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Una visión personal de Manolo Valdés

La Fundación Bancaja presenta cerca de 130 obras que recorren la trayectoria artística en solitario de Manolo Valdés, desde principios de los 80 hasta sus creaciones más actuales de aluminio, algunas de ellas inéditas. 


Clasicismo y modernidad se unen en esta exposición retrospectiva en la que Manolo Valdés se descubre como un artista con una larga y coherente trayectoria. Comenzó su carrera en la década de los 60 fundando Equipo Crónica e ironizando sobre la situación política española por medio de los clásicos, y aún hoy, tres décadas después, acude diariamente a ellos en busca de inspiración. “Algunos se han mantenido, como Velázquez y Matisse, pero voy cambiando. No tienen por qué ser artistas de primer nivel”, explica el autor.

Valencia, su ciudad natal, le ha traído temporalmente de regreso al hogar (vive desde hace años en Nueva York). La Fundación Bancaja recupera su producción de los últimos 35 años, tratando de cubrir todas sus facetas: pintura, escultura, grabado y artes decorativas, lo cual supone una ocasión excepcional de ver en conjunto todo su genio creador.

Valdés. Una visión personal muestra, como su nombre indica, una percepción particular. Sin embargo, no es la del propio artista, sino la del comisario, Kosme de Barañano. Este catedrático lleva décadas buceando en la obra del valenciano, por eso ahora ha sido capaz de seleccionar lo mejor de cada una de sus etapas –desde 1980 a la actualidad– hasta reunir 130 piezas. “Muchas de las obras que están aquí expuestas las ha visto hacer en el taller”, confesaba el propio pintor de su amigo Barañano.

El recorrido se inicia con algunas de las piezas iniciales de Valdés que están cargadas de referencias a los viejos maestros. Se trata de pinturas donde se aprecia una lectura moderna de Las Meninas de Velázquez, los retratos de Rubens o los Girasoles de Van Gogh. En las salas contiguas, se mantiene ese interés por el pasado, y de nuevo se adivinan en las composiciones del artista reminiscencias de Matisse o Picasso, entre otros. Además, sus collages comienzan a adquirir más y más volumen, hasta desembocar en la escultura de bulto redondo.

Por supuesto, no faltan sus meninas, esas figuras inspiradas en la infanta Margarita que tanto fama le han dado y que se han paseado por medio mundo. Tampoco sus rostros de mujeres de rasgos sencillos y colores intensos fabricados con recortes de papel y trozos de madera (en los últimos tiempos ha añadido incluso espejos).

Sin embargo, la principal novedad de la muestra reside precisamente en todo aquello que no tiene nada que ver con lo anterior. En sus experimentaciones constante, en su obsesión por el dibujo subyacente en cada pintura, en sus esculturas de alambres. Las últimas salas se detienen así en la producción de la última década, menos conocida en España. En ellas, el autor experimenta con las resinas azules, epoxi, alambres y espejos. Unas piezas que se han despojado del volumen y trazan apenas unos dibujos en el espacio.

El recorrido se completa con tres series de grabados, así como varios muebles y artes aplicadas. Podrá visitarse gratuitamente en la Fundación Bancaja hasta el 25 de marzo de 2018.  Sol G. Moreno

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