Siena también fue renacentista
La Frick Collection de Nueva York, que reabrió sus puertas el año pasado, prepara una ambiciosa exposición que dará a la ciudad rival de Florencia el mérito que se le ha negado en su papel como impulsora del lenguaje renacentista en escultura. Concretamente, se reunirán 40 piezas de bronces, algunas de ellas fuera de la Toscana por primera vez en su historia.
Siguiendo el éxito que la National Gallery de Londres y el Metropolitan de Nueva York cosecharon con la exposición Siena: el surgimiento de la pintura, 1300-1350, la Frick Collection se ha propuesto la difícil tarea de reivindicar un momento más desconocido y denostado de la producción artística de la ciudad toscana.
Mientras que siempre se ha reconocido a Siena como una potencia cultural en los últimos años del medievo –tal y como exploraba la citada muestra–, su papel en el primer siglo del Renacimiento ha puesto en duda.
Tradicionalmente, se ha considerado que fue Florencia, la ciudad vecina –y como suele ocurrir con quienes viven cerca, rival–, la que lideró los avances técnicos y estéticos en el quattrocento. Pero la Frick está decidida a subvertir nuestras expectativas.
El día 15 de octubre la institución –que reabrió el año pasado después de una extensa renovación– inaugurará Siena: el arte del bronce, 1450-1500, una exposición en la que reunirá 40 esculturas que demuestran que la ciudad también se sumó al espíritu aventurero de los artistas de la época.
Entre los prestatarios se encuentran el Museo Nacional del Bargello de Florencia, el Museo Nacional de Capodimonte de Nápoles, La Galería Nacional de Umbria en Perugia, el Museo Diocesano Albani de Urbino y el Museo Cívico de Siena.
Un nutrido grupo de instituciones que no acostumbran a ceder según que piezas; de tal manera que bastantes de las obras que viajarán a Nueva York –estatuas, relieves, candelabros, medallas…– saldrán de la Toscana por primera vez en su historia.
No es la primera vez que la Frick acoge una exposición centrada en el bronce –como atestiguan Bronces europeos de la Colección Quentin, en 2004; Antico: la edad de oro de los bronces renacentistas, en 2012; Bronces renacentistas y barrocos de la Colección Hill, en 2014, y la más reciente Bertolo di Giovanni: el Renacimiento de la escultura en la Florencia de los Medici, en 2019–, un material fundamental para comprender la escultura del pasado debido a su belleza y versatilidad; además de fiel reflejo del desarrollo tecnológico de una región.
No es ningún secreto que, tras la caída del Imperio Romano de Occidente, los talleres fueron olvidando los entresijos de técnicas para crear obras de bulto redondo de grandes dimensiones, como la cera perdida. Los pocos ejemplos de la Antigüedad que han sobrevivido siempre se consideraron obras maestras en la cúspide de su disciplina.
El siglo XV fue fundamental en la recuperación de esa tradición y Siena también fue un testigo privilegiado. Así lo demostrarán las piezas de autores de primera línea como Donatello, Vecchietta y Francesco di Giorgio, que ha conseguido reunir Giulio Dalvit, conservador asociado de la Frick, organizador de la muestra y autor del catálogo que la acompañará.
«Entre 1450 y 1500, en muy pocos lugares de Italia las tradiciones artísticas locales dependieron tanto de un único medio como lo hizo Siena del bronce. Sin embargo, la ciudad toscana ha sido celebrada principalmente por su pintura», explica Dalvit.
Siena: el arte del bronce, 1450-1500 promete ser una celebración del material, sus artificies y un contexto pasado por alto hasta ahora. Se podrá visitar del 15 de octubre al 18 de enero.


