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El espacio soñado de Chillida despierta del letargo

Tras ocho años parcialmente cerrado, el caserío y los jardines de Hernani donde el escultor y su obra descansan, Chillida Leku, vuelven a abrir sus puertas al público, gracias al acuerdo de colaboración firmado entre la familia del autor donostiarra y la galería suiza Hauser and Wirth.


Por fin Chillida Leku abre sus puertas. Sin restricciones, sin disputas políticas y sin horarios reducidos. El público podrá visitarlo diariamente a partir del 17 de abril, cuando se reinaugure oficialmente el centro que siempre fue algo más que un ‘museo’. En realidad es un lugar [“leku”, en vasco] que tiene que ver con la naturaleza, la forja del hierro y la escultura, ejes en torno a los cuales pivotó la vida de Eduardo Chillida (1924-2002).

El autor descubrió este paraíso oculto en Hernani de forma fortuita en 1983. Ese año coincidió con el cónsul de Burdeos Santiago Churruca y, cosas de la vida, compartieron viaje en coche de vuelta al País Vasco. Antes de llegar a Donostia, Chillida dejó a Churruca en su casa de Hernani, ubicada en unos terrenos con un caserío medio en ruinas que fascinó al escultor. “Pili, lo quiero”, dijo entonces el artista a su mujer.

Chillida Leku es un lugar [“leku”, en vasco] que tiene que ver con la naturaleza, la forja del hierro y la escultura, ejes en torno a los cuales pivotó la vida de Eduardo Chillida

El matrimonio tardó poco en adquirir la finca Zabalaga. Les costó más habilitar ese caserío del siglo XVI –que aún mantiene alguna viga original–, pues los trabajos de restauración duraron 15 años. Finalmente Chillida Leku abrió en el año 2000, cuando el artista aún estaba vivo. Funcionó durante diez años, hasta que en 2010 tuvo que cerrar parcialmente, debido a las desavenencias entre las autoridades vascas y la familia. “Fue uno de los peores días de mi vida, sobre todo después de todo el esfuerzo que habíamos hecho”, confiesa ahora Luis Chillida, presidente de la Fundación que gestiona el legado de su padre.

Desde entonces, el Chillida Leku ha permanecido en un leve letargo. El sueño de preservar y difundir el legado del artista, forjado a golpe de martillo y algún que otro golpe más, quedó así relegado a un periodo de hibernación (porque nunca murió del todo, las visitas con cita previa llegaron hasta las 6.000/8.000 anuales).

Hasta ahora. La galería suiza Hauser and Wirth ha venido a despertar esa utopía soñada de Eduardo Chillida, y con ello la revalorización de su obra en el mercado. Aunque los detalles del acuerdo no se han hecho públicos, parece que la reapertura del museo lleva parejo un control exclusivo de los derechos del escultor por parte de la galería, así como la venta de sus obras en todo el mundo.

Se trata por tanto, de un modelo de gestión privada, que pretende situar el centro vasco en lugar de referencia para el estudio y análisis del autor, nombre indiscutible del arte español del siglo XX.

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«En Zabalaga he tratado de hacer un homenaje al espacio, buscando la luz y haciendo visibles las vigas de donde nacieron mis Abesti gogorra», Eduardo Chillida

 

Se inicia así una nueva etapa para Chillida Leku, que desea caminar hacia el siglo XXI de la mano de su directora, Mireia Massagué. La llegada de fondos privados y la actualización de las instalaciones con tienda y cafetería recién estrenada invitan a mirar el futuro con optimismo. Ecos será la exposición inaugural, que durará al menos hasta fin de año. Más de un centenar de piezas participan de esta feliz muestra, comisariada por Ignacio Chillida y compuesta en su mayoría por fondos propios. Un recorrido cronológico por sus Lurras, Óxidos Gravitaciones de materiales tan diversos como granito, alabastro, yeso, papel y, por supuesto, hierro.

A ella se han sumado instituciones como la Fundación BBVA, La Caixa o la Fundación ICO, así como coleccionistas particulares con préstamos excepcionales. Un total de 43 esculturas al aire libre y 60 obras en el interior del caserío rinden homenaje a uno de nuestros autores más internacionales, cuya obra no puede entenderse sin la referencia al espacio y el propio vacío, que trató como un material artístico más.

Decía el artista: “Yo soy como el árbol, con las raíces en un país y las ramas abiertas al mundo». Su tumba y su legado descansan desde hace tiempo en Hernani. Dentro de unos días, por fin, esas ramas van a poder extenderse por cualquier lugar. Ya era hora. Sol G. Moreno

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