NÚMERO 13 | ENERO-MARZO 2012

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PROTECCIONISMO Y CRITERIO

Me he referido ya en estas líneas a la necesidad urgente de una nueva legislación sobre Patrimonio. Parece obvio que la nueva legislatura es la ocasión para modificar unos criterios obsoletos que, especialmente durante la crisis económica, han perjudicado a galeristas, museos, casas de subastas, particulares, ferias y, por qué no decirlo, también al propio patrimonio español.

El reciente permiso de exportación al retrato pintado por Goya del bordador Juan López de Robredo –que se subastó en Londres– ha provocado una tormenta que ha puesto de manifiesto la falta de criterio de los anteriores responsables del Ministerio de Cultura. Y digo falta de criterio porque no se puede autorizar esta salida e impedir que por ejemplo un Agnus Dei de Zurbarán –hay ya dos en colecciones públicas- no reciba el permiso, por no referirme a otras obras menores.

José Luis Requena, en su artículo de este número de ARS, al analizar las compras de los museos, recuerda el permiso de exportación que las autoridades inglesas concedieron al monumental retrato de los Van Campen, uno de los cuatro grupos familiares que pintó Frans Hals. Tras permanecer depositado durante años en la Galería Nacional de Gales, su propietario decidió venderlo y el Estado permitió su exportación. Es evidente que los países europeos no pueden comprar todo lo que se les ofrece. Y no solo por la crisis, sino por puro sentido común. Contra esto lo único que vale es el criterio; criterio para discernir lo que sí y lo que no. No hubiera sido lógico permitir que este cuadro saliera de España –que carece de obra del pintor holandés– pero parece razonable que no lo compre el estado británico. De la misma forma España no puede comprar todos los goyas que se le ponen a tiro y habrá que confiar en los responsables del patrimonio para que sus decisiones obedezcan a criterios de Estado. Y ahí está el problema: la falta de criterio. Algo que necesitamos más que nunca pues en caso contrario, como ha ocurrido en otros ámbitos, nos lo terminarán imponiendo desde fuera.

Por Fernando Rayón

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