José María Sicilia: “He convertido a mis familiares en obras para ver si los vendo”

José María Sicilia: “He convertido a mis familiares en obras para ver si los vendo”

El artista madrileño interviene algunas de las estancias más emblemáticas del Palacio de Liria, como el salón de baile, la biblioteca o las salas de la emperatriz Eugenia de Montijo con su último proyecto: Noches y días. El título de esta muestra, que se puede visitar hasta el 31 de mayo, hace referencia a Las mil y una noches, tema que lleva explorando desde 1991.

José María Sicilia es un tipo con sentido del humor que a sus 72 años se sigue divirtiendo con lo que hace. Premio Nacional de Artes Plásticas y referente indiscutible de la pintura española de los años ochenta, llega ahora al Palacio de Liria para colarse entre sus salones con una propuesta expositiva que busca jugar con el espectador mientras evoca ecos del Barroco.

Todo el rato sobrevuela la idea de Gilles Deleuze del barroco como pliegue infinito: algo que nunca termina de cerrarse y que insiste en volver sobre sí mismo una y otra vez. De ahí que en su nueva exposición todo gire en torno a cuatro biombos que el artista describe como “pliegues que se abren y se cierran”, y sobre los que se reflejan tanto la colección de la Casa de Alba, como su propia trayectoria y hasta el propio visitante.

* La idea era reactivar el espacio a través de los biombos con espejos y unas luces muy dramáticas. Porque el reflejo no solo recoge el entorno: muros, mobiliario y cuadros de la emperatriz o su familia. ¡Ya están todos muertos! Digamos que todo eso nos atraviesa mediante el espejo y, a la vez, uno se encuentra consigo mismo.

José María Sicilia posa junto a uno de los biombos de la exposición 'Noches y días' en el Palacio de Liria. Fotografía: NMP.
El artista contempla su reflejo distorsionado en uno de los biombos. Fotografía: NMP.
  • Sí, pero con un reflejo distorsionado. ¿Por qué?

* Algunos de ellos deforman la imagen, pero también he colocado otros que no. Hay un juego entre lo que es real y lo que es la realidad, que son cuestiones muy diferentes. La realidad son los acuerdos y convenios para ponerle nombre a las cosas. Lo real, en cambio, designa aquello que está en el interior de las cosas y no ha sido revelado todavía. Para mí es algo que desconoces profundamente y que te va a cambiar la vida.

  • ¿Y cómo espera que reaccione el espectador frente a esa confrontación consigo mismo?

* El espejo te devuelve lo que eres y lo que temes; luego uno contempla y de la contemplación nace todo. Pues yo soy lo que surge en la contemplación, quien interpela: «Mira en lo que me has convertido. Mira lo que has hecho de mí».

  • ¿Cuánto tiempo le ha llevado completar esta instalación?

* Empecé con ella hace mucho tiempo. Incorporo obras creadas ex profeso, pero también otras que realicé hace unos 20 años, como los dibujos en las favelas de Río de Janeiro. A veces comienzas algo, pero no es realmente hasta mucho después cuando te pones en serio a ello. Vas almacenando, absorbiendo y cultivando, también vas cambiando. Me gusta decir que empecé con esto el año que mis padres decidieron concebirme; ni siquiera cuando nací, sino cuando ellos se encontraron en la calle y se enamoraron. Pienso que todo viene siempre de muy lejos.

  • En la muestra evoca una idea de estratificación que me recuerda a los gabinetes de curiosidades.

* Hay un montón de cosas, claro, y también una curva de acumulación. Siempre me han interesado muchísimo los gabinetes de curiosidades. De hecho, muchas estancias de este palacio tienen algo de Wunderkammer. Lo que ocurre es que algunas veces esas cámaras de maravillas tienen una estructura. En este caso, lo que vertebra la exposición es la idea de pliegue. Al fin y al cabo, ¿qué es un biombo? Un pliegue que se abre y se cierra, como el Barroco.

Vista de sala de la exposición 'Noches y días'. Fotografía: NMP.
Detalle de uno de los muchos retratos situados en los bimbos. Fotografía: NMP.
  • La instalación incluye varios autorretratos, desde una flor con su cara hasta una copia suya a tamaño real. ¿Cuál era su intención al integrarse en la obra?

* Desde siglos muy tempranos existe esta tradición entre los artistas de decir: “Aquí estuve yo”. Era una forma de significarse; muchos de ellos lo hacían a través del retrato, como Goya o Velázquez. Cuando venga el visitante verá, además, la palabra “fui” en el reverso del biombo. Es decir, fui este, pero ya no lo soy.

  • Veo que incorpora también retratos familiares…

* Eso es porque me encanta todo el tema de las sagas. Hay un florero, por ejemplo, con el rostro de mi abuela, mi tía e incluso el mío. He escaneado a varios familiares y los he convertido en flores para ver si los vendo [risas].

  • Estos motivos vegetales mantienen una correspondencia con su trayectoria, ya desde sus años neoyorquinos de los años ochenta. ¿Por qué esa obsesión?

* Pues la verdad es que no lo sé, pero siempre están ahí. Hay flores bordadas, pintadas en el cristal de murano, flores que son retratos de personajes… Es una cosa que me persigue. Creo que si hubiera tenido una floristería habría sido muy feliz, me parece un oficio maravilloso. Ademas, creo en la reencarnación, así que quizá en la próxima vida sea una de ellas [más risas].

  • Comentaba antes que le encantan las sagas familiares. ¿Ese interés se refleja también en Liria?

* Incorporo la de Rosales-Armiñán-Santoja, una familia muy bella con pintores, escritores, poetas, cineastas y músicos. Aquí hay retratos de Carlota Rosales, que es hija de Eduardo Rosales y tuvo una historia de amor con el compositor Miguel de Santoja. Una de sus nietas, Elena Santoja, estuvo casada con Jaime de Armiñán. Todos estos cuadros salen de subastas.

  • ¿Le interesan el coleccionismo?

* En realidad no me interesa nada y estoy muy alejado de ello. Alguna vez he ido a alguna subasta porque había algo que me gustaba, como unos grabados de los viajes del capitán James Cook, que están aquí expuestos. Nerea Méndez Pérez