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PASEO POR LOS NUEVOS ITINERARIOS EN EL CENTRO BOTÍN


La programación expositiva del Centro Botín de Santander arranca el próximo 13 de marzo la vigésima cuarta edición de Itinerarios, una apuesta decidida a dar a conocer las tendencias artísticas de esta década, a través de los trabajos de ocho artistas que fueron seleccionados y becados por la Fundación Botín, entre los más de 700, procedentes de más de 50 países, que se presentaron en esta edición. El jurado estuvo compuesto por Ibon Aranberri, Lorena Martínez de Corral, Bárbara Rodríguez Muñoz y Wilfredo Prieto.

El comisario de la nueva muestra- que permanecerá abierta hasta el 3 de junio- nuevamente será Benjamin Weil, director artístico del Centro Botín, que ha señalado que cada nueva edición «permite descubrir sinergias en cuanto a las preocupaciones, pero también los principios operativos de los artistas reunidos». Y en ese sentido apunta que quizá en estos ocho jóvenes se observa una preocupación por la problemática del espacio como parte esencial de sus creaciones y la necesidad de una experiencia física en tiempo real en un universo cada vez más inmerso en pantallas. Todo ello probablemente les/nos ayude a reflexionar sobre qué es la realidad y cómo los límites cada día resultan más difusos y confusos.

Los ocho artistas seleccionados en la nueva edición de Itinerarios son Irma Álvarez-Laviada, Elena Bajo, Josu Bilbao, Felipe Dulzaides, Rafa Munárriz, Alex Reynolds, Leonor Serrano y Pep Vidal. siete de nacionalidad española y uno procedente de Cuba. Las creaciones que exhibirán a partir de la semana próxima no están entre los límites de lo convencional porque narran lo que no se ve, lo poco articulado o lo no dicho, y esas propuestas innovadoras constituyen un buen escaparate de las tendencias del arte más actual, que trabajan con formatos, disciplinas y espacios diferentes, con un objetivo de ir fijando algunos fragmentos de realidad y establecer diálogos entre los diferentes proyectos expuestos de la última tendencia contemporánea.

La gijonesa Irma Álvarez-Laviada (1978) ha elaborado una propuesta multidisciplinar de la reversibilidad del tiempo en su obra titulada Reversibilidad y Utopía, que parte de la restauración de un óleo de José de Ribera y donde Irma ha generado una serie de piezas audiovisuales, fotografías realistas o abstractas y videos, que definen lo incompleto de un obra de arte con el paso del tiempo pero subrayan lo atomizado de la misma como  lo definió Marguerite de Yourcenar en su ensayo El tiempo gran escultor. Por su parte, Elena Bajo en su obra Urania’s Mirror  investiga el impacto ambiental de la explotación de la tierra en regiones de América Latina y las resistencias de las comunidades indígenas a este tipo de objetivos, y más en concreto un proyecto de energía  eólica cerca de Oaxaca (México), en un diálogo con la cosmología de comunidades y ritos ancestrales. A Josu Bilbao sus piezas metálicas oxidadas y trozos de plástico le permiten preguntarse cómo las formas artísticas a veces sirven para negar paradigmas del mundo occidental actual y también cómo el conjunto escultórico planteado ayuda al desaprendizaje en un proceso de investigación constante. El cubano Felipe Dulzaides indaga en cómo la experiencia poética nos afecta y así en su proyecto Deja tu tono en el mensaje nos aproxima a un paisaje sonoro de su Habana natal, con esa extraña armonía entre los afiladores y las bicicletas  que recorren la capital cubana. Un sonido que poco a poco va desapareciendo y se va sustituyendo por otros ritmos urbanos que penetran entre los paseantes y las casas.

En Bloqueo relativo, Rafael Munárriz sitúa el espacio en el que se mueven los ciudadanos y su relación con el entorno, limitado por las coordenadas de movilidad y escoge los bloqueos que ha experimentado en Sao Paulo en relación con puertas metálicas o persianas que permiten vislumbrar aunque no alcanzar lo que hay al otro lado en una curiosa ambigüedad. Alex Reynolds en su trabajo audiovisual A Fox Comes In explora un concepto como el de la hospitalidad y sus consecuencias, ahondando en los roles que definen el relato, el guión y el ritmo con el uso de códigos cinematográficos en una síntesis de los sonidos y ruidos musicales o domésticos entre los dos personajes que protagonizan la historia, el anfitrión y el invitado o intruso.

Por otro lado, Leonor Serrano en su video instalación The dream follows the mouth (of the one who interpretes it) presenta dos movimientos escultóricos entrelazados que, al desarrollarse, solapan fondo y figura a través de la danza y el tarareo, en una coreografía modular donde los personajes terminan por mimetizarse en un estado de ensoñación. Y por último, el lirismo de Pep Vidal en su proyecto El árbol y las vacas donde nos revela lo que la realidad esconde, apoyándose en seis esferas hinchables de PVC organizadas en volumen descendente, de mayor a menor, o viceversa, dependiendo del ángulo que tome el espectador, en una especie de interacción con lo interminable. En suma un conjunto de unos artistas que nos invitan a recorrer caminos del arte más reciente. Julián H. Miranda

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