El ‘otro’ Bécquer conquista el Prado

El ‘otro’ Bécquer conquista el Prado

El museo madrileño organiza la primera exposición dedicada en exclusiva al pintor Valeriano D. Bécquer, al reunir en la sala 60 los ocho cuadros que componen su serie más famosa sobre los usos y costumbres españolas.

Valeriano D. Bécquer. El baile. Costumbres populares de la provincia de Soria. Óleo sobre lienzo. 1866. Museo Nacional del Prado, Madrid.

Ha compartido protagonismo con su hermano durante prácticamente toda la vida, pero ya le tocaba imponerse al poeta. El pintor Valeriano Domínguez Bécquer conquista el Prado por derecho propio y ocupa una sala entera de la pinacoteca.

El programa “Almacén abierto”, que desde hace un tiempo se dedica a propuestas monográficas, reúne por vez primer los lienzos y tablas realizados por el artista bajo el patronazgo del Museo de la Trinidad. Le acompañan un par de dibujos preparatorios y varios documentos manuscritos con detalles sobre el desarrollo y significado de dicho conjunto.

En 1864 Bécquer recibió el encargo de pintar unos cuadros relacionados con el costumbrismo popular y el folclore de la Península. Entonces viajó por diferentes ciudades, tomando nota de fiestas, trajes regionales y prácticas locales definitorias de cada provincia, igual que haría más tarde Sorolla para la Hispanic Society of America de Huntington.

Llegó a trabajar en tres ciudades principalmente: Zaragoza, Soria y Ávila, donde inmortalizó escenas campestres en el Moncayo, peregrinaciones como las del santuario de la Virgen de Sonsoles o la danza en el pueblo de Villaciervos; siempre desde un punto de vista idealizado, siguiendo los cánones del Romanticismo.

Cuando el Museo de la Trinidad se disolvió, sus fondos pasaron a formar parte del Prado, que atesoró las obras en su colección del siglo XIX. Sin embargo el conjunto se dispersó en 1877. Con la llegada de los centros provinciales, parecía lógico pensar que cada una de las pinturas se depositase en los respectivos lugares donde se pintaron. De modo que en Madrid solo quedaron tres de las ocho pinturas del ciclo, aunque solo una –El baile. Costumbres populares de la provincia de Soria– se expuso en sala (e incluso este cuadro quedó condenado a los almacenes tras la pandemia).

Valeriano D. Bécquer. La fuente de la ermita (Costumbres del valle de Amblés en la provincia de Ávila). Óleo sobre lienzo. 1867. Museo Nacional del Prado, Madrid.

Ahora se reúnen de nuevo en una única sala, concretamente la 60 de la primera planta del Edificio Villanueva. El Prado ha levantado temporalmente varios de sus depósitos para mostrar de forma inédita la serie completa, que es uno de los mejores ejemplos de pintura costumbrista del siglo XIX español.

Valeriano D. Bécquer (1834-1870): Los cuadros de costumbres recuerda así su trabajo desarrollado entre 1866 y 1867, cuando el pintor recibió una pensión de gobierno de Luis González Bravo para llevar a cabo un periplo por las zonas rurales más escondidas del país e inmortalizar pictóricamente tradiciones que estaban desapareciendo.

Este fue un encargo cuyo resultado se entregó en tres fases, el mismo número que provincias representadas. Cada ciclo poseía diferentes dimensiones, aunque todos tienen en común su escala media; porque Bécquer era “un pintor de pequeño formato”, según Pedro Martínez Plaza, comisario de la muestra.

Valeriano D. Bécquer. El presente. Fiesta mayor en Moncayo (Aragón), la víspera del santo patrono. Óleo sobre lienzo. 1866. Museo Nacional del Prado, Madrid.

Por eso, para apreciar en su totalidad estas obras, es preciso acercarse bien y recrearse en los detalles: la cantidad de gestos en Interior de una casa de Aragón, la nariz roja por el frío del personaje infantil de El baile de Soria o el plato de delicias que ofrece la hija del alcalde en El presente el día de la víspera del patrón en la Fiesta Mayor del Moncayo.

También el arma del alabardero, que tras la restauración del cuadro luce como nueva, los restos de tabla de Un leñador soriano o la manera de representar el hilo en el personaje de Burgo de Osma.

Durante el proceso, el pintor dejó decenas de dibujos y bocetos preparatorios, muchos de los cuales fueron fotografiados y grabados. Aunque muchos se han perdido, la abundante documentación registrada por el propio Valeriano no hace sino completar con explicaciones el significado de las piezas.

Prácticas folclóricas hoy casi olvidadas como el paloteado en el Moncayo, que aúna danza, teatro, música, sátira y Patrimonio Inmaterial, pueden descubrirse hasta el 4 de octubre en el museo madrileño gracias a Valeriano D. Bécquer. El segundón de la familia, el pintor de pequeño formato, el más que probable autor del libro satírico Los Borbones en pelota, por fin conquista el Prado. Sol G. Moreno

Valeriano D. Bécquer. Hilandera en las cercanías de Burgo de Osma. Óleo sobre tabla. 1867. Museo Nacional del Prado, Madrid.