La pasión por el fútbol según Annie Leibovitz
Casa de México acoge México 86. El mundo unido por un balón, una serie de fotografías realizadas por Annie Leibovitz que aúnan deporte, cultura e identidad colectiva. La propuesta, que se enmarca dentro de PHotoESPAÑA 2026, representa el espíritu del pueblo mexicano de hace 40 años, ademas de documentar el Mundial de aquella vez.
Recordar la Copa Mundial de fútbol de 1986 es sinónimo de un nombre y un salto que ha quedado para la historia: la pícara y polémica “mano de Dios” de Maradona, y la consecuente victoria de la albiceleste celebrada como una dulce venganza, más allá de lo deportivo, que elevó a Diego a icono de la nación argentina.
No obstante, el torneo ofreció otras particularidades dignas de recordar. Fue la segunda edición celebrada en México –circunstancia que enlaza con la actualidad del disputado hace ahora un mes– y la primera vez que las cámaras cubrían el repertorio visual del evento, dejando atrás los tradicionales dibujos y carteles.
Precisamente coincidiendo con la tercera Copa Mundial que el país ha albergado –esta vez junto a Canadá y Estados Unidos–, Casa de México presenta una exposición comisariada por Héctor Orozco y compuesta por 13 fotografías que recuerdan el icónico trabajo visual hecho entonces.
La encargada de aquella tarea fue nada menos que Annie Leibovitz, autora ya consagrada por sus portadas para Rolling Stone y sus famosos retratos de estrellas del rock y del cine. Ganó aún más renombre cuando dio la vuelta al mundo esa íntima imagen suya de Lennon desnudo, acurrucado junto a Yoko Ono, durante una sesión realizada escasas horas antes de su asesinato.
Volviendo a su trabajo en el Mundial de 1986, en aquella ocasión quiso gestar imágenes complejas y reveladoras. Después de viajar por el país durante meses e impregnarse de la cultura mexicana, la artista quedó asombrada ante las numerosas canchas que esconden sus territorios y la importancia del fútbol en la vida cotidiana de sus gentes.
Por ello decidió abordar el pasajero evento deportivo desde el sostén de la tradición milenaria, con el cuerpo y el esférico en primer plano. Su línea de inspiración y trabajo era en apariencia sencillo: “Mi idea era que hubiera tres elementos en cada escena: el hombre, la pelota y la tierra”.
Con esa simpleza de medios el resultado es una estética pulcra. Un genial juego de luces y sombras que confiere al deporte la gravedad propia de un rito sagrado.
Al llegar al país trajo consigo únicamente dos modelos atléticos, cuyos cuerpos, a torso desnudo, aparecen envueltos por la inmensidad de poderosas explanadas y la fuerza primitiva de monumentos antiguos.
Los históricos sitios arqueológicos de Chichén Itzá, Teotihuacán y Tula figuran entre los escenarios escogidos por Leibovitz para conectar el fútbol con la herencia viva de viejas civilizaciones que habitaron las mismas tierras.
En algunas de las imágenes vastos paisajes acogen la figura del futbolista a veces en posturas bruscas, otras en gestos propios del juego, casi siempre ocultando su rostro, priorizando la sensación de movimiento del gesto esforzado.
Una de ellas, que muestra la enorme sombra de un jugador proyectada sobre los Atlantes de Tula, terminó por convertirse en el cartel oficial del Mundial de hace 40 años.
Pero esta no sería la única vez que la autora estadounidense se adentrara en el mundo del fútbol para brindarnos imágenes memorables. Cinco años antes fotografió a Pelé y, a comienzos de la presente década, fue la artífice de la publicidad para Louis Vuitton que reunió a Messi y Cristiano Ronaldo en una partida de ajedrez, midiendo cara a cara a los dos máximos exponentes del fútbol moderno.
Además, con motivo de este último campeonato ganado por España, la autora ha presentado Fútbol 2026, un trabajo expuesto en el Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México donde retrata a muchos de los futbolistas más destacados del encuentro. Nos encontramos, por tanto, en el contexto ideal para retornar a sus fotografías de 1986, con las que consiguió plasmar el amor de un país por un deporte uniéndolo con sus raíces culturales. Pedro Luis Costa




