Luis Javier Gayá en The Romanach
La galería madrileña ha dedicado una exposición individual al pintor titulada Lenguajes en construcción, que muestra por primera vez de manera conjunta sus paisajes industriales realistas con sus creaciones más tendentes a la abstracción. Se puede visitar hasta el próximo 28 de octubre.
Lenguajes en construcción reúne una veintena de obras del artista Luis Javier Gayá en torno a dos maneras de entender la pintura: la edificación realista y el paisaje de la abstracción. Arquitectura, memoria y tiempo vertebran una selección en la que Gayá agrupa sus trabajos sobre la construcción y la arquitectura industrial. Los cuadros abstractos completan el conjunto y permiten entender de forma visual cómo construye el pintor su propia obra.
La galerista Almudena Basabe, directora y fundadora de The Romanach –que también ha comisariado la exposición–, propone una lectura alternativa de su obra en la que los paisajes industriales se encuentran en un tiempo indefinido e intermedio, que pone en relación la ruina con el edificio en construcción y en el que los elementos no son estáticos, sino que evolucionan constantemente.
La arquitectura industrial es testigo de unos «no lugares»: espacios en ruina, llenos de misterio, que ya no son nada pero sí lo fueron, o edificios en construcción, que aún no son nada pero lo serán. Habitantes de un limbo material, congelados en el tiempo, donde coexisten múltiples realidades.
Estructuras metálicas, obras a medio levantar y vistas de una ciudad en plena transformación introducen el mundo actual en su pintura, y de ahí nace la tensión entre lo que permanece y lo que está sucediendo: los edificios son, en el fondo, la excusa para pintar el tiempo.
Algunas de las obras más imponentes, como El castillo –que resulta ser la Torre Caleido, sede del IE, durante su construcción– se acompañan de frisos de inspiración clásica, en los que un sinfín de figuras se agolpan como si estuviesen preparándose para combatir un ejército de centauros.
Una inspección más cercana permite darse cuenta de que en realidad son hombres y mujeres ataviados a la manera del siglo XIX, en una hibridación que la arquitectura contemporánea a la que rodean acaba de traer al presente.
Los elementos se descontextualizan unos a otros para crear nuevas capas de significado. Lo mismo hacen las bandas epigráficas y otras referencias escultóricas, que funcionan como una segunda lectura de la imagen: no son adorno, sino una conversación entre épocas que invita a ver el edificio actual a la luz de la Antigüedad.
También la combinación de Foro Itálico, una vista creada ex profeso para esta exposición, con una de las obras abstractas produce ese juego. La comparación permite adivinar que, detrás de la aparente desconexión, lo que hay es la misma idea en dos momentos temporales distintos (en otro juego de dislocación).
Las composiciones geométricas no son sino paisajes realistas en una fase previa de ejecución. La elección de Gayá de no continuar con su creación –con toda la carga referencial que pueden tener las obras inacabadas, tanto en semiótica como en historia del arte– da como resultado algo complementario, pero totalmente distinto.
Parten de los elementos esenciales de la pintura –línea, color, materia, ritmo– para dejar al descubierto la estructura que ordena la perspectiva y que de ordinario pasa inadvertida. Así, lo figurativo y lo abstracto dejan de ser caminos paralelos y se convierten en dos lenguajes que se alimentan mutuamente, como anuncia el título.
Esa mirada contemporánea se apoya en una sólida formación en dibujo, perspectiva, luz y estructura espacial, y en un respeto por el oficio: Gayá muele sus pigmentos, crea sus óleos y acrílicos y vuelca todo su conocimiento de la arquitectura y la escultura clásicas en sus obras.
Nacido en Madrid, estudió dos años en la Escuela Superior de Arquitectura antes de pasar a Bellas Artes en la Complutense, donde se licenció en Restauración en 1987 y en Pintura en 1988, y donde también llevó a cabo su doctorado. Desarrolló su investigación en grabado en Madrid y Venecia, y ha trabajado y vivido por temporadas entre Madrid y Roma.
Desde 1996 forma parte de la Escuela de Pintores Figurativos de El Escorial y en el 2000 fue uno de los premiados con la beca de la Real Academia de España en Roma y la Beca Fortuny en Venecia. Su obra se encuentra en colecciones de varios ministerios, en la propia Academia de Roma, la Biblioteca Nacional y la Colección Mapfre. Lenguajes en construcción puede visitarse en The Romanach hasta el 28 de octubre.



