Resultó emocionante contemplar ayer el esfuerzo del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, y de todas las personas que lo han hecho posible, la recuperación para las nuevas generaciones del talento de una pintora y dibujante como Rosario de Velasco (Madrid, 1904- Barcelona, 1991), una artista figurativa no demasiado conocida para los aficionados al arte, a pesar de que alguna de sus obras se exponga en la colección permanente del Museo Reina Sofía o del Bellas Artes de Valencia e incluso del Centre Pompidou de París. Y por eso esta exposición, que estará abierta hasta el 15 de septiembre, supone un rescate del olvido y la posibilidad de ahondar a una trayectoria plena de interés de una creadora como ella.
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