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UNA HIPÓTESIS SOBRE LA PROCEDENCIA DEL POSIBLE CARAVAGGIO     

Ayer hablamos del Ecce Homo retirado de Ansorena que salía por 1.500 euros y que fue declarado inexportable por el Ministerio de Cultura. La posibilidad de que se trate de una obra de Miguelangelo Merisi ha causado revuelo en las últimas horas, si bien los expertos se muestran prudentes. Pendientes todavía de un estudio tranquilo y sosegado del lienzo, IVÁN MARCOS GARCÍA-DIEGO plantea una procedencia de este cuadro: García de Avellaneda y Haro, II Conde de Castrillo y Virrey de Nápoles  entre 1653 y 1659.

En los seis intensos años (1653-1659) durante los que García de Avellaneda y Haro, II Conde de Castrillo, ocupó el cargo de Virrey de Nápoles, hizo acopio de una importante colección de pintura –en parte adquirida directamente para el Rey Felipe IV– que iría enviando poco a poco a España.

Incluía cuadros de Rafael, Tiziano, Tintoretto, Guido Reni o Lucas Jordan, entre otros. En el inventario de 1657 publicado por Belén Bartolomé en el Boletín del Museo del Prado (Tomo XV, 1994) en el Archivo del Conde de Orgaz –actual poseedor del título de Conde de Castrillo– aparecen formando parte de aquella colección 183 pinturas y, entre ellas, dos de Caravaggio.

La primera –número 91– es “La degollación de San Juan con la mujer que rrecive la cabeza del Santo al Berdugo y una vieja al lado de seis palmos con marco negro de peral es original de Caravacho”. Es decir, Salomé con la cabeza del Bautista, actualmente en el Palacio Real de Madrid.

La segunda –número 94 del inventario– tenía la siguiente descripción: “Mas otro cuadro de un Heccehomo de cinco palmos con marco de evano con un soldado y Pilatos que le enseña al Pueblo, es original de mº MiÇael Angel Caravacho”. Es un Ecce Homo del que no se volvió a saber más. Sin embargo, tenemos la confirmación de que efectivamente viajó de Nápoles a España, porque Giovanni Pietro Bellori escribió en 1672, en sus Vite de pittori, scultori e architecti moderni que: “Por encargo de los Massimi pintó un Ecce Homo que acabó siendo llevado a España”.

Esta pintura tuvo una génesis muy significativa. Al parecer, fue creada como consecuencia de una justa pictórica. El cardenal Massimo Massimi convocó a un concurso, en 1605, a tres de los más afamados pintores de su tiempo: Ludovico Cardi Il Cigoli, Domenico Cresti Passignano y Michelangelo Merisi Caravaggio. Se trataba de elaborar un Ecce Homo sin que ninguno de los artistas se enterara de la encomienda efectuada a los demás. El triunfo se lo llevó Il Cigoli, con el cuadro que actualmente se encuentra en el Palacio Pitti de Florencia.

Algunos autores consideraron que el Ecce Homo de Caravaggio sería la versión que hoy se encuentra en el Palazzo Bianco de Génova. Sin embargo, eran demasiadas las dificultades cronológicas para identificar esta pintura con la que vino a España a mediados del siglo XVII. La existencia de copias antiguas datadas en el siglo XVIII en Italia y la propia figura de Poncio Pilatos –extraña a la producción del pintor– hacían dudar a los historiadores. Por este motivo pienso que la pintura que acaba de aparecer en el mercado del arte en Madrid es el cuadro de Caravaggio del que llevábamos 363 años sin tener noticia.

El tamaño de la obra encaja con la descripción del inventario del Virrey: “de cinco palmos con marco de evano”. Si partimos de que la unidad de medida local, el palmo napolitano, equivalía a 26,367 centímetros, arrojaría un total de 131,835 centímetros (marco incluido). Actualmente la obra se encuentra sin marco, con un mínimo listón de madera que lo rodea y protege. El lienzo permanecería en Italia apenas 50 años.

En el número 24 de la revista ARS Magazine Gianni Papi (compartido AQUÍ en abierto) dio a conocer otro Ecce Homo de Caravaggio. Hasta entonces se conocían varias versiones con este asunto, sin duda copias, de mucha menor calidad. Pero además de dar a conocer aquella nueva obra, el artículo venía también a poner orden en uno de los temas más debatidos del milanés, el de los Ecce Homo. Aunque el cuadro de Papi había que situarlo en los primeros años del pintor, ya apuntaba dudas respecto a los otros que se conservaban.

La aparición de esta nueva tela permite una hipótesis mucho más razonable, como ha reconocido el propio investigador italiano: situar esta obra –aún pendiente de estudio, análisis y procedencia– en la etapa napolitana de Caravaggio, lo que sin duda la identificaría con la que tuvo el Virrey español y que con seguridad vino a España. El camino es largo para consensuar la autoría de este nuevo Ecce Homo, pero las piezas empiezan a encajar en este descubrimiento que ha causado una enorme expectación. Y es que el pintor italiano, su vida y su obra siguen apasionando al mundo. Iván Marcos García-Diego Ruiz

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