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Trashumancia y metamorfosis: Barceló en el Picasso de Málaga


El Museo Picasso Málaga ha presentado la exposición Miquel Barceló. Metamorfosis, título que toma su nombre de la famosa novela de Frank Kafka escrita en 1912 y publicada tres años más tarde. Un diálogo de dos artistas de extrema originalidad con las palabras y con las imágenes, respectivamente. Comisariada por Enrique Juncosa, uno de los mayores expertos en la obra del creador mallorquín, la muestra reúne cerca de un centenar de piezas de los últimos años, entre cerámicas, pinturas, acuarelas, cuadernos de viaje, una pequeña escultura y un conjunto de siete bronces instalados en el patio central del museo, que recuerdan a Alberto Giacometti, cerillas desgastadas y quemadas con el paso del tiempo.


En el acto de presentación a los medios han intervenido el director artístico del MPM, José Lebrero, acompañado de Bernard Ruiz-Picasso, presidente del Comité Ejecutivo del MPM; Juan Ignacio Zafra, director territorial de en Andalucía Oriental y Murcia de Caixabank, colaborador de la exposición; Enrique Juncosa, comisario, y Miquel Barceló.

Precisamente Enrique Juncosa mencionó que Kafka trabajaba con el lenguaje como si fuera un material y eso enlaza con la trayectoria de Miquel Barceló, y en esta ocasión con las características que extrae de la técnica de la acuarela. «No ha hecho una representación realista de lo que pasa en la novela sino que refleja de un modo mágico lo que vivió en sus viajes a India y Tailandia en 2019. En la ilustración de La Metamorfosis hay una fuerte irrupción del color con los nuevos pigmentos que utiliza para representar personajes en hileras que se convierten en hombres de las nieves o plantas». Y añade que en estas obras asiáticas hay algo más mental que literal en un período de gran ebullición creativa.

Por su parte Miquel Barceló (Felanich, 1957) dijo que es su primera exposición desde que se declaró la pandemia y que se ha ido adaptando a este nuevo tiempo. Mencionó algunos escritores que, además de Kafka, le han suscitado atención como Raymond Roussel y sus Impresiones de África, o citó a Nabokov en alguna de sus lecciones de Literatura Europea para remarcar que en La Metamorfosis el autor checo preludió parte de las cosas terribles que se vivirían durante el siglo XX. Además subrayó su admiración ininterrumpida por Picasso desde su juventud y afirmó: «toda mi obra es una pura disgresión», ya que una técnica plástica le lleva a otra y así sucesivamente en un proceso de constante reinvención cíclica.

Uno de los atributos asociados a esta muestra en el Museo Picasso Málaga quizá sea su condición de trashumante, un artista como Barceló que observa, vive, lee e imagina una serie de representaciones que incluyen todo un compendio de matices ecológicos, sociológicos, pero sobre todo nos hablan de su rico y apasionado mundo interior. Su afán por experimentar le lleva a pasar de la cerámica a la pintura, del dibujo a la escultura porque todo sale de su modo de relacionarse con el mundo que le rodea. Hay una continúa búsqueda tanto de los temas como de los materiales que usa o su investigación cromática, pero siempre atento a lo que de moderno tiene su mirada al mundo primitivo.

Sus obras hoy forman parte de las principales colecciones de los grandes museos como el Prado, el Louvre, la Galleria Nazionale d’Arte Moderna de Roma, y ha expuesto en los mejores museos y galerías de arte moderno del mundo. Ha recibido importantes galardones nacionales como el de Artes Plásticas en 1986 y el Príncipe de Asturias de las Artes en 2003, entre otros.

Una cosa que llama la atención de Miquel Barceló es su facilidad para hacer suyos los lugares a los que viaja, ya sean países africanos, americanos, asiáticos o sus espacios más habituales como París o Mallorca. En todos ellos sabe construir su estudio para que su inspiración fluya con el olor, la luz, el aire o la tierra que pisa, partiendo de la pintura barroca, del expresionismo abstracto norteamericano de Pollock, el povera italiano, Dubuffet, Picasso, Miró o Tàpies, junto a artistas locales de los países que ha ido habitando, hasta conseguir una síntesis de gran riqueza visual, siempre con elementos orgánicos e inorgánicos con la simbología que representan aquellos que encuentra en la naturaleza:  árboles, peces, animales terrestres y seres humanos.

Durante el recorrido por la exposición observamos cómo el núcleo central gira en torno a esa treintena de cerámicas, un territorio donde las manos de Barceló dan forma a objetos fragmentados y agujereados, en los que van apareciendo algunos elementos figurativos de plantas y seres acuáticos, que sugieren pétalos, aletas y hojas, en algún caso con rasgos antropomórficos. El mallorquín lleva varios años extrujando las posibilidades formales que esta disciplina le permite en su estudio taller de Vilafranca de Bonany (Mallorca), algo que también se ve en sus Tótems de gran formato. Son bloques superpuestos, que evocan la arquitectura clásica, deidades y personajes mitológicos de una civilización lejana.

Aunque ya había ilustrado grandes obras de la literatura universal como el Fausto de Goethe y la Divina Comedia de Dante, ahora ha realizado una serie de quince acuarelas sobre el personaje creado por Kafka, que se suman a otras dos series de aguadas hechas en Tailandia y en la India, en las que aporta un fuerte cromatismo para sugerir mitos y leyendas de Oriente, en ese diálogo entre el mundo animal y vegetal que reflejan el mundo continuo de la mutación. Son muy curiosos los cuadernos de viaje, esa especie de diario íntimo del calendario de un artista.

La pintura está presente en esos cuadros de gran formato, un conjunto de paisajes nocturnos, azules y negros, con tormentosos cielos de plenilunio, en los que combina el movimiento con la luz con algunos ecos de Whistler o Friedrich; un autorretrato de aspecto carbonizado, que ha conseguido arañando una supergicie negra; y alguna pintura con relieves de animales que aluden al arte rupestre como homenaje a la modernidad de la prehistoria.

Y por último, el conjunto escultórico de siete bronces de gran formato, que representa a varias cerillas usadas y retorcidas tras haber sido consumidas parcialmente por el fuego, instaladas en el patio renacentista del Museo Picasso Málaga, que recuerdan las figuras filiformes de Giacometti y en gran medida el paso del tiempo y la fugacidad de la vida.

Como dijo José Lebrero se han pensando una serie de acciones complementarias a las piezas expuestas de Mique Barceló: los visitantes podrán disfrutar de un documental de 6o minutos de duración con la preocupación que tiene Miquel Barceló por la conservación del Mediterraneo: en los próximos días verá la luz el catálogo editado de la exposición; y si la situación sanitaria lo permite está previsto que en junio haya una actividad performativa de Miquel Barceló en el Museo. Julián H. Miranda

  • Del 27 de enero a septiembre de 2021
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