OSCAR VAUTHERIN: “Entiendo el arte como un canal para transgredir las fronteras y los límites culturales, físicos y políticos”

OSCAR VAUTHERIN: “Entiendo el arte como un canal para transgredir las fronteras y los límites culturales, físicos y políticos”

OSCAR VAUTHERIN: “Entiendo el arte como un canal para transgredir las fronteras y los límites culturales, físicos y políticos”

Enemigo de los prejuicios, este autor madrileño entiende el arte como una especie de catarsis personal en la que muestra los temas que más le preocupan: la falta de libertad, la inmigración, la violencia o los estereotipos. Sus obras desprenden una fuerte carga social y representan experiencias concretas que ha vivido durante su descubrimiento a la hora de fijarse en el otro. “Necesitamos comprendernos entre nosotros y dejar que las vivencias de los demás nos salpiquen de un modo tangible”, explica. Ahora condensa parte de su producción en Tiempo para lo imposible en La Neomudéjar de Madrid, con casi una treintena de piezas donde muestra su faceta más comprometida. Charlamos con Óscar Vautherin sobre esta exposición y sobre la génesis de su trabajo de las dos últimas décadas.



Óscar Vautherin junto a “AK-IDIOT”, obra de 2009. Fotografía: Paloma Hiranda.

*¿El título de la muestra tiene relación con este año insólito que acabamos de cerrar o es una reflexión más genérica?

*Para mí el Tiempo para lo imposible es una declaración de principios, porque considero que es algo que acompaña mi obra desde el inicio. Tiene que ver con una actitud de vida que invita a abrazar caminos inciertos. Aunque dado el signo de los tiempos, cobre una nueva dimensión…

*Esos “caminos inciertos” le han llevado a experimentar con el vídeo, la instalación y la escultura. ¿En qué formato se siente más cómodo?

* Confieso mi predilección por la instalación, que empecé a trabajar a partir de 1999 con una base escultórica. Me gusta porque es un recurso que, por su complejidad espacial y multiplicidad de matices, me permite ofrecer un diálogo más abierto con el espectador y desmontar el prejuicio que tenemos ante las miles de imágenes que vemos a diario, ya sea en forma de fotograma, publicidad o fotografía.

*Volvamos al concepto de “lo imposible” para rebasar fronteras y abrir nuevas vías de experimentación. ¿Dónde están los límites de su obra?   

* El límite de mi trabajo lo establece el no caer en la anécdota, la idea feliz o la chorrada del todo a cien.

* Yo creo que las obras aquí expuestas son muy serias, como las demoledoras AK-idiot o Memoriam, ¿Se ha inspirado en episodios concretos o trata de hacer una denuncia contra la violencia?

«En Memoriam expongo la talla de una niña que, sentada en una silla, sostiene un montón de plumas mientras es fusilada a balazos en un campo de tiro».

* Son piezas que no se corresponden con ningún episodio histórico, pero tampoco las entiendo como una denuncia sino como una reflexión. AK-idiot,  por ejemplo, surge de una propuesta para hablar del Ak-47 con motivo del aniversario del invento de Kalashnikov. Empuñar un fusil donde se lee “idiota” es sentenciar, sin lugar a dudas, la intención de quien lo sostiene. Y en Memoriam expongo la talla de una niña que, sentada en una silla, sostiene un montón de plumas mientras es fusilada a balazos en un campo de tiro. La escultura se convierte así en un muñón, mientras un vídeo graba [y reproduce en bucle] las plumas en suspensión, como metáfora de la memoria y su fragilidad, salpicada de emoción, que varía según la mirada del espectador.

*Gran parte de su producción posee un componente social, ¿se considera un “artista comprometido”?

