¿Cómo vivían los niños del Antiguo Egipto?
Llevamos tanto tiempo fascinados por la momificación egipcia y el paso de los faraones al más allá, que rara vez nos hemos planteado cómo era ese primer despertar a la vida. La muestra Infancia y adolescencia en el Antiguo Egipto ahonda precisamente en esa primera etapa a través de 200 piezas que, hasta el 5 de abril, podrán verse en la Sala Vimcorsa de Córdoba.
El Antiguo Egipto es una cultura que ha fascinado históricamente al público por su manera de enfrentarse a la muerte. Especialmente la de sus faraones, que llevaban consigo el ritual de la momificación y el proceso funerario que acababa en la barca solar de Ra. El paso a la vida eterna era tan importante, que por momentos olvidamos que antes de llegar al más allá desarrollaban su vida cotidiana a orillas del Nilo.
Mucho más ajeno nos resulta el nacimiento de los antiguos egipcios y esos primeros años en los que se forjaba su identidad, ya fuese en la corte de Menfis, Tebas, Tell el-Amarna o Alejandría. ¿Cómo parían las mujeres de entonces? ¿Y cuál era la tasa de mortalidad infantil? ¿En qué entorno se criaban los niños?
Esas son algunas de las preguntas a las que trata de responder El despertar a la vida. Infancia y adolescencia en el Antiguo Egipto, la muestra producida por EULEN Art que ha inaugurado el Ayuntamiento de Córdoba en una doble sede: la Sala Vimcorsa y la Sala Orive.
En realidad, el grueso del recorrido se condensa en el primer punto con centenares de piezas de toda índole y condición; una propuesta expositiva que se ve complementada en la segunda sala con una experiencia inmersiva. Aquí, un vídeo estructurado en cuatro secuencias trasporta con los cinco sentidos al espectador hasta el país de Ramsés, Akenatón o Cleopatra.
Sin embargo, eso no significa que las 191 piezas originales expuestas en la primera sede se presenten sin textos explicativos. Al contrario; el recorrido está trufado de abundante gráfica, pantallas donde se puede profundizar en los temas tratados en cada sección e incluso maquetas tiflológicas para poder tocar.
Esculturas y estelas de piedra, recipientes cerámicos, marfiles mágicos de nacimiento, biberones y amuletos como el de Isis dando de mamar a Horus o de la diosa Tueris –protectora de gestantes y nacimientos– ilustran cómo era la vida de los niños en el Antiguo Egipto. Tampoco faltan los juguetes de madera, objetos de adorno personal o instrumentos quirúrgicos obstétricos, muchos de los cuales se presentan al público por primera vez.
El despertar a la vida es la primera muestra enfocada exclusivamente en la infancia y la adolescencia del Antiguo Egipto. No solo de aquellas jóvenes generaciones nacidas al calor de la capital, sino de todas las clases sociales. Además abarca miles de años de historia, desde el 3.500 a.C. de época predinástica hasta el periodo bizantino del siglo VIII, incluidos los periodos faraónico, ptolemaico y romano.
El paseo por esta exposición inédita parte del origen mismo del ser humano: el embarazo, el parto y la lactancia. Esta es la primera parada de cuatro ámbitos que conducen al espectador por los primeros meses de vida del niño, a quien acompaña hasta la pubertad. Dedica también un espacio propio para tratar las enfermedades infantiles, pues la tasa de mortalidad era muy alta (y la media de edad de los antiguos, en algunos periodos, apenas llegaba a los 19 años).
El alcalde de Córdoba, José María Bellido, quiso destacar durante la inauguración de la muestra el “enorme esfuerzo” de las comisarias Esther Pons Mellado e Isabel Olbés Ruiz de Alda –con Maite Mascort Roca como comisaria técnica– para reunir tal cantidad de piezas, venidas de todo el mundo. Nuestro Museo Arqueológico Nacional ha prestado hasta medio centenar de obras, a los que se suman otras tantas llegadas de instituciones francesas, italianas, húngaras y croatas.






