Recuperadas dos de las cuatro tablas del robo en Messina
La noche del 15 de agosto una banda criminal entró en el Museo regional siciliano para sustraer tres piezas de un políptico de Antonello da Messina y una cuarta tabla suya protegida por una vitrina. ¿Cómo pudo ocurrir? ¿Burlaron las alarmas o hubo negligencia por parte del centro? Estas son algunas de las preguntas que se hacen los Carabinieri mientras celebran el ‘olvido’ de dos de estas pinturas justo a las puertas del edificio expoliado.
Una recuperación, un robo y un despiste. Ese podría ser el titular que mejor describa lo que ha ocurrido en el mundo del arte en Italia durante las últimas 72 horas. El país no gana para sustos y buenas noticias, celebraciones y críticas furibundas que se han sucedido por igual durante este fin de semana. Si por un lado hay que felicitarse por el rescate de esos tres cuadros robados hace meses en Parma y ahora devueltos a su hogar, por el otro tenemos que lamentar un nuevo hurto, esta vez en Messina.
Y todo en tiempo récord: apenas tres días. Tales coincidencias nos hacen preguntarnos sobre la seguridad de los museos del país vecino, que en el último año ha sufrido ya dos robos. El primero sucedió el pasado marzo, cuando la Fundación Magnani-Rocca vivió la noche del 24 su peor pesadilla.
Entonces unos encapuchados entraron por la ventana y se hicieron con tres obras valoradas en casi 10 millones de euros en un abrir y cerrar de ojos. Tres minutos bastaron para descolgar Peces de Renoir, Naturaleza muerta con cerezas de Cézanne y Odalisca en la terraza de Matisse.
Como el saqueo quedó grabado por las cámaras de la institución, los Carabinieri consiguieron seguir la pista de la banda moldava que lo perpetró y recuperar la totalidad de las obras en casa de uno de los sospechosos. Final feliz, por tanto, para una historia que el viernes escribió su último capítulo. Lo cierto es que la alegría y la euforia duraron poco. Pues no habían pasado ni 24 horas cuando las autoridades italianas recibieron el parte de un segundo robo; esta vez en Messina, ciudad natal de uno de los artistas del momento: Antonello, que en febrero revolucionó el mercado del arte cuando el Ministerio de Cultura italiano adquirió la última obra maestra del artista en manos privadas por nada menos que 12,5 millones de euros.
Aprovechando el festivo nacional de la Asunción de la Virgen –Ferragosto–, otra banda o quién sabe si la misma para insistir en su empeño por atacar los templos culturales del país y como represalia a las actuaciones policiales recientes, entró en el Museo Regional Accascina de Messina para sustraer cuatro de sus tesoros más preciados.
Tres formaban parte del Políptico de San Gregorio pintado por el autor del Quattrocento en 1473. Es un conjunto que en origen tuvo seis paneles, aunque en la actualidad solo se conservan cinco de ellos. ¿Por qué los ladrones solo se interesaron por los tres inferiores de la Virgen con el Niño, San Gregorio y San Benito? Eso es un misterio.
También robaron una Virgen con el Niño del mismo autor, en cuyo reverso aparece un Ecce Homo. Una tablita adquirida por el gobierno regional siciliano en Christie’s hace 23 años que se exponía dentro de una vitrina con su propia seguridad. Eso poco importó a los ladrones, que no tuvieron problemas en abrirla y hacerse con el botín.
Igual que en Parma, los hechos ocurrieron con nocturnidad y alevosía, durante una de las noches más festivas de Italia (en Messina en concreto, justo cuando decenas de devotos asistían a la tradicional procesión de La Vara). Y aunque al principio se especuló con que las alarmas del museo estuviesen apagadas, eso es algo que su directora, Marisa Mercurio, ha negado categóricamente.
Quizá eso explique el incomprensible descuido de los ladrones que, después de comportarse de modo tan profesional, olvidaron dos de las tablas robadas a las puertas del edificio. Como unos principiantes. O como premio de consolación, porque lo que apareció apoyado sobre la fachada del museo no fue la tabla principal de la Virgen con el Niño, sino las escenas laterales de San Benito y San Gregorio, muy mal conservadas.
Las autoridades barajan la hipótesis de que el robo de Messina podría ser por encargo de alguien con intención de vender las obras en el mercado negro, pues piezas de este calibre difícilmente podrían venderse por los cauces legales. Pero la realidad es que cualquier pintura de Antonello en el mercado sería una excepción, ya que apenas se conservan 40 (la mayoría en manos públicas).
Veremos si las dos escenas religiosas que faltan se recuperan con facilidad y no permanecen en paradero desconocido durante décadas, como sí ha ocurrido con el Ecce Homo del mismo autor robado en 1974 del Museo Broletto de Novara, que todavía no se ha recuperado.
Lo que no se puede negar es que episodios como este y otros similares ponen de manifiesto la necesidad de endurecer la seguridad en los museos europeos, donde parece que se ha perdido el miedo a robar obras de arte. Ya sean joyas, como las sustraídas del Louvre hace diez meses a plena luz del día, o pinturas, como ha ocurrido en Parma y Messina. Sol G. Moreno



