Un Sorolla atípico

Un Sorolla atípico

La nueva exposición del museo dedicado al artista valenciano, que podrá visitarse hasta el próximo 27 de noviembre, indaga sobre la utilización del color negro en su obra, a menudo caracterizada por otros aspectos aparentemente opuestos como los tonos brillantes y la luz de las costas valencianas.

Tal y como pretende demostrar la exposición Sorolla en negro –que se opone a parte de la bibliografía tradicional que habla únicamente de Sorolla como de “el pintor de la luz”– el artista valenciano integró los tonos oscuros en su paleta de colores con frecuencia. Los tomó, en gran medida, de grandes maestros como Velázquez, el Greco y Goya. En su obra, además, estos colores supusieron un elemento de expresividad poética. En sus retratos femeninos, por ejemplo, los ropajes negros hablan de porte y elegancia, mientras que en los masculinos buscan otorgar al representado cierto aire sobrio y relevante.

Sobre esto reflexiona, precisamente, la primera de las cuatro partes en las que se organiza la exposición. Esta se denomina armonías de gris y negro, y busca dilucidar el significado que tiene este color, en términos más generales, en los retratos de entresiglos, así como las diferencias en cuanto a su tratamiento en las representaciones de hombres y de mujeres.

El segundo bloque de la exposición aborda la carga alegórica más tradicional del negro. Históricamente, se ha relacionado con lo melancólico, lo negativo y lo dramático, y así lo muestra Sorolla en algunas ocasiones, como en Estudio para “¡otra Margarita!”. En ella vemos cómo los ropajes oscuros sirven para representar, de forma amarga, a las clases sociales más desfavorecidas, hacinadas en un vagón de tren de tercera clase.

En el siguiente área de la muestra, abordando aspectos esta vez más formales, se estudia cómo las zonas menos luminosas de un cuadro sirven para resaltar más aún las brillantes, algo que Sorolla aprendió de Velázquez. La última hace referencia a sus cuadros más monocromáticos, en los que el valenciano demuestra su pericia técnica a la hora de conseguir matices y contrastes con una gama de color tan reducida.

En total, pueden contemplarse 62 obras (41 pinturas, un dibujo, un gouache, 17 fotografías, un álbum y un libro) entre las que se incluyen préstamos de entidades como el Museo del Prado o el de Bellas Artes de Bilbao. Junto con estas piezas y las pertenecientes a la Fundación Sorolla se encuentran, además, otras de colecciones particulares que hasta el momento han permanecido inéditas, como un retrato de Manuel Bartolomé Cossío u otro de María, la hija del artista, pintando. Además, cabe destacar la obra La reina María Cristina, estudio para “La regencia” por su reciente restauración. Sofía Guardiola

Vista de sala de "Sorolla en negro".
"Retrato de Juan Bartolomé Cossío". Joaquín Sorolla. 1908. Colección particular.