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Mondrian y De Stijl en el Museo Reina Sofía, una muestra necesaria


Resulta curioso que 26 años después de la muestra que organizó la Fundación la Caixa en Madrid y en Barcelona dedicada a Piet Mondrian y Vasily Kandinky, vuelvan a coincidir en el tiempo la muestra Mondrian y De Stijl, organizada por el Museo Reina Sofía y por el Stichting Kunstmuseum de la Haya, gracias a la colaboración de la Comunidad de Madrid, con la exposición que el viernes 20 de noviembre se abrirá en el Museo Guggenheim Bilbao, patrocinada por la Fundación BBVA, dedicada al maestro ruso. Kandinsky y Mondrian lideraron desde postulados estéticos diferentes el camino hacia la abstracción en las primeras tres décadas del siglo XX.

La exposición del Museo Reina Sofía reúne casi un centenar de obras, seleccionadas por el comisario Hans Janssen, 35 de ellas de diferentes períodos creativos de Piet Mondrian (1872, Amersfoort – 1944, Nueva York) junto a otros artistas representativos de De Stilj como Theo van Doesburg, Bart van der Leck, Georges Vantongerloo, Gerrit T. Rietveld, Vilmos Huszár o Kurt Schwitters,  entre otros, así como objetos y documentación de la época (ejemplares de De Stijl, correspondencia, fotos, catálogos, etc.), algunas de ellas en vitrinas a lo largo del recorrido.

El movimiento De Stijl, liderado por Piet Mondrian y por el creador de la revista del mismo nombre, Theo van Doesburg, marcó el rumbo del arte abstracto geométrico desde los Países Bajos e imprimió un cambio drástico de la cultura visual después de la Primera Guerra Mundial. Para el artista holandés, que había empezado desarrollando la figuración, el simbolismo y luego el cubismo, su concepto de la belleza se articulaba en base a la estructura y la composición del color y las líneas. Fue un estilo disruptivo y original para difuminar las fronteras entre disciplinas artísticas y de ese modo rebasar los límites de la tradición del espacio pictórico.

El primer número de la revista se publicó en 1917 y el último data de 1931, sirviendo de plataforma para difundir las ideas de esta nueva plástica y superar el tradicional provincialismo holandés, aunque Mondrian y Theo van Doesburg separarían sus caminos a mediados de los años 20. La publicación fue también un modo de compartir y de comunicarse para los creadores más representativos del movimiento, a través de cartas y artículos.

Resulta muy oportuna esta gran exposición, enmarcada en la conmemoración del 30 aniversario del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, porque permite conocer mejor la obra de Piet Mondrian, un artista no demasiado conocido en nuestro país, salvo la exposición que le organizó la Fundación Juan March en 1982 y la citada con Kandinsky, así como el contexto artístico en el que desarrolló su talento creativo uno de los referentes de la Modernidad junto a Pablo Picasso. En el catálogo escribe Hans Janssen que “existen razones de peso para afirmar que Piet Mondrian, un héroe en las artes visuales, es el artista moderno por antonomasia”.

La sala 1 del edificio Sabatini acoge en nueve de sus salas y en orden casi cronológico esa treintena larga de obras de Mondrian y más de 60 del resto de integrantes del movimiento De Stijl. Un montaje limpio nos permite disfrutar de las piezas procedentes mayoritariamente de museos holandeses, europeos y norteamericanos, así como del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid.

La primera sala acoge nueve pinturas de los primeros pasos de Mondrian como artista y ahí vemos su excelente dominio del pincel en Naturaleza muerta con naranjas (1900); el retrato de la reina de los Países Bajos, Guillermina; dos crisantemos; una liebre muerta; Granja con acequia y árboles, datado en 1903-1904, o ese paisaje marino.

Todas esas composiciones, algunas de corte naturalista y simbolista, revelan a un artista que cada vez dominaba mejor la técnica. Y dan paso a otra sala que refleja la sensibilidad que existía en esta época en Holanda en relación a la función social del arte y, en particular, respecto a la disciplina de la arquitectura.  En ese espacio se exhiben diseños de interiores, fotografías y alzados de edificios gracias al trabajo colaborativo del arquitecto Berlage o de planes urbanísticos para ciudades como Ámsterdam, entre otros.

