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‘Mateo Cerezo el joven: materia y espíritu’ en la catedral de Burgos

La Seo celebra la primera exposición dedicada al pintor de origen burgalés bajo el amparo de la Fundación VIII Centenario de la Catedral y comisariada por Ismael Gutiérrez Pastor, profesor del departamento de Arte de la Edad Moderna de la Universidad Autónoma de Madrid, y por René Payo Hernanz, vicerrector de Cultura de la Universidad de Burgos.


Ayer se inauguró en la catedral de Burgos Mateo Cerezo el joven: materia y espíritu, la primera exposición monográfica dedicada al pintor del siglo XVII. La muestra se incluye dentro de las actividades organizadas por la Fundación VIII Centenario de la Catedral –el 20 de julio de 2021 se cumplirán 800 años de la construcción del templo– y se suma a otras exposiciones como Et incarnatus est. Venancio Blanco, obra religiosaJosé Gutiérrez-Solana y la religión Gaudí y la Sagrada Familia en la Catedral de Burgos. Una experiencia interior.

Los comisarios, Ismael Gutiérrez Pastor y René Payo Hernanz, han propuesto un doble recorrido a través de 22 lienzos y cuatro estampas. Por un lado, uno cronológico por la corta vida de Cerezo (Burgos, 1637 –Madrid, 1666), que presta especial atención a las obras creadas en Valladolid y Burgos entre 1658 y 1660 y se prolonga hasta el año de su muerte. Por otro, se plantea una lectura iconográfica, donde los temas más repetidos por el burgalés, como la Inmaculada Concepción, la Magdalena penitente, o sus muy valorados bodegones, se agrupan para su comparación.

Las obras han sido prestadas en su mayoría por numerosas instituciones, como el museo de Burgos, el de Guadalajara, la Calcografía Nacional, el Museo de San Telmo, la catedral de Palencia o la Diputación de Segovia. Pero también hay algunas pinturas procedentes de colecciones particulares de Madrid, Barcelona o Murcia.

El conjunto permite conocer de primera mano la trayectoria del artista que antes de cumplir 17 años se trasladó a Madrid para ser alumno de Juan Carreño de Miranda. Junto con Juan Antonio de Frías y Escalante, José Antolínez y Juan Martín Cabezalero, pertenecía a la generación que debió dar el relevo a los maestros de la escuela madrileña: Miranda, Francisco Rizi y Francisco de Herrera (los tres fallecidos en 1685). La muerte prematura de los aspirantes –la más temprana de todas, la de Cerezo con 29 años– truncó ese destino.

Desde sus comienzos con El cuerpo de Cristo muerto sobre su sudario San Francisco de Asís y el ángel con la ampolla de la pureza sacerdotal se puede contemplar la rápida evolución hacia los Desposorios místicos de Santa Catalina y el Cristo de la Agonía y la facilidad para la asimilación de modelos flamencos y venecianos (dos de sus principales influencias). Sus últimos años están representados por un San Miguel arcángel, de reciente descubrimiento y restauración, que se expone al público por primera vez. Héctor San José

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