El mundo poético y secuenciado de Minor White
El Centro de Fotografía KBr Fundación Mapfre conmemora el 50 aniversario del fallecimiento del autor con su mayor retrospectiva en Europa. Propone un recorrido que presta especial atención a los temas más recurrentes de su producción fotográfica, sin desatender su carrera paralela como autor, editor y comisario.
A lo largo de su trayectoria, Minor White mostró una fascinación por capturar “las cosas no por lo que son, sino por aquello otro que son”. De ahí que empujara los límites de la percepción para ir más allá de lo estrictamente visible en la fotografía.
Esto se aprecia especialmente en sus paisajes y desnudos masculinos, dos motivos muy recurrentes en su producción. Prestemos atención a Parque estatal de Point Lobos, tomada en California, y parte de su serie Fourth Sequence (1950), donde aborda cuestiones como la identidad y la sexualidad.
La escena natural que captura se encuentra tan aislada de su contexto, que la convierte en formas abstractas: líneas, curvas, sombras y volúmenes. Estos mismos elementos los encontramos en Portland, Oregon (1940), un desnudo de espaldas que convierte la anatomía en paisaje. En esa geografía de la carne también observamos una hendidura abriéndose paso por una superficie –la piel sustituye la arena–, lo que nos empuja a erotizar por una cuestión de equivalencia uno y otro paisaje.


Dicha interpretación se basa en la forma que tiene White de entender el conjunto, como una estructura narrativa y reflexiva donde las imágenes se relacionan entre sí generando asociaciones, ritmos y significados. “Cualquier fotografía vista por sí sola fracasará en el intento de comunicar. Para comunicar o evocar se requiere un mínimo de dos fotografías”, decía.
Parte de esa concepción de las imágenes surge de las ideas de uno de sus mentores, Alfred Stieglitz, de quien adopta la noción de “equivalencia”. No en vano, para este último la fotografía era algo más que una reproducción del mundo y se convertía en el equivalente visual de una experiencia interior.
Por otro lado, la dificultad de White para reconocer abiertamente su homosexualidad no es determinante en su práctica, pero su mundo interior en constante tensión sí otorga a muchas de sus instantáneas una carga simbólica imposible de ignorar. La comparación entre Point Lobos y Portland es solo un ejemplo de ello.
Aunque aquí nos hayamos aproximado a White in media res, el recorrido por las salas del KBr está estructurado cronológicamente y sigue cada una de sus facetas. La escritura, el comisariado de exposiciones, la edición y la docencia fueron para él igual de relevantes que la práctica fotográfica.
La exhibición explica que el artista conoció los rudimentos de la imagen siendo un niño y de la mano de su abuelo, fotógrafo aficionado. Estos conocimientos le sirvieron más tarde para la preparación de transparencias fotomicrográficas de algas durante los años que dedicó a sus estudios universitarios en botánica.
En sus comienzos también se incluyen las instantáneas que sacó cuando trabajaba para el Oregon Art Project, unas primeras imágenes de carácter documental donde se suceden edificios históricos antes de su demolición. Pronto abandona el pictorialismo por influencia del Grupo f/64 y empieza a incorporar símbolos recurrentes como puertas, ventanas rotas, objetos biomórficos y referencias espirituales.
El recorrido, dirigido por el comisario Carlos Gollonet, apuesta por cuatro secciones que arranca en sus inicios y después dedica un capítulo a cada estado de Estados Unidos donde White vivió y desarrolló su carrera.
Uno de ellos fue San Francisco (1946-1953), cuya estancia es clave en su formación porque entra en contacto con Ansel Adams y Edward Weston. Estos también son los años de la fundación de la revista Aperture, que dirigió durante dos décadas.
Aquí destacan The Temptation of Saint Anthony Is Mirrors (1948), que nunca llegó a exponer en vida, la mencionada Fourth Sequence (1950), e Intimations of Disaster (1952), una serie montada a partir de los miles de fotografías que realiza con una pequeña cámara manual en las calles de la ciudad californiana.



El siguiente bloque está dedicado a Rochester (1953-1965), un traslado impulsado por la invitación a unirse a la George Eastman House. En este periodo profundizó en su faceta como editor, pues además de Aperture, empezó a trabajar para Image, la revista de la institución museística. Aquí, la docencia y el comisariado vienen acompañados de nuevas lecturas de tipo místico sobre filosofía oriental que, junto al entorno local, provocaron la creación de secuencias como Rural Cathedrals (1955), que mira hacia la arquitectura vernácula estadounidense, o Sound of One Hand (1960), donde la imagen abstracta deviene reflejo mental del espectador.
El último apartado de la exhibición pertenece a Massachussets (1965-1976), donde se encuentran dos de las secuencias más destacadas de su producción. En primer lugar, culmina la única secuencia en color que publicó en vida, Slow Dance, una proyección dual de diapositivas cuya concepción se vio influida por el pensamiento del filósofo George I. Gurdjieff.
White crea dos secuencias fotográficas más de gran relevancia: Sequence 1968 (1968) y Totemic Sequence (1974), esta última considerada una de sus obras cumbre.
Este homenaje que ahora le rinde el Centro de Fotografía KBr ―abierto al público hasta el 6 de septiembre― ha sido posible gracias a la colaboración del Princeton University Art Museum, que conserva buena parte del legado de White, así como a los préstamos del Portland Art Museum, The Museum of Fine Arts de Houston y Aperture. Nerea Méndez Pérez