La tercera parte es una continuación lógica de los primeros trabajos de Mondrian, con otras ocho composiciones del maestro holandés. Por un lado, óleos como  Noche de verano (1906-07), Paisaje grande (1907-08), Árbol azul (1908), Bosque cerca de Oele (1908) y Días de verano (1908), entre otros, caracterizados por el sosiego y expresividad; y por otro, Metamorfosis y Devoción, ambos de 1908, algo más simbólicos, sin dejar de mencionar el puntillismo que define a esa composición con una manzana.

Y enlazando con esto la búsqueda de la belleza universal que le llevó a París en 1911. Son cuatro obras de gran plasticidad, donde Mondrian transita por un cubismo muy personal: Composición II (1913), Composición XIII, Composición 2 (1913), Composición XIV (1913) y Fachada de iglesia 1, Domburg (1914). Mondrian escribió que «en el arte plástico, la realidad sólo puede expresarse a través del equilibrio del movimiento dinámico de la forma y el color, y los medios puros (limpios de funcionalidades de representación) ofrecen la forma más eficaz de conseguirlo». Según Janssen en 1917, «nació entonces un nuevo lenguaje plástico que, cuatro años después fue bautizado como Neo-Plasticismo, el arte de De Stijl».

Las salas quinta, sexta y séptima centran la atención en el movimiento De Stijl y en artistas como Theo van Doesburg, Gerrit T. Rietveld, Vilmos Huszár, Christ Beekman o Georges Vantongerloo, entre otros, que coincidieron con Mondrian en esa búsqueda de un nuevo arte completamente abstracto que apelara directamente a las emociones.

Un caso destacado fue Theo van Doesburg que consiguió aunar y expresar en la revistas los afanes por experimentar. Se exhiben más de una docena de piezas del fundador de la revista De Stijl, bien solo o con otros creadores. Pinturas, dibujos y maquetas que revelan la diversidad de un trabajo colaborativo, que fue a la vez fortaleza y debilidad del movimiento.

Otros casos fueron el de Bart van der Leck y su Composición 1917, nº 2 (Carro de perro) (1917); el enfoque más sistemático de Georges Vantongerloo en Composición emanada de la hipérbole de equilibrio xy=k con acuerdo de vert et rouge (1929), que partió de una fórmula matemática para crear este cuadro; la singularidad de Gerrit T. Rietveld en esa serie de sillas y tronas, aparador; la reconstrucción parcial de ese dormitorio de niños en la villa Arendshoeve de la familia Bruynzeel en Voorburg (1919-1920), cuyos muebles diseñó Pieter Jan Christophel Kaarhamer  con el color de Vilmos Huszár; la maqueta de Melnikov para un parking de 1.000 plazas; una composición de Hans Arp y otra de Kurt Schwitters, entre otras.

Y en las dos últimas salas, una docena de composiciones de Piet Mondrian. En ellas deja patente su evolución a finales de la década de los 20 y durante las dos décadas siguientes con los recursos plásticos que habían caracterizado su trayectoria abstracta. Las líneas horizontales y verticales que delimitan planos de color blanco, rojo, amarillo o azul le ayudan a descubrir intuitivamente la infinitud de oportunidades compositivas ocultas que eran posibles.

Y lo hizo engarzando formas en sus pinturas de finales de la década de los años 20, gracias al uso de recursos limitados en Composición  con negro, rojo y gris (1927) y en Composición con rojo, negro, azul y amarillo (1928), mientras en la década de los 30 sustituyó el equilibrio más clásico de sus piezas por un equilibrio dinámico, como puede advertirse en Composición C (nº III) con rojo, amarillo y azul y Composición (nº1),gris, rojo, ambas de 1935.

Piet Mondrian emigró a los Estados Unidos en 1940, donde se llevó diecisiete pinturas que había realizado durante su estancia en París en los años anteriores, en las que se superponían densas cuadrículas de líneas horizontales y verticales, como Ritmos con líneas negras (1937-1942), Pintura II, (1936-43) y New York City 3, un óleo inacabado de 1941, con esas retículas con tiras de color rojizas, azules, amarillas y negras sobre fondo gris.  Mondrian comenzó a transformar estas pinturas y su lenguaje visual; introdujo bloques de pintura de color que parecían moverse con libertad para alterar la estructura rítmica de su arte, algo que persiguió hasta el final de su vida. No se la pierdan, uno de los grandes hitos expositivos del último trimestre de 2020 y primeros meses de 2021.

*Hasta el 1 de marzo de 2021

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