Éxito de la mayor retrospectiva de Brancusi en 50 años
La Neue Nationalgalerie de Berlín acoge la exposición más ambiciosa sobre el escultor gracias a la colaboración con el Centre Pompidou, depositario de gran parte de su producción y de su estudio. La muestra, que está batiendo récords de visitantes, aún se puede visitar hasta el 9 de agosto.
El icónico edificio diseñado por Mies van der Rohe –el mismo que recibió críticas por ser un museo «sin paredes» y que acaba de rehabilitarse por el estudio David Chipperfield, tal y como se publicó en ARS Magazine–, sede de la Neue Nationalgalerie en Berlín, acoge la exposición retrospectiva más ambiciosa desde hace medio siglo del «fundador de la escultura moderna» (tal y como lo describe la institución).
Brancusi –comisariada por el director del propio museo, Klaus Biesenbach, y por Ariane Coulondre y Valérie Roth, conservadoras del Centre Pompidou– ha reunido más de 150 obras entre las que se encuentran algunas de sus piezas más relevantes, como Musa durmiendo, El beso, Pájaro en el espacio y Columna infinita.
El público también podrá encontrar una reconstrucción del estudio del artista –el lugar en el que no solo creaba, sino en el que residía y exponía su obra– que donó al Pompidou de París y que sale de Francia por primera vez en su historia.
La exposición ha sido posible gracias a la colaboración entre la Neue Nationalgalerie y el Centre Pompidou de París, cuya sede cerró a principios de este año para acometer trabajos de restauración en el edificio y que –como contó a ARS Magazine su director, Xavier Rey– va a aprovechar los próximos cinco años rotando su colección por distintas instituciones (tanto dentro como fuera del paraguas de la marca Pompidou, como es el caso de Berlín).
La escala de este proyecto de colaboración internacional ha valido el apadrinamiento del presidente de la República Federal Alemana, Frank-Walter Steinmeier, el presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron y el presidente de Rumanía –país de origen de Brancusi–, Micusor Dan.
Y, aunque en la presentación de la muestra el pasado marzo, se mencionó lo poco familiarizado que estaba el público general con la obra del escultor, las cifras de visitantes a una semana de su clausura dejan pocas dudas acerca de su rotundo éxito. La Neue Nationalgalerie calcula que el 9 de agosto habrán visitado la exposición más de 300.000 personas.
Todo esto en un año en el que Brancusi ha sido noticia también en el sector de las subastas, con el busto Dánae marcando un nuevo récord para el artista: 107,6 millones de dólares. Una cifra que se puede poner en relación con un mercado que vuelve a estar muy caldeado, como evidencia que el autor casi haya duplicado su valoración en menos de una década: en 2017 una versión de Musa dormida se remató por 57 millones de dólares.
Un resultado que, como bien dice Gregorio Cámara en su crónica del presente número de ARS Magazine, nadie debería poner en relación con el vídeo promocional publicado por la casa de subastas en el que se ve a Nicole Kidman tratando de seducir al bronce.
Brancusi, que nació en una familia de ganaderos en la región de Valaquia y que pudo escapar hacia un futuro de pura creación, ejemplificó la contenciosa relación de los artistas del siglo pasado con la tecnología y el avance humano (divididos muchas veces entre la fascinación por la máquina y el horror por la destrucción que llevaba asociado).
Es famoso el pasaje de su vida en el que, acompañado de Duchamp y Léger, visitó una exposición de aeronáutica en el Grand Palais en 1912 y declaró que la hélice era la forma perfecta hacia la que debía gravitar la escultura. Toda su trayectoria se puede comprender como un ejercicio de simplificación desde la figuración hasta una casi completa abstracción.
2026 es por tanto un punto cumbre para el reconocimiento póstumo, tanto a nivel económico como académico, de uno de los escultores más brillantes del siglo XX. Uno de esos creadores que llevó su disciplina hasta sus últimas consecuencias y que la dejó huérfana al morir.




