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ABANCA presenta su colección de Surrealismo en el Thyssen

 

El museo madrileño ha habilitado una de sus salas para albergar 13 obras del fondo artístico del banco. Entre ellas destacan obras maestras de Dalí, Chirico, Max Ernst y Maruja Mallo entre otros.


En 1919 André Bretón concibió el Surrealismo a raíz de una imagen durante una pesadilla nocturna de un hombre partido en dos por una ventana. Desde ese momento la chispa del Surrealismo corrió por el mapa con una importante manifestación en España. Chirico lo entendía como “la belleza en la arbitrariedad”, Max Ernst como “La unión entre en mundo interior de los sueños con el exterior de la realidad”, Miró quiso asesinar la pintura y Dalí representaba su universo de obsesiones.

La muestra reúne 13 obras de 10 artistas diferentes que resumen e ilustran todas las vertientes de este movimiento revolucionario. En ella, el referente español cobra un obvio protagonismo. Dalí tuvo una fuerte influencia en las vanguardias hasta convertirse en un representante mundial de la tendencia. Uno de los artistas expuestos en la sala es el gallego Urbano Lugrís, en cuya obra Principio y fin (1973) se aprecia perfectamente la inspiración daliniana, aunque también hay reminiscencias de El Bosco.

El ejemplo más relevante de Dalí, que da portada al catálogo, es la obra Les roses sanglantes, 1930. En ella refleja un escenario del deseo. En primer plano, una mujer desnuda se ofrece a la mirada. Como en otros se sus cuadros, la representación del deseo va acompañada de la idea de culpabilidad o castigo. La pulsión sexual claramente se representa a través del cuerpo femenino desnudo, y la amenaza de culpabilidad y ansiedad se hace presente en el lienzo con la sombra de la derecha que acecha la escena. Las rosas del vientre de la mujer pueden representar esto mismo, la belleza de la rosa y el dolor de sus espinas. La cartela explicativa junto al cuadro también habla de una posible relación con una enfermedad ginecológica de Gala.

Otra de las piezas que tiene considerable interés es la de Max Ernst. Vasos comunicantes (1923) hacen resumen de su percepción del Surrealismo. Para Ernst este movimiento habla del universo de los sueños, y en es pintura simboliza el mundo real y el mundo interior con estos dos vasos que comunican. Es apreciable el dominio de una planta sobre la otra que incluso invade el interior del vaso contrario.

Por otro lado cabe destacar Tête d’homme III de Miró. Otra de las piezas clave. Esta trasciende las formas establecidas en la pintura para entrar al campo de los símbolos y adapta de forma magistral ese automatismo de la escritura surrealista. En línea con este maestro se exponen creaciones de Matta, Wifredo Lam, Maruja Mallo, Eugenio Granell y Óscar Domínguez.

 

Hasta el 27 de enero de 2019.

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