* El compromiso es, en primer lugar, conmigo mismo, porque siempre hablo desde mi experiencia; a eso debo mi mayor fidelidad y honestidad. Entiendo que compartimos un mismo barco y que vivimos dentro de un mismo escenario, por tanto me interesa todo lo que tengo en común con usted, un africano o con un chino, con los que no comparto ni idioma ni bagaje cultural. Eso convierte mi trabajo en comprometido con lo social. Y es que yo entiendo el arte como un canal para transgredir las fronteras y límites culturales, físicos y políticos.

* De hecho ha viajado a países subdesarrollados para conocer los problemas que les azotan, ¿no es así?

*Sí, es cierto que tengo debilidad por el África subsahariana, aunque nunca me he acercado a estos países con la sensación de recorrer el subdesarrollo. Por el contrario, he encontrado en muchos de ellos un motor creativo e inspirador. En mi trabajo trato de cuestionar el engaño bajo el que vivimos, desmontar las máscaras bajo las que nos ocultamos y huir de esa voz que nos embauca para hacernos creer que estamos necesitados de todo tipo de objetos o afectos. Creo que esta conducta aparece muy atenuada en sociedades menos contaminadas por el materialismo como los países que frecuento, por eso encuentro una mayor inspiración allí.

Óscar Vautherin. “Memoriam”. 2009.
Óscar Vautherin. “Equilibrio doméstico".
«El humor permite desplazar la silla donde estamos sentados para volver a mirar la escena unos metros más allá».

* Algunas obras como Huerto sostenible (plagado de casquillos de bala) o Equilibrio doméstico (con unas piernas de mujer que sostienen una casa) poseen un humor irónico. ¿Cree que es necesario un poco de sarcasmo para enfrentarse a los problemas de la sociedad actual?  

* Sin duda yo me lo paso bien haciendo mi trabajo y eso es algo que muestro. Por otra parte, creo que los problemas lo son mientras aprendemos a mirarlos desde otra posición, en ese sentido el humor permite desplazar la silla donde estamos sentados para volver a mirar la escena unos metros más allá.

* Tiene una pieza titulada Mi ego, ¿es un autorretrato?

* No, esa obra es precisamente un chiste. En ella el ridículo de mi ego queda manifiesto en forma de disco rayado, estridente e insoportable para los demás, así como vergonzante firma de uno mismo. En esta exposición, he aprovechado la ocasión para convocar a amigos que conocen mi trabajo y les he invitado a que escriban las reflexiones que les inspiran las obras, y hacerlas presentes en el catálogo que publicará el museo. De algún modo, todas esas personas están en mi producción y encuentro ahora una oportunidad de devolver un espacio a su contribución.

Óscar Vautherin. “No es país para viejos”. Fotografía: Paloma Hiranda.

*Hábleme de sus inicios, ¿cómo fueron sus primeros pasos? 

* Cuando estudiaba Arquitectura tenía pegado a la Escuela el que fue Museo de Arte Contemporáneo, recuerdo que me pasaba las noches enteras pintando. Dediqué cuatro años a la abstracción y para cuando entré en Bellas Artes ya había dado el salto a la escultura. Entonces ya sabía trabajar la piedra, que había aprendido de canteros del cementerio, y modelaba piezas como Didáctica (1995). Comencé en la escuela de BBAA para aprender a editar en vídeo, asistí a varias clases como oyente y después lo dejé.

*Ahora La Neomudéjar hace un repaso por sus 26 años de creación, ¿qué siente al echar la vista atrás y ver todas estas obras juntas?

* La continuidad en mi trabajo creo que es inequívoca. En este sentido me reconozco afortunado, disfruto apasionadamente de todo el proceso de ejecución de la pieza. Cuando miro este conjunto de obras aquí expuestas [hasta el 28 de marzo] observo en ellas pequeñas conquistas; son hitos entre mis muchos proyectos inconclusos y las considero la esencia de mi trabajo. Sol G. Moreno

Vista de sala de la exposición, al fondo “Hoy deciden tu suerte”. Fotografía: Paloma Hiranda.