antes, no ha sido necesario dejar de lado algunos de sus elementos irrenunciables. Además del aragonés, los autores que tienen una entidad propia como Fortuny y Rosales siguen manteniendo sus salas y la pintura de historia conserva su relevancia dentro del discurso expositivo.

El periodo neoclásico, por su parte, ha diluido sus fronteras: se ha añadido un espacio dedicado al movimiento internacional, además de la permanencia de obras españolas con la que ya contaba. Esta nueva sala alberga piezas de grandes nombres europeos como Thomas Lawrence, Pierre Guérin o Gottlieb Schick.

Asimismo, cuenta con una de las autoras femeninas más relevantes de las 13 que se encuentran en la exposición: Angelica Kauffman, cuyo Retrato de Anna Escher von Muralt pintado hacia 1800 se encuentra nada más entrar en la sala 63. Terminando con el Neoclasicismo, la sala consagrada a los autores españoles acoge una de las mayores novedades de la reordenación: una vitrina con 40 miniaturas ocupa el centro del espacio, presentado de tal modo que pueda apreciarse una evolución en la disposición cronológica de estas piezas.

Las últimas salas contienen piezas pertenecientes a finales del siglo, enfatizando así la pintura social y otorgándole la importancia que merece, e incorporando algunas otras de las primeras décadas del XX. Otra de las novedades la encontramos en la sala 62. En ella pueden encontrarse 54 retratos y autorretratos de los artistas cuyos cuadros visten el resto de las paredes de la colección, incluidos aquellos que fueron directores del Prado durante el siglo XIX. Desde Goya hasta Sorolla. Una sala con casi todos los pintores relevantes dispuesta en tres alturas que recuerda las instalaciones de la época en que fueron pintados.

La revisión de las salas inauguradas en 2009 pretende plantear una exploración más profunda de la colección y contextualizar ampliamente el arte español dentro del europeo

Sin duda, esta parte respalda más que ninguna otra una de las declaraciones que hacía Miguel Falomir ayer: “La historia del arte no es un fenómeno lineal donde un estilo sucede a otro, sino que hay momentos en que conviven estilos casi antagónicos.” Así pues, el Museo del Prado parece haber dado un paso adelante en la tarea de representar fidedignamente la realidad de uno de los principales fragmentos de su desarrollo histórico. Alfonso Echevarne.

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