Una pareja de relieves atribuidos a Felipe Bigarny sobresale en Abalarte
Representan el Martirio de San Juan Bautista y el Martirio de Santa Catalina de Alejandría
La próxima subasta de artes decorativas de la sala Abalarte los días 30 de septiembre y 1 de octubre presenta como lote estrella una pareja de relieves en madera tallada, policromada y dorada del siglo XVI que la sala atribuye al escultor Felipe Bigarny y para la que solicitan un precio de salida de 80.000 € (núm. 295).
Felipe Bigarny, también conocido como Felipe de Borgoña, fue uno de los escultores y arquitectos más importantes del Renacimiento español. De origen francés (nacido en Langres, Borgoña), llegó a España siendo un joven peregrino que hacía el Camino de Santiago y terminó asentándose en Castilla, donde revolucionó el panorama artístico de la época al introducir las novedades del Renacimiento italiano combinadas con el detallismo flamenco llegando a ser uno de los escultores más prósperos y cotizados del momento.
Gran parte de su éxito lo obtuvo gracias a que supo implantar un modelo empresarial sumamente eficiente a través de sus propios talleres de arte.
Debido a la ingente cantidad de encargos monumentales que recibía de las principales diócesis castellanas, el maestro no se limitó a un único centro de producción, sino que gestionó varias sedes de forma simultánea. Su base de operaciones más estable y duradera se asentó en Burgos, en el dinámico barrio de San Juan, pero la envergadura de sus contratos le llevó a abrir otro taller de gran relevancia en Toledo, así como pequeños obradores temporales a pie de obra en ciudades como Granada o Palencia.

El funcionamiento interno de estos talleres seguía una estricta división del trabajo inspirada en las grandes factorías artísticas italianas y flamencas. Bigarny actuaba como director y arquitecto del proyecto: negociaba las condiciones, diseñaba las trazas arquitectónicas y modelaba los bocetos iniciales en cera o barro. Una vez definido el diseño, los aprendices se encargaban del desbaste inicial de los bloques de piedra o madera, mientras que los oficiales esculpían los elementos secundarios, como la decoración plateresca o los pliegues de los ropajes. Fiel a la tradición de los grandes maestros, Bigarny se reservaba exclusivamente la talla de las partes más complejas y expresivas, tales como los rostros y las manos de las figuras principales. Además, el taller coordinaba la fase final de las obras en madera mediante alianzas con destacados pintores de la época, como León Picardo, quienes aplicaban el delicado proceso de dorado y policromía.
Esta gran capacidad de producción permitió a Bigarny alternar la independencia de su taller con alianzas estratégicas junto a otros genios de la época, llegando a formar compañías temporales con figuras de la talla de Diego de Siloé en Burgos o Alonso Berruguete en Toledo. Hacia el final de su carrera, la continuidad de este exitoso engranaje artístico quedó asegurada gracias a oficiales de su absoluta confianza y a su propio hijo, Gregorio Pardo, quien heredó parte de la estructura del obrador y perpetuó el prestigioso sello estilístico de su padre en el panorama escultórico español.
El siguiente lote mas sobresaliente es una monumental pareja de jarrones «Gu» heráldicos de estilo Imari, fabricados en China durante la dinastía Qing (siglos XVIII-XIX), que destacan por su iconografía que incluye el escudo real de Francia y el del duque de Orleans (núm.1252) a la venta en 12.000 €.
Su relevancia histórica se ve respaldada por ejemplares similares custodiados en el Museo del Louvre, el Museo Cerralbo y el Museo Lázaro Galdiano, documentados por el especialista Fernando Tabar Anitua.
Otros lotes que podemos destacar son lámpara rusa del siglo XIX que atribuyen ANDREI IVANOVICH SCHREIBER (Estonia, 1777- 1843, St. Petersburgo) en bronce dorado con tres luces al interior y vidrio incoloro tallado que pueden adquirirse en 2.000 € (núm. 245); y la pareja de copas inglesas de época Jorge III en madera de caoba de finales del siglo XVIII (núm. 356) con decoración tallada de palmetas y guillocas con un precio inicial de 3.000 €. Noemí Marín



