Andrea Canepa momifica el Palacio de Cristal con su ‘Fardo’
La artista peruana recurre a ritos funerarios precolombinos de la cultura Paracas para desarrollar esta instalación pública y gratuita, que cubrirá con una lona el exterior del edificio durante 2026, mientras continúan las obras de remodelación.
Las fachadas cristalinas del emblemático edificio de El Retiro vuelven a vestirse con una gran lona, esta vez concebida por Andrea Canepa. Y si el año pasado Miguel Ángel Tornero se inspiró en el clasicismo del Partenón o del Ara Pacis para elaborar su Gran Friso, ahora la autora de origen peruano ha querido mirar hacia el arte precolombino para desarrollar un proyecto que tiene mucho que ver con lo textil.
Porque esa gran lona que desde ayer envuelve el Palacio de Cristal remite, precisamente, al propio material con el que parece haberse construido la pieza. Fardo, así se llama la instalación, hace referencia al proceso funerario de la cultura Paracas –civilización que pobló el sur de Perú entre el 800 y el 1000 a.C– mediante el cual momificaba los cuerpos de sus difuntos para preservarlos en la eternidad.
“Me pareció que el ritual de cubrir esos cadáveres con tanto mimo para luego ocultarlos y enterrarlos, tenía mucho que ver con el proyecto que quería presentar para el Palacio de Cristal”, comenta la artista. Ese paso del mundo de los vivos al de ultratumba se convierte aquí en metáfora de la transformación que está viviendo el histórico edificio, cuya remodelación no acabará hasta el año que viene.
De ahí esas telas que recorren como vendas mortuorias el exterior del palacio, adscrito al Museo Reina Sofía. Para recrearlas, Canepa ha pintado lienzos al óleo que luego ha fotografiado. Finalmente, esas imágenes se han impreso con la tecnología de HP latex en gran formato –como ya se hizo con la pieza de 2025–, hasta construir la instalación de grandes dimensiones, compuesta por 30 pedazos de más de seis metros de altura cada uno. La durabilidad y resistencia de este tipo de impresiones es tal, que la obra de Tornero expuesta a las inclemencias del tiempo durante los últimos 12 meses se ha podido devolver a su autor para que tenga una segunda vida.
La artista peruana explica que para desarrollar el proyecto que ahora presenta también se inspiró en el praxinoscopio, ese juguete generador de imágenes animadas precursor del cine.
“El volumen del palacio me recordó este invento, por eso he querido plantear las imágenes como fotogramas o capas de un fardo que se va desatando poco a poco”. Eso sí, para apreciar la animación es preciso que el espectador participe activamente y recorra el perímetro completo.
De modo que la obra no solo aúna arte e historia, sino también arquitectura, diseño utilitario y antropología. “Ese umbral entre el arte útil y el gesto formal fue lo que más nos interesó”, confiesa Manuel Segade, director del centro.
¿Hasta qué punto el viandante que se pasee por El Retiro echará de menos las vistas del edificio o las propuestas expositivas que normalmente alberga en su interior? La idea de los responsables del museo es que el arte público, gratuito y accesible para todos se mantenga a pesar del cierre del palacio y de las grúas.



