El MUN concilia arte y ciencia para explorar la naturaleza del color
Cinco proyectos de creadores de distintas generaciones conforman la exposición del Museo Universidad de Navarra En vivo y en directo: color, percepción y experiencia, que se centra en la interacción de nuestras distintas formas de reaccionar frente al arte.
El MUN encara una nueva etapa, según comenta su director, Jaime García del Barrio, fomentando la interdisciplinariedad de las ciencias sociales y centrando su actividad anual en un único tema. Este curso, el concepto escogido ha sido la atención: entendida como disposición a la escucha y a observar con detenimiento, pero también como el ejercicio de esfuerzo que requiere comprender lo diferente.
La muestra vehicula trabajos que atienden desde distintos ángulos a la naturaleza del color, experimentan a través de sus posibilidades y explora sus efectos en la percepción humana.
Aclara Nathaniel Barrett, comisario de la muestra junto a Gabriel Pérez-Barreiro, que la idea fue buscar una cuestión en la que aunar arte moderno con investigación científica. De modo que materializar el proyecto ha significado una constante conversación de enriquecimiento mutuo.
Observa Barrett que durante mucho tiempo se le asignó al color una función secundaria –la de “rellenar la forma”– o una instrumental (la de simbolizar virtudes o sentimientos). También que su estudio filosófico tiende a aislarlo, al pensarlo como una cualidad abstracta. Es en la convivencia con los otros colores, donde cobra verdadero protagonismo y podemos apreciar su comportamiento.
Esa “vida propia” de los tonos cromáticos aparece en Interaction of Color, obra del profesor de la Bauhaus Josef Albers, con la que comienza el recorrido. El trabajo compila más de 80 ejercicios realizados junto a sus alumnos en los que, a través de recortes de papel, estudia el comportamiento de los colores cuando son sometidos a contraste o superposición entre unos y otros.
En algunos de ellos descubrimos el engaño óptico que se produce en una primera impresión: creemos observar dos tonos idénticos cuando no lo son, o viceversa. De estas combinaciones, acompañadas de anotaciones teóricas, resulta un sofisticado acercamiento a la complejidad y la riqueza de cada color, comúnmente ignoradas.
Ideado como un “aire coloreado” para la inmersión del visitante, Chromosaturation ocupa tres salas blancas interconectadas, iluminadas por focos verde, rojo y azul. Con esta atmósfera, Carlos Cruz-Diez pretendió generar “un espacio donde el color actúa con toda su fuerza sobre la piel, los objetos y las superficies de las paredes del entorno”, mostrando su plena autonomía respecto de la forma.
La exposición continúa con Faroquee & Driscoll, Interference Paintings, una serie que cuestiona la idea del color como propiedad fija de los objetos. Patrones de interferencia circulares crean la sensación de volumen y cambian según nos movemos.
El efecto producido es similar al “color estructural” observable en las alas de las mariposas, por ello se exhiben algunas cedidas por la Facultad de Ciencias.
Otra de las obras es RGB/CMY, firmada por la argentina Karina Peisajovich. Son bandas en la pared que se iluminan y transforman constantemente ante nuestros ojos, fruto de la interacción entre la luz y el pigmento, reflejando el dinamismo inherente al color.
Los Dalton (Miguel Fructuoso, María Sánchez y Miguel Ángel Tornero) completan el proyecto empleando el color como instrumento para hablar de empatía. Una línea compuesta por 30 tramos recorre las paredes de la sala. Cada uno está pintado por una persona daltónica, intentando reproducir el tono utilizado por la anterior. Una vez terminada, el visitante puede observar que los colores elegidos no coinciden en absoluto.
Se pone así de manifiesto la disparidad de percepciones que puede generar algo en apariencia universal como es un color. Extrapolando la moraleja a cualquier otro ámbito vital, con Línea podemos reflexionar sobre cómo lo evidente para uno puede concebirse distinto para muchos otros. Pedro Luis Costa



