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Brassaï, un peatón luminoso que retrató el París de Picasso


El Museo Picasso Málaga exhibe hasta el 3 de abril El París de Brassaï. Fotos de la ciudad que amó Picasso, patrocinada por la Fundación Unicaja, que reúne más de 300 piezas entre fotografías y obras de arte de Picasso y de otros creadores como Bonnard, Léger, Dora Maar, Michaux o Lucien Clergue. La muestra se completa con películas, carteles, programas de espectáculos y otros documentos que nos ayudan a evocar una época tan relevante para la cultura europea como los años treinta y cuarenta del pasado siglo.


Brassaï, pseudónimo de Gyula Halász (1899-1984) fue un fotógrafo húngaro conocido por sus trabajos sobre París, ciudad en la que desarrolló su carrera desde que llegó en 1924 hasta su fallecimiento 60 años después. Durante las tres primeras décadas de su vida en París supo reflejar una ciudad con sus luces y sus sombras, confiriendo a sus imágenes una gran carga poética de un artista  prolífico, capaz de fijar con su mirada rincones junto al Sena y Nôtre Dame, la vida en los mercados, los ambientes nocturnos, pero también la vida intelectual, artística y literaria del período de entreguerras de esas décadas caracterizadas por la irrupción de un talento inolvidable.

Esta ambiciosa exposición subraya la amistad y relación profesional que Brassaï mantuvo con Pablo Picasso, quien consideraba al fotógrafo húngaro como el mejor fotógrafo de su obra y uno de los más grandes del siglo XX, no hubiera sido posible sin la colaboración del Estate Brassaï succession, Paris; del Institut Français, Sevilla; y del Musée national Picasso-Paris, junto a préstamos del Centre Pompidou, Paris; Colección Abelló, Madrid; Collection La Cinémathèque Française; Fundació Museu Picasso de Barcelona; Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte – Faba; IVAM Institut Valencià d’Art Modern; Düsseldorf; Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid; y Museum Ludwig Kóln, entre otras instituciones y colecciones privadas.

El universo fotográfico de Brassaï ligado a París, ciudad inspiradora para él, fue ir descubriendo los matices sociales de una gran ciudad como la capital francesa y el dinamismo que tenía en ese período. Supo hacer una cartografía de su arquitectura pero siempre con la medida de las gentes que habitaban la metrópoli, explorar barrios de día y de noche, y mostrar como testigo privilegiado y concernido el talento creativo y sus protagonistas con sus fotografías, pero no solo porque también hizo esculturas, dibujos y películas.

Los organizadores de la muestra han estructurado el recorrido en cuatro secciones, en las que se van relacionando el cine, las artes visuales, la literatura y la música con las fotografías de Brassaï. Y se inicia con una introducción del creador húngaro y su particular modo de ejercer la libertad de expresión, continúa con la vida cotidiana en el París diurno, sigue con ese viaje a la noche parisina con sus sombras, subrayando el misterio, la melancolía de sus calles y las personas que las habitan, y concluye con ese encuentro profesional y personal que mantuvo con Pablo Picasso, que muestran trabajos de ambos creadores.

Brassaï tuvo tu primer contacto con París a los tres años porque su padre fue profesor de literatura de La Sorbona. Luego regresó a Budapest y allí estudió en la Academia de Bellas Artes. Tras la Gran Guerra se marchó a Berlín en 1920 donde trabajó como periodista y siguió formándose en la Universidad de las Artes. Luego de desplazó a la capital francesa cuatro años más tarde para convertirse en «el ojo de París» como le definió el escritor norteamericano Henry Miller. Y allí encontró la complicidad de escritores como Miller, Jacques Prévert o León-Paul Fargue y se decidió a captar instantes poéticos del día y la noche en la metrópoli francesa.

La Gran Depresión económica y social tras el crack de 1929 marcó gran parte de la década de los años treinta, lo que conllevó el empobrecimiento de millones de personas en las dos orillas del Atlántico y la irrupción en Europa de movimientos políticos totalitarios que condicionaron la vida en esos años por los conflictos bélicos que ya se avecinaban, lo que influyó en la vida artística y literaria. París todavía en esos años atraía el talento de artistas, escritores e intelectuales, junto a marchantes, porque todavía ofrecía una atmósfera de libre expresión y mayores posibilidades económicas en torno a estos creadores.

En ese contexto se enmarca el trabajo fotográfico de Brassaï y su fuerza para  construir un concepto de la imagen que muchos tenemos de la vida parisina, en especial del universo artístico, social e intelectual. Radiografió con rigor, no exento de poesía, cómo latía la vida en la ciudad diurna y nocturna, captando el resplandor creativo con sus protagonistas y las sombras con seres anónimos a los que su mirada dignifica, en un período que sufrirá grandes transformaciones junto a las exposiciones internacionales del principio del siglo XX o la muy conocida de 1937, junto a su amigo Pablo Picasso.

Brassaï publicó su libro Paris de nuit en 1932 con imágenes en las que fija con un sutil juego de luz y sombra tanto los edificios y calles pero también esas nieblas o las farolas de gas para legarnos insólitas imágenes de la belleza y enigma que encierra la noche, siempre en blanco y negro, lo que muestra un París evanescente, alternativo con la vida en los lupanares, pero también de la alta sociedad y de sus intelectuales.

Precisamente su cercanía a los círculos creativos en el primer tercio de los años treinta hizo que pudiera conocer entre 1932 y 1933 a los talentos vanguardistas del momento, tanto por el auge del surrealismo en Francia, que consideraba que la fotografía propiciaba el desdoblamiento simultáneo de la personalidad poética como sujeto y objeto. Por un lado, las imágenes captadas por Brassaï  revelaban la misma atracción hacia el universo onírico que expresaban los surrealistas (sus series dedicadas a los grafitis denotaban su interés por el carácter maravilloso del hallazgo fortuito y el mundo primitivo), pero él siempre negó su pertenencia a este movimiento.

Sus fotos se inscriben dentro de la tradición realista, sabía condensar la atmósfera de un momento sin incurrir en la foto documental con ejemplos de retratos a los grandes artistas como Picasso, Giacometti, Dalí, y escritores como Genet y Michaux, a los que extraía con precisión rasgos de su personalidad.

Además de captar a los vanguardistas, a Brassaï como peatón le atraía que su cámara diseccionara todo ese conjunto de dibujos, garabatos y señales registrados en las paredes de París. Y así fue atrapando con su cámara signos y huellas anónimas de la cultura urbana, a veces calificadas por él como «arte maldito», que años después recogió en su libro Graffiti (1961), un término no acuñado hasta los años ochenta.

Picasso a lo largo de su vida tuvo relación con los mejores fotógrafos de su tiempo, y entre ellos con Brassaï, con quien mantuvo una fecunda amistad, fruto de la admiración mutua. Ambos tenían una gran capacidad como observadores y les gustaba coleccionar objetos extraños y sabían valorar el arte primitivo y el Art Brut. Brassaï fue testigo privilegiado de los diferentes estudios de Picasso, de la relación familiar del pintor y de los amigos, e incluso llegó a publicar un libro de extraordinario interés, Conversaciones con Picasso (1964), que incluía textos y más de 50 instantáneas que recrean la atmósfera en la que Picasso era el epicentro del arte del siglo XX. Brassaï era un peatón luminoso que nos ilustró con su magia de un período fecundo para el arte y la cultura.

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