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Variaciones de la luz en Monet y Boudin


Mañana se abre al público en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza la exposición Monet/Boudin, primera muestra monográfica comparativa entre dos grandes pintores, comisariada por Juan Ángel López-Manzanares, conservador del Thyssen, y que está patrocinada por Japan Tobacco International. Reúne más de un centenar de obras que ahondan en la relación e influencia de un pintor plenairista como Eugène Boudin (Honfleur, 1824-Deauville, 1898), con el  maestro posterior que fue Claude Monet (París, 1840- Giverny, 1926), dada la relación amistosa y artística desde el período de aprendizaje de Monet y durante gran parte de la larga trayectoria de ambos pintores desde que se conocieran en 1856 en la papelería Gravier de El Havre y durante las cuatro décadas posteriores.

El recorrido de la exposición se estructura en ocho secciones: paisaje pintoresco; marinas; escenas de playa; pasteles; variaciones; litoral agreste; luz, reflejos y efectos atmosféricos; y viajes al sur, que reflejan los intereses por la iconografía de la vida moderna, los efectos cambiantes de la luz- una de las constantes de ambos en una larga carrera plástica-, así como una visión de la naturaleza semisalvaje en Normandía y Bretaña, con una luz diferenciada entre los grises de estas zonas con la luz rosada del Mediterráneo, descubierta en las últimas décadas del siglo XIX cuando viajaron por el Midi, la Costa Azul, la Riviera italiana o Venecia. La muestra permanecerá abierta hasta el 30 de septiembre.

En la presentación de esta singular exposición, Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza destacó no sólo la atracción que para los museos y para el público supone exponer obras de Monet y en este caso de Boudin, artista muy poco representado en colecciones españoles, sino también el interés casi novelesco de la amistad e influencias mutuas de estos dos creadores que exploraron las posibilidades de un territorio como Bretaña y, sobre todo, Normandía. Por su parte, el vicepresidente de Japan Tobacco International, Miguel Luengo, mecenas de la exposición, afirmó que los seis años que llevan apoyando al Museo Thyssen suponen hacer tangible su visión de ayudar a que grandes manifestaciones artísticas lleguen cada vez más a un mayor número de personas y que coincide con su visión corporativa.

Por último, el comisario de la exposición y conservador del Museo Thyssen, Juan Ángel López-Manzanares, subrayó las afinidades y diferencias de ambos pintores a la hora de abordar el paisaje y también cómo el encuentro entre ambos en 1856 quizá hizo que Monet fuera con el paso de tiempo el gran pintor del impresionismo. En 1920 el propio Monet reconoció a su biógrafo que se lo debía todo a Boudin y le reconoció su magisterio.

No en vano, en 1856 cuando Claude Monet era un precoz artista coincidió en Le Havre con Boudin, 16 años mayor, y éste le animó a seguir investigando y le invitó a hacerlo junto a él. De ese modo y por admiración mutua, Monet se convirtió en discípulo de Boudin y ambos compartieron la importancia que la luz tendría en su obra a lo largo del tiempo. Trabajaron juntos durante casi dos anos, antes de que Monet se trasladara a París, pintando escenas de las áreas cercanas como Paisaje normando (1857-1858) de Boudin o la Vista de los alrededores de Rouelles (1858) de Monet, lo que supuso una fecunda reflexión sobre la luminosidad del día. Esa admiración y confluencia de intereses les estimuló y les llevó a pintar marinas, un género considerado menor pero del que ambos supieron extraer chispazos poéticos en esas composiciones con barcas como en La playa de Sainte-Adresse (1867) de Monet o en los dibujos de pescadores y barcas de Boudin de los años 40 y 50 del siglo XIX.

La tercera sección se centra en las escenas de playa, cuando ésta se convirtió en destino turístico de aristócratas y burgueses. Cada verano Boudin pintaba el puerto y los muelles, el río Touques y los arenales de la playa en Concierto en el Casino de Deauville (1865) y otras en la playa de Trouville, algo que también fue un buen foco para Monet en Camille en la playa de Trouville o La playa de Trouville, ambos de 1870; antes de pasar a los pasteles, una técnica abordada para innovar con un material tan dúctil que les sirvió para captar con rapidez los cambios de las condiciones metereológicas y de estación, demostrando una gran sencillez al fijar dos o tres tramas de color, algo que también cultivó Boudin, quien fue calificado como «el rey de los cielos» por Corot.

Como hiciera Juan Sebastian Bach en sus conocidas Variaciones Golberg para teclado, tanto Boudin como Monet empezaron con sus pinceles a crear series con un único motivo: ir plasmando ligeras modificaciones ambientales y de luz como se desprende en los óleos de Monet, La inundación (1881) y Brazo del Sena cerca de Vétheuil (1878) o  en los trabajos intuitivos de Boudin en Trouville y en el río Touques captado a diferentes horas del día.

A pesar de que las relaciones personales entre Boudin y Monet se fueron enfriando a finales de los años 70, tanto por temas personales como por la crisis económica del mercado artístico, ambos se interesaron en captar los agrestes litorales de la costa norte francesa, con los acantilados de Normandía y el terreno escarpado de Bretaña, donde la naturaleza llegó a ocupar toda la relevancia en la imagen de las agujas de Étretat o en otra obra maestra de Monet como  Rocas en Belle-Île-en-Mer, Port Domois (1886), composiones siempre agitadas que contrastan con la quietud y equilibrio de estos motivos en la obra de Boudin.

En Luz, reflejos y efectos atmosféricos se exhiben óleos de Boudin y Monet en los que ambos experimentaron y además de considerar los gustos imperantes empezaron a pintar para sí mismos como se puede observar en algunas marinas con la luz del atardecer en Marea baja (1884) de Boudin, mientras que Monet siguió alternando su atracción por la fuerza del oleaje con el lento discurrir de las horas, así como su interés por desarrollar series en torno al río Sena a su paso por Port-Villez o por la mañana en Giverny, que forma parte de un conjunto de 24 lienzos, que comenzó al aire libre y terminó en su estudio: el mismo punto de vista con los cambios lumínicos.

Por último, la sección de Viajes al sur constituye un ejercicio muy interesante porque revela cómo los cambios de los cielos grises de Normandía y Bretaña- tan visibles en las obras de ambos pintores- se fueron transformando cuando descubrieron la luz mediterránea, primero Monet en la Costa Azul y la Riviera italiana, y luego Boudin en su estancia por el Midi y más tarde a Beaulieu en 1892. Estos viajes ayudaron a cambiar la paleta de color de ambos, aclarándola para hacer suya esta luminosidad que tuvo su momento de esplendor en sus vistas de Venecia, ciudad que inspiró a los dos creadores. Julián H. Miranda 

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