El Goya que cambió la defensa del patrimonio en España
No todos los cuadros tienen una historia, algunos tienen una vida propia. Este es el caso de La Marquesa de Santa Cruz, de Francisco de Goya, cuya recuperación marcó un antes y un después en la protección del patrimonio artístico español, tal y como recuerda el Museo Nacional del Prado.
Pintado en 1805, el retrato muestra a Joaquina Téllez-Girón en una escena de elegancia serena, acompañada de una lira con una cruz gamada y envuelta en una atmósfera casi mitológica.
Durante décadas, la obra vivió una auténtica odisea: guerras, cambios de propietarios y decisiones políticas la alejaron de su lugar natural.
Incluso llegó a estar vinculada a uno de los episodios más oscuros del siglo XX, cuando fue adquirida durante la dictadura de Franco con la intención de ser ofrecida como regalo a Adolf Hitler, a través de una carta del Marqués de Lozoya al director del Prado; ya que la cruz gamada de la lira se confundió en su momento con una esvástica. Un plan que nunca llegó a materializarse.
Tras pasar por colecciones privadas y salir de España de forma irregular, el cuadro reapareció en el mercado internacional en los años ochenta cuando el Ministerio de Cultura Español recibió noticias de que se había ofrecido al Museo Getty por 12 millones de dólares, oferta que rechazaron debido a su ilegalidad en el proceso de exportación.
De modo que la pintura regresó a Europa y se mantuvo oculta hasta la celebración de una subasta en Christie’s de 1986 que provocó el inicio de una compleja batalla legal por parte de España para impedir su pérdida definitiva.
El desenlace fue histórico. La subasta se detuvo y el Estado español logró recuperar la obra en 1986, indemnizando a su propietario de entonces, Lord Wimborne. Aquel esfuerzo colectivo –que implicó a instituciones, juristas y empresas– sentó un precedente clave en la defensa del patrimonio cultural.
Con esta evocación, el Museo del Prado rescata ahora la historia de una obra que ha sido instalada de forma permanente en la sala número 38. La pintura de Goya se encuentra acompañada de una de las copias recientemente localizadas.
Esto también reivindica el valor de proteger aquello que define la memoria cultural de una sociedad, obras que forman parte de la identidad cultural común, así como también las copias y falsos existentes dándoles un lugar en la sala número 40 del museo.



