El cambio climático a través de los ojos de Martin Parr
La exposición que el Jeu de Paume parisino dedica al fotógrafo británico tras su reciente fallecimiento ahonda en la dimensión documental y reflexiva de su obra, analizando más allá de lo evidente sus icónicas imágenes de playas y colores saturados.
Resulta curioso que uno de los mejores artistas a la hora de reflejar la complejidad, el sinsentido y los desequilibrios de nuestro tiempo no haya sido un autor abiertamente activista, sino un fotógrafo como Martin Parr, a menudo intencionadamente kitsch, hortera y, sin duda divertido, pero también reflexivo y, sobre todo, un gran retratista de nuestro presente.
Es por ello que, a pocos meses de su fallecimiento, París le decida una exposición en Jeu de Paume llamada Global Warming, en la que muestra cómo el mundo ha ido cambiando tras el objetivo de su cámara durante los 50 años que el artista estuvo en activo.
A través de sus imágenes aparentemente graciosas de señoras tostándose al sol con los labios pintados, niños manchándose de helado hasta los codos y gaviotas tratando de robar la comida de los veraneantes, Parr ha capturado tanto los desequilibrios en la temperatura del planeta como los excesos en nuestro estilo de vida, causantes, en gran medida, de estos males.
En 2021, el autor afirmó: «Creo entretenimiento que contiene un mensaje serio si estás dispuesto a leerlo. Pero no intento convencer a nadie; simplemente muestro lo que la gente ya cree saber», reticente a renunciar a la dimensión lúdica de su obra sin negar su profundidad.
Aunque esta exposición parece entender la frase del fotógrafo y hacerse eco de ella, su obra con frecuencia no ha sabido leerse del mismo modo. Quizá por eso ha sido calificada como estrafalaria, divertida e incluso vacía.
De hecho, a pesar de su popularidad y del reconocimiento por parte de instituciones y artistas, a Parr le costó ingresar en la prestigiosa Agencia Magnum. Hubo disputas internas entre quienes creían que su fotografía no estaba a la altura y quienes la consideraban como lo que es: un trabajo llamativo con un trasfondo reflexivo que habla de los principales males y preocupaciones de nuestro tiempo.
Así, su obra trasluce una crítica al consumo de masas, el turismo nocivo del que tanto se habla hoy en día, el uso desenfrenado de los combustibles fósiles, etc.
Todo ello empleando una afilada ironía que, en ocasiones, hace que el espectador sienta compasión por el protagonista de las fotos de Parr, por ejemplo cuando contempla esos michelines o el sudor de las axilas. Ese sentido del humor burlón e incisivo tan típico de los ingleses es inherente al artista británico, aunque no llega a resultar malintencionado, sino más bien inocente, casi enternecedor.
El recorrido de la muestra reúne 180 de sus fotografías, desde sus tomas más icónicas en color hasta sus primeros trabajos en blanco y negro, más rurales, tomados en Inglaterra e Irlanda y mucho más desconocidos. Con todas ellas, que podrán contemplarse hasta el próximo 24 de mayo, se hace evidente que la visión de Parr de su propio trabajo le sobrevive aunque él ya no pueda verlo, y su trabajo funciona como excusa para reflexionar sobre el futuro de nuestro planeta y nuestro nivel de implicación y de acción en un posible cambio. Sofía Guardiola


