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El Museo de Bellas Artes de Sevilla rinde homenaje a Martínez Montañés

La pinacoteca sevillana dedica una exposición monográfica al escultor andaluz con la que conmemora los 450 años de su nacimiento.


A nadie escapa que Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, Jaén, 1568-Sevilla, 1649) es una de las figuras más relevantes de la escultura hispana de todos los tiempos. Natural de la provincia de Jaén, con 19 años ya residía en Sevilla, una de las capitales más cosmopolitas de su tiempo. Allí supo aprovechar su talento al máximo en un contexto social, cultural y económico único que propició un florecimiento de las artes como pocas veces se ha visto. Tras superar, el 1 de diciembre de 1588, el examen de maestría que le habilitaba para abrir taller en su ciudad, Montañés inició una fulgurante carrera profesional que le llevó, ya en vida, a lo más alto del olimpo de las artes, y a convertirse en figura de referencia para las generaciones posteriores de imagineros.

Su fama no sólo se reflejó en numerosos escritos de eruditos contemporáneos, con Francisco Pacheco a la cabeza. También se constata en las imágenes que han llegado hasta nosotros de su figura, desde el retrato realizado por Francisco Varela en 1616 (Ayuntamiento de Sevilla), hasta la célebre efigie pintada por Velázquez hacia 1635 del Prado, donde se elogia el encargo hecho desde la corte para enviar el busto de Felipe IV a Pietro Tacca a Florencia, que serviría de modelo para el retrato ecuestre en bronce que poco tiempo después decoraría los jardines del recién creado palacio del Buen Retiro. A ellos se suma el dibujo realizado por Pacheco, hoy en la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid, incluido en su Libro de descripción de verdaderos retratos, de ilustres y memorables varones.

451 años después de su nacimiento, el Museo de Bellas Artes de Sevilla conmemora su natalicio con una exposición antológica en la que se reúnen un total de 45 esculturas salidas de sus gubias. Junto a las cinco tallas que posee el museo, se han traído otras tantas diferentes de conventos, iglesias y capillas de la capital hispalense. A ellas se suman otros ejemplares procedentes del monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce (Sevilla), la iglesia parroquial de San Miguel de Jerez de la Frontera (Cádiz) o la catedral de Hueva. A través de ellas se recorre la trayectoria profesional del escultor. Completan la muestra una serie de pinturas y esculturas, también propiedad del Bellas Artes, de artistas como el ya citado Francisco Pachecho, Francisco Varela o Pietro Torrigiano, que permiten contextualizar a Montañés en su época.

Entre las obras que pueden contemplarse se encuentra su primera escultura documentada, San Cristóbal con el Niño Jesús (1597) de la iglesia del Salvador o la Inmaculada Concepción, ‘la cieguecita’, labrada hacia 1628-1631 para la Capilla de los alabastros de la catedral hispalense.

También está el San Ignacio de Loyola (1610) de la antigua Casa Profesa de los Jesuitas –actual iglesia de la Anunciación–, a la que se refirió Pacheco en su tratado El arte de la pintura en estos elogiosos términos: «[…] la cabeza y manos del que está vestido en su altar de la Casa Profesa, que hizo de escultura en su beatificación Juan Martínez Montañés, pintado de mi mano, estoy persuadido que se aventaja a cuantas imágenes se han hecho de este glorioso Santo, porque parece verdaderamente vivo».

La exposición se articula en tres secciones. La primera se dedica a los grandes encargos. Pueden contemplarse, en algunos casos por primera vez desde que se colocaran en sus retablos, tallas y relieves procedentes del monasterio de San Isidoro del Campo de Santiponce (1609-1613), del de San Juan Bautista en el monasterio de San Leandro (1620-1622) y tmbién del convento de Santa Clara (1621-1624), estos dos últimos en la capital andaluza.

La segunda sección, imaginería, supone la transición para el tercer y último bloque: Iconografías. Montañés supo dar forma a prototipos de figuras tanto para los Jesuítas (San Ignacio y San Francisco Javier de la antigua Casa Profesa); como sobre todo para la Inmaculada Concepción, con la célebre ‘Cieguecita’ de la catedral a la cabeza y para los Crucificados. Impresiona contemplar, en una misma sala el Cristo de la Clemencia (1603), también en la catedral, junto al Cristo de los Desamparados (1617) de la iglesia conventual del Santo Ángel. Se trata de portentosos estudios anatómicos dotados además de una excepcional policromía.

Montañés. Maestro de maestros, podrá visitarse desde hoy hasta el próximo 15 de marzo de 2020 en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Para la ocasión se han restaurado buena parte de las imágenes, que lucen de nuevo en todo s explendor. El montaje, que ha sido diseñado de Francisco Bocanegra, permite contextualizar las tallas junto a grandes fotografías de los retablos. También ofrece la oportunidad única de contemplar por detrás las tallas de San Pedro y San Pablo de la iglesia de San Miguel de Jerez de la Frontera (1633-1638), gracias a lo cual se observan las marcas de las gubias del escultor.

El acto de inauguración ha estado presidido por Juan Manuel Moreno Bonilla, Presidente de la Junta de Andalucía; Patricia del Pozo Fernández, Consejera de Cultura y Patrimonio Histórico; y por los comisarios de la misma, M. del Valme Muñoz Rubio, directora del Museo de Bellas Artes, e Ignacio Cano Rivero, Jefe del Departamento de Difusión del mismo; así como monseñor Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla.

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