De Ena de Battenberg a Victoria Eugenia

De Ena de Battenberg a Victoria Eugenia 

La Galería de las Colecciones Reales dedica una exposición a la reina consorte de Alfonso XIII, cuyo mayor legado fue su labor humanitaria en la Cruz Roja. Ella fue la primera en llevar la tiara Flor de Lis de la casa borbón, que hasta el 5 de abril se expondrá como una de las piezas más destacadas del recorrido.

Fernando Álvarez de Sotomayor. Victoria Eugenia.cÓleo sobre lienzo. Colección particular.

Pocas veces ocurre: que una exposición se centre en la figura de una reina consorte. Pero es que Victoria Eugenia de Battenberg (1887-1969) no fue una cónyuge cualquiera; además de esposa de Alfonso XIII, supo modernizar la monarquía hispánica y abrir una nueva vía dedicada a las labores humanitarias.

Como ya hizo su madrina Eugenia de Montijo –la emperatriz de los franceses–, aprovechó su posición privilegiada para hacer algo más que acudir a bailes. En su caso, se implicó de manera personal en la Cruz Roja, organizando la red de enfermeras durante la Guerra del Rif y desarrolló una actividad filantrópica que hoy es su auténtico legado.

Por todo ello, la Galería de las Colecciones Reales ha querido dedicarle una gran monográfica que promete hacer las delicias de los más fetichistas de la monarquía. No solo porque la exposición contiene algunas de sus pertenencias íntimas –desde ropa de cama hasta sus cartas de amor dirigidas a su futuro marido– sino porque fue un personaje con una vida novelesca (tanto, que se le ha dedicado una serie de televisión).

El recorrido de la muestra está compuesto por centenares de piezas, entre cuadros, vestuario –imponente el manto de terciopelo y armiño–, esculturas, libros y numerosas fotos particulares que repasan la vida de la reina consorte, que tuvo que convertirse al catolicismo y superar las críticas sobre su hemofilia antes de casarse con el monarca español.

Victoria Eugenia Julia Ena nació en Balmoral dentro de la corte británica. Heredó los nombres de su abuela materna (la reina Victoria de Inglaterra), la mencionada emperatriz de los franceses y su abuela paterna (Julia de Hauke), aunque el apelativo que más utilizó fue el último, justo el que le pusieron sus padres. Un apodo cariñoso –significa Eva en escocés– que curiosamente fue el que adoptó el pueblo español para dirigirse a ella.

Sin embargo, no todo fue de color de rosas en nuestro país. Pues antes de casarse con Alfonso XIII en 1906, tuvo que superar las reticencias de la reina madre, María Cristina, quien no la consideraba digna de su hijo; y de la propia corte, que la rechazaba por ser anglicana (por eso abjuró de su fe).

Cuando por fin llegó el gran día y se ofició la boda en Los Jerónimos, sufrió un fatídico atentado que a poco estuvo de acabar con su vida (fallecieron unas 20 personas por ese ramo envenenado que el anarquista Mateo Morral lanzó desde el balcón).

Ena acompañó en el trono a un mujeriego Alfonso XIII durante tres décadas, hasta que se proclamó la Segunda República y el matrimonio tuvo que salir huyendo.

Primero se exiliaron a París, después ambos se distanciaron: él se estableció en Roma, mientras Victoria Eugenia se trasladaba de Londres a Roma y más tarde a Lausana. Una de las últimas veces que visitó España fue en 1968, para conocer a su biznieto: Felipe VI.

La muestra de La Galería trata de condensar esa historia de amor, desdichas y exilio en un recorrido de 350 objetos repartidos por las salas temporales de la planta -3.

Vista de sala de la exposición "Victoria Eugenia" que recrea su tocador. Imagen cortesía de Patrimonio Nacional.
Philip Alexius László de Lombos. Victoria Eugenia. 1926. Óleo sobre lienzo. Colección Particular.

Organizada en torno a ocho ámbitos, presenta algunos de los retratos más icónicos de Victoria Eugenia –firmados por Carbonero, Benlliure, Álvarez de Sotomayor o Ricardo Canals–, además del carruaje de caoba que la llevó hasta los Jerónimos o las insignias de la Real Orden de Damas Nobles de la que era soberana. Se ha recreado incluso su tocador estilo imperio.

Aunque la pieza más destacada es, sin duda, la tiara Flor de Lis que ha prestado una regia “colección particular”. Se trata de una joya única fabricada en Ansorena en 1906 compuesta por 450 diamantes, diez perlas y una estructura de platino.

Fue un regalo de Alfonso XIII a su futura esposa, que estrenó la preciada joya en su boda. Desde entonces, la tiara ha pertenecido a la familia borbón hasta llegar a la reina Letizia, que la ha llevado en varias ocasiones.

Tiara Flor de Lis que le regaló Alfonso XIII a Victoria Eugenia. Fotografia: SGM
Coche de Caoba en el que viajó Victoria Eugenia para casarse con Alfonso XIII. 1829. Imagen cortesía de Patrimonio Nacional.

Lo cierto es que Victoria Eugenia no es solo una muestra, sino un proyecto de investigación en el que tanto Arantxa Domingo como Reyes Utrera, las comisarias, llevan tiempo trabajando (desde 2014).

Ambas han buceado en el Archivo General de Palacio e investigado a fondo la vida de la reina consorte, para conocer su faceta más íntima. Y fue Leticia Ruiz, exdirectora de La Galería, quien les propuso organizar la exposición, que hoy por fin ve la luz.

“Esta es la primera de las monográficas que La Galería dedica a una reina, pero habrá más”, avanzó Víctor Cageao, director de la institución. Una muestra patrocinada por la Fundación Santander que repasa la apasionante vida de Victoria Eugenia, la joven británica que llegó a España con sus modos del siglo XIX y lo abandonó como una mujer moderna y comprometida en 1931. Sol G. Moreno

Vista de sala de la exposición "Victoria Eugenia". Imagen cortesía de Patrimonio Nacional.
Julio Borrell y Pla. Boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. 1907. Óleo sobre lienzo. Imagen cortesía de Patrimonio Nacional.