Reabre el túnel por el que José Bonaparte planeaba fugarse de Palacio
Patrimonio Nacional ha rehabilitado el tramo histórico del pasadizo que Pepe Botella mandó construir a Juan de Villanueva para comunicar su residencia real con la Casa de Campo. Un túnel subterráneo que concibió como vía de escape en caso de que le tocase huir de España, cosa que ocurrió antes de ver acabado el proyecto.
Fue uno de nuestros monarcas menos querido y más denostado, hasta el punto de recibir el apodo de Pepe Botella por su supuesta querencia al alcohol. El pueblo español se burlaba así de José I, que había sido puesto en el trono por su hermano Napoleón Bonaparte tras la Guerra de la Independencia. Normal que no quisiera dejarse ver mucho por las calles de Madrid.
Precisamente por eso, mandó construir un túnel secreto que le permitiese salir del Palacio Real y disfrutar de tranquilos paseos sin que nadie le molestase. O para huir con nocturnidad y alevosía en caso de que fuese preciso…
Era 1809, los mamelucos ya habían cargado brutalmente contra los madrileños en la Puerta del Sol y la popularidad del monarca extranjero se encontraba bajo mínimos. Por eso, pidió a Juan de Villanueva un pasadizo privado que le permitiese tener paso libre hacia la Casa de Campo.
Iba a ser el secreto mejor guardado de José I, su vía de escape para marcharse al edificio de la Real Casa de Campo situado enfrente
La verdad es que esa idea de comunicar ambos espacios no era nueva. Ya Felipe II quiso mejorar los accesos desde el Palacio hasta su zona de recreo –entonces la Casa de Campo era bosque de caza– pero nunca llegó a materializarse. Dos siglos después, Villanueva concibió un sencillo paso subterráneo con bóveda de cañón y sillares de granito que arrancaba en la fachada oeste del Palacio Real y desembocaba en la Puerta del Rey.
El Túnel Bonaparte tenía más de 50 metros de longitud, cinco metros de alto y 5,5 de ancho. Era lo suficientemente espacioso como para que pasasen carruajes o caballos, y además ofrecía –dicen– las mejores vistas de Palacio.
Iba a ser el secreto mejor guardado de José I, la vía de escape del monarca para fugarse hasta el edificio de la Real Casa de Campo situada enfrente –le gustaba mucho más que la residencia palaciega–, pero no pudo ser. Porque abandonó Madrid en verano de 1813, poco antes de que se terminara su construcción.
Quienes sí se beneficiaron fueron los monarcas posteriores, que utilizaron la estrecha galería como paso clandestino para moverse a sus anchas sin ser vistos; algunos para evitar al vulgo pedigüeño, otros para salir de la República camino del exilio.
El pasadizo fue testigo de varias transformaciones a lo largo de los años. Con la ordenación paisajística del Campo del Moro, por ejemplo, se le dio aspecto de gruta y en los sesenta del siglo pasado, a raíz de la construcción del Museo de Carruajes, adoptó la forma de caja o reciente. Finalmente, en la década de 1980 se cerró por ambos extremos, encapsulando todas sus leyendas.
Hasta hace justo un año, cuando una de las puertas de madera que cegaba ese Túnel Villanueva o Bonaparte se abrió para acometer los trabajos de rehabilitación del paso, que desde hoy se puede visitar en el mismo horario que los Jardines del Campo del Moro. Se trata de unas labores que han costado cerca de 400.000 euros, sufragados con fondos europeos, y que han consistido en el tapado de fisuras, limpieza del espacio y restauración, tanto de los elementos de ladrillo como de la cantería del interior. Todo para recuperar el aspecto original que debió de tener en su momento.
María Corzo, jefa del servicio de Arquitectura de Patrimonio Nacional, explica que lo más importante ha sido rescatar la proporción uno a uno concebida por Villanueva, rebajando los laterales y recuperando el zócalo de granito. En el pasado se había achatado el espacio y no resultaba tan armónico.
De este modo, se ha reabierto un tramo histórico de la construcción, que sin embargo sigue sin recobrar su función de zona de paso. Es cierto que se puede recorrer, pero solo en una dirección (la puerta del extremo opuesto está cerrada, pertenece al Ayuntamiento y no se abrirá previsiblemente hasta 2027).
Tocará seguir esperando, por tanto, para descubrir esa sensación furtiva que debieron de sentir los reyes al recorrer este pasadizo secreto subterráneo. Sol G.Moreno



