Maestros clásicos y modernos inagotables
El director del Museo de Bellas Artes de Valencia, Pablo González Tornel, reúne en casa una selección de 84 obras maestras de la Colección BBVA enmarcadas entre los siglos XVI y principios del XX. Hasta el 15 de febrero se pueden ver creaciones de 71 artistas tan relevantes como Goya, Murillo, Van Dyck o Sorolla.
Una muestra que lleva por título Clásicos y Modernos no promete grandes sobresaltos. El terreno está más que trillado y, en cierto modo, es arriesgado: ¿Qué más pueden aportar los cuadros a una conversación tantas veces expuesta? Por eso mismo sorprende cuando un comisario encuentra otra manera de contar lo de siempre sin repetirse.
Hubo un tiempo en España donde la excelencia del retrato cortesano se puso a prueba con un modelo poco agraciado: el enclenque y enfermizo Carlos II. Su pintor de cámara, Juan Carreño de Miranda, salió airoso de esta tarea y logró hacer de la abulia un retrato del poder.
Siglos después, desde las salas del Museo de Bellas Artes de Valencia, el monarca regresa a escena como símbolo de otro desafío: cómo insuflar vida a un relato aparentemente agotado.
El director de la pinacoteca, Pablo González Tornel, encuentra en estos retratos monárquicos, así como en paisajes, campesinas y burgueses, una nueva forma de narrar “la construcción de Europa con mayor claridad que en cualquier libro de Historia”, antes de añadir que “comisariar esta muestra ha sido un regalo que me ha permitido investigar uno de los fondos artísticos más ricos de España”.
La propuesta expositiva se articula en tres secciones que nos asoman a cinco siglos de obras maestras (84 en total). El primer apartado responde al “tiempo de los reyes y los dioses”, donde el arte –en concreto, el retrato– se erigió como un instrumento al servicio del poder y la religión.
Desde los duques borgoñeses a la casa de los Habsburgo y los Borbones españoles, los retratos del mencionado Carreño de Miranda, Goya, Pantoja de la Cruz y las obras religiosas de Murillo, Van Dyck o Josefa de Óbidos son ejemplos del poder de la pintura como lenguaje visual de autoridad y fe.
En esta misma sección se pone en evidencia que, aunque los monarcas reclamaban su lugar como cúspide de la jerarquía social y miembros de un sólido linaje, hubo autores que también exigieron que “la memoria de su vida no se desvaneciera” a través del subgénero del autorretrato. Uno de los casos más representativos de la muestra es la miniatura de Corneille de Lyon de la Colección BBVA.
Las salas dedicadas al “triunfo de los géneros: paisajes, bodegones y costumbres” celebran lo cotidiano y el mundo natural, con obras de maestros flamencos, holandeses y españoles como Jan Brueghel, Jan Wildens, Melchior de Hondecoeter, Tomás Yepes o Paul de Vos, entre otros.
De esta singular producción pictórica nos dice la exposición que solía carecer de cliente y ubicación predeterminados, su destino podía ser cualquier lugar y su comprador todo aquel que pueda costear su precio. Además, señala que su potencial comercial la vinculó enseguida con el mercado del arte y el ascenso de la burguesía.
Se dejan para el final “los caminos de la modernidad”, última sección en la que se aborda el tránsito del academicismo al realismo y la llegada de la era moderna con las transformaciones políticas y sociales de los siglos XIX y XX.
De este modo, las piezas de Sorolla, Arteta, Regoyos, Rusiñol y Zuloaga ilustran la variedad de estilos que convivieron en la España contemporánea: desde el modernismo catalán y el realismo diáfano valenciano, hasta los artistas más críticos y comprometidos con la crisis del 98. Nerea Méndez Pérez








