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Presentado en el Prado el retrato de Federico de Madrazo donado por Alicia Koplowitz

Josefa del Águila Ceballos, luego marquesa de Espeja, de Federico de Madrazo fue presentada ayer en el Museo del Prado tras su restauración. Donada por Alicia Koplowitz, fue adquirida por la propia empresaria para ser regalada al museo madrileño.    


Aunque el Museo del Prado posee más de 80 telas del maestro, no contaba con ningún retrato femenino de cuerpo entero perteneciente a la década de 1850. La gran calidad de la obra y su reciente restauración en el propio museo -también de su magnífico marco- han permitido que ocupe uno de los espacios destacados de la sala 62 B del edifico Villanueva.

El presidente del Real Patronato del Museo del Prado, José Pedro Pérez-Llorca; su director Miguel Falomir; Javier Barón conservador de pintura del siglo XIX del museo, y Almudena Ros, conservadora de la colección de Alicia Koplowitz presentaron ayer el retrato de Josefa del Águila y Ceballos Alvarado y Álvarez de Faria, (San Sebastián, 16 de febrero de 1826- Madrid, 26 de diciembre de 1888) de Federico de Madrazo, donado por la empresaria a la pinacoteca madrileña. Casada en 1850 con José María Narváez, II vizconde de Aliatar y años después II duque de Valencia, tenía veintiséis años cuando, según la fecha del lienzo, fue pintada.

Alicia Koplowitz compró la tela a la madrileña galería Caylus por 300.000 euros, y procedía directamente de los herederos de la retratada. El cuadro pertenece al periodo de mayor calidad de Madrazo que inmortalizó a muchos de los más relevantes personajes de la realeza, la aristocracia y alta sociedad de la época.

Su estilo se caracterizó por la sencillez y naturalidad con la mostraba a los personajes. Siempre con una serenidad distante, sin profundizar en lo expresivo, en esta ocasión retrata a la futura marquesa de Espeja con un exquisito traje de encaje lleno de texturas y matices donde juega con toda la gama de blancos, desde los pliegues de la falda y los flecos del manto, hasta el collar perlado o el tocado de plumas. Al fondo, a la izquierda, una balaustrada y una ánfora clásica –pintados con tonos semejantes– dirigen la mirada hacia el exterior, donde hay un jardín habitado por un pavo real.

Aunque la obra se encontraba en buen estado, ha sido necesario que pasara antes de su presentación por el Gabinete de Restauración del museo, donde también ha sido intervenido su excepcional marco isabelino original.

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