Un Gaspar Becerra en la Galería de Colecciones Reales

Un Gaspar Becerra en la Galería de Colecciones Reales

La institución continúa con su programa de la Obra invitada con una Piedad de Gaspar Becerra procedente del Museo de Bellas Artes de Valencia. Pintor del rey Felipe II, hasta ahora no estaba representado en las Colecciones Reales.

La Galería de las Colecciones Reales acoge hasta el 12 de julio dentro de su programa de la Obra invitada una pintura fundamental del renacimiento español: la Piedad de Gaspar Becerra, procedente de los fondos del Museo de Bellas Artes de Valencia.

En la presentación estuvieron presentes el director de la Galería, Víctor Cageao, y el del museo de la ciudad del Turia, Pablo González Tornel. El primero destacó la importancia de este préstamo, ya que, a pesar de que Becerra fue pintor del rey Felipe II, no se conserva ninguna pintura suya en las Colecciones Reales. Además, se trata de la primera obra invitada religiosa, por lo que subraya la importancia de la devoción católica en el coleccionismo de los monarcas españoles de la Edad Moderna.

Por su parte, Pablo González Tornel señaló lo excepcional de la pintura incluso dentro de la propia producción de Becerra, tradicionalmente más conocido por sus esculturas, pero cuya labor en la introducción del lenguaje italiano en el siglo XVI español no se debe pasar por alto. Además, la Piedad es el único óleo firmado por el artista.

Becerra perteneció a la segunda generación de creadores  que introdujo en España el nuevo lenguaje renacentista como Pedro Rubiales o Luis de Vargas, después de las famosas cuatro águilas –Alonso Berruguete, Diego de Siloé, Bartolomé Ordóñez y Pedro Machuca–, tal y como las llamó Manuel Gómez-Moreno.

Tanto Becerra como Rubiales y Vargas están representados en el Bellas Artes de Valencia. Tornel llamó la atención sobre la relación de Becerra no solo con la corona, sino con el Levante español como puerto de entrada de nuevos lenguajes. La Piedad está fechada después de la estancia del artista en Roma, donde trabajó en el taller de Vasari y con Danielle da Volterra en la Capilla Della Robbere en Trinitá al Monte, herederos de la escuela de Miguel Ángel.

En ese entorno en lo que lo monumental y las referencias a la antigüedad eran fundacionales, aprende a despojar a sus composiciones de decoraciones superficiales. Esto, sumado a las necesidades contrarreformistas de adoptar un mensaje más directo, que apelase al fiel –pero sin puentear a los clérigos, como proponía el naciente Protestantismo– permitió actualizar el lenguaje más florido del primer Renacimiento español hacia uno más sobrio.

De igual manera, la influencia de Vasari –el epítome del artista tratadista, el estudioso que va a la raíz del asunto y que, por tanto, admira el dibujo, tanto como su maestro– propulsó a Becerra más allá de una sola disciplina, permitiendo su desarrollo como pintor, escultor y arquitecto (y a veces con la combinación de ellas, como en el retablo de Astorga, sus trazas para monumentos funerarios o el Cristo yacente de las Descalzas Reales).

En el caso concreto de la Piedad prestada a la Galería, la sombra de Miguel Ángel es patente. La composición del español es muestra de una nueva religiosidad, atajando un tema no recogido en los evangelios. Una referencia bastante directa es el mismo tema acometido por Sebastiano del Piombo conservado en el Museo Cívico de Roma y en el que Buonarroti también tuvo una importante influencia (como en tantas de sus obras). Piombo aprovechaba los dibujos que le cedía Miguel Ángel para sus composiciones “dándoles un aspecto mucho más veneciano de lo que podría haber hecho él mismo”, explicó González Tornel.

La Piedad de Becerra se encuentra en un punto intermedio entre esos dos referentes con la Virgen concentrada en su hijo y en el momento de dolor maternal, como en la escultura de Miguel Ángel. Este énfasis en los sentimientos y la experiencia subjetiva, que será habitual en el siglo XVII, es revolucionario en el XVI. De hecho, tal y como contó Tornel en la presentación, “lo que después de la conclusión de Trento –o su falta de conclusión– sería dogma, en el 1500 se podría haber tratado como herejía. De hecho, hay algunos intelectuales del entorno de Becerra, como Juan de Valdés, que propugnaban dentro del catolicismo un cambio de la experiencia religiosa tradicional hacia una lejos de intermediarios. Si Valdés no hubiese muerto joven, lo habrían procesado. De hecho, sus libros fueron purgados”.

La creación de Becerra, por tanto, es testigo de un breve pero importante momento no solo dentro de la historia del arte de nuestro país, sino de Europa. Una obra que abrió camino en nuestro país –siempre algo por detrás de Italia en ese momento– al mismo tiempo que encarnaba el sentimiento más vanguardista dentro del bando contrarreformista.

Gaspar Becerra. Piedad. Museo de Bellas Artes, Valencia.
Gaspar Becerra. Piedad. Museo de Bellas Artes, Valencia.
Los directores del Museo de Bellas Artes de Valencia y de la Galería de las Colecciones Reales, Pablo González Tornel y Víctor Cageao.