El ilusionismo llega al Reina Sofía

El ilusionismo llega al Reina Sofía

El MNCARS abre hoy al público la exposición Magia Natural de la malagueña Leonor Serrano Rivas, una propuesta a medio camino entre lo performativo y lo teatral en el que la artista toma como punto de partida una época concreta: mediados del siglo XVI, momento en el que el método científico, la magia y la filosofía compartieron intereses y procesos comunes. Articulada a lo largo de tres salas del museo, el espectador se sumerge en un tránsito entre lo real y lo imaginado, entre lo sonoro y lo material. La muestra podrá visitarse hasta el 27 de febrero de 2023.

Quizás nunca pensó de niña que, a sus 36 años, Leonor Serrano Rivas (Málaga, 1986) tendría la oportunidad de tener una exposición monográfica en el centro de arte contemporáneo más importante de nuestro país. Cursó sus estudios de Arquitectura y Bellas Artes en Madrid y Londres, ciudad esta última en la que ha residido durante una década y desde donde ha desarrollado buena parte de su trayectoria artística, que la ha llevado a exponer en espacios como el Centro Botín de Santander o Serpentine Galleries en la capital británica. Con todo este bagaje a sus espaldas, ahora muestra al público su última creación, a la que ha titulado Magia Natural.

El proyecto, producido ex profeso para el Programa Fisuras del Reina Sofía, toma como punto de partida la Europa del mediados del XVI, cuando el método científico, la magia y la filosofía compartían procesos, conocimientos e intereses. Esta tríada se articula a su vez a lo largo de tres salas del museo: Espacio 1, Sala de Bóvedas y Sala de Protocolo, interconectadas mediante mecanismos ilusionistas que convierten al espectador en una parte más del proceso creativo. Esta es precisamente una de las características esenciales de su manera de trabajar, la de implicar al espectador –al público– como elemento indispensable para que la experiencia artística alcance su cénit.

A medio camino entre la performance y lo teatral, Serrano Rivas se asoma también a la poesía de Etel Adnan, Federico García Lorca y, sobre todo en este caso, del portugués Goçalo Tavares, del que se ha servido de un pequeño poema, “sobre la relación que tenemos las personas con los objetos y que se articula en torno a los puntos de vista”.

Magia Natural arranca en el Espacio 1 tomando como punto de vista la línea del horizonte con un truco escenográfico dividido en dos actos. Con alusiones claras a la cámara oscura –inventada por los artistas en el XVI– y al mundo onírico, cuenta al principio con piezas giratorias de metal lacado que albergan pequeñas pinturas realizadas al horno en cristales superpuestos con polvos minerales abrasados. Esta alusión “estelar” –en su estricto sentido de la palabra– se complementa con la proyección de la película El Sol está contando las rotaciones de la tierra, donde además de hacer un guiño a su hija Sol, contrapone lo astral contra lo terrenal; lo imaginado frente a lo real.

La Sala de Bóvedas se plantea como una prolongación de lo anterior. El cambio de superficie mural –pasamos de los reflejos murales a la absorción de la luz, aquí, en los ladrillos de las paredes– permite jugar a la artista con un segundo punto de vista, el elevado. Por ello, el haz de luz de la proyección en 16 mm –una alusión directa a la linterna mágica– se pliega para atravesar el muro, para, mediante un juego de reflejos, aparecer sobre una pantalla suspendida sobre el espectador. Podría decirse entonces que, en este espacio, el sonido se convierte en imagen. En la pantalla se proyecta Oir formas (2021), una película carente de edición que remite a algunos fotogramas de El Sol está contando las rotaciones de la tierra y a las placas de vidrio por las que se accede a la exposición. Es, una vez más, una alusión al siglo XVI y la recuperación por parte de Leonor de los primeros trucos para engañar al ojo.

Esta banda sonora que nos guía desde el comienzo de la exposición tiene su cénit en la Sala de Protocolo, el último ámbito de la muestra, donde esta se materializa en imagen, replicada en una partitura para cajas de música. El telar cubre todo el suelo de la habitación y, descalzos, podemos transitarlo, sentirlo, tocarlo. Accedemos así a un doble dispositivo: el del telar de Jacquard, que funciona como traducción fosilizada, estática, de un canto; y de tipo dinámico con las cajas de música amplificadas mediante los palitos de percusión suspendidos que replican la banda sonora de El Sol está contando las rotaciones de la tierra cuando el visitante activa dichas cajas.