La fotografía útil de Oriol Maspons en la Academia
Hasta el próximo 12 de abril la sala de fotografía del Museo de la Real Academia de San Fernando reúne una selección de imágenes del fotógrafo catalán Oriol Maspons (Barcelona, 1928-2013), uno de los más fecundos de la Escuela de Barcelona y que dejó una gran huella en varias décadas de trabajo, capaz de hacer reportajes, retratos, de moda y también recoger el latido de vida en los rincones que visitó. Muchas de esas fotografías constituyen un legado único de la ciudad que le vio nacer.
La sala de fotografía de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se ha consolidado como un espacio que permite acercarse a la obra de fotógrafos esenciales de la historia de la fotografía en nuestro país. En este caso la muestra de Oriol Maspons es la décima de esta serie y reúne una selección de doce imágenes captadas por este cronista visual de Barcelona y que formó parte de dicha escuela de fotografía. Y junto a esas obras se exhibe también material bibliográfico y hemerográfico procedente de la colección Pedro Melero / Marisa Llorente. En la presentación estuvieron presentes el director de la Academia, Tomás Marco, y el académico y foto-historiador, Publio López Mondéjar.
Oriol Maspons (Barcelona, 1928-2013) fue uno de los más activos e influyentes fotógrafos de la Escuela de Barcelona, de la que fue uno de sus miembros más insignes. En 1951 ingresó en la Agrupación Fotográfica de Cataluña y dos años después comenzó su amistad con Catalá-Roca. Entre el salonismo de la Agrupación y el talento de Catalá, no tuvo dudas: eligió al maestro.
En 1953 fue enviado a París por una compañía de seguros. Allí frecuentó los ambientes fotográficos y conoció a Robert Doisneau, Cartier Bresson, Brassaï, Guy Bourdin y a los miembros del influyente Grupo Los 30 x 40. Cuando en 1956 regresó a Barcelona, ya sabía que iba a ser fotógrafo, pero no un diletante aficionado como sus antiguos compañeros de la AFC, sino un fotógrafo profesional, capaz de hacer reportajes, retratos y fotografías de moda y de publicidad.
Desde entonces, y durante casi medio siglo, no dejó de trabajar para la prensa, las editoriales, los estudios de cine y las emergentes compañías publicitarias. En tan largos años reunió una obra importante, que comenzó a hacerse pública a partir de los años setenta. Asimismo, ha estado presente en todas las exposiciones, antologías y jornadas fotográficas importantes celebradas en España y países de Europa y América. Con el tiempo, se convirtió en uno de los ciudadanos más populares de su ciudad, que le premió en diversas ocasiones.
Como escribió Lluis Permanyer, recientemente fallecido y el otro gran cronista literario de Barcelona: “En la obra de Maspons conviven con toda naturalidad dos mundos bien distintos, el amable y mundano con el surrealista y denunciable. Tal dicotomía es habitual en él, ya que en el fondo no se plantea posiciones ideológicas, sino que hace en todo momento y en cada etapa lo que le pide el cuerpo y la cámara, porque casi siempre ha sido un ojo que vive tras el objetivo”.
Maspons trabajó siempre de una manera intuitiva, alejado de toda disciplina estética, mostrando siempre los aspectos más disonantes de la realidad. Así ha sido capaz de hallar la belleza en los ámbitos más variados del universo del tardofranquismo y de los umbrales de la democracia. Así fue capaz de legarnos una estampa comprensiva y deslumbrante de aquellos años de penitencia.
Siete años después de su muerte, el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) le dedicó una extraordinaria exposición antológica, significativamente titulada, La fotografía útil, que reunió sus obras más conocidas y muchas de las que habían quedado ocultas en el desorden de su archivo.





