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El universo de los Zubiaurre en el Museo de Bilbao


El pasado miércoles el Museo de Bellas Artes de Bilbao abrió al público la exposición Los Zubiaurre. Memoria gráfica, comisariada por el fotógrafo e historiador Ricardo González con la colaboración de Mikel Urizar, jefe del Departamento del Archivo del Museo de Bilbao. Patrocinada por Petronor, la muestra reúne un conjunto de fotografías y películas relacionadas con Valentín de Zubiaurre (1879-1963) y su hermano Ramón (1882-1969), y suponen un hallazgo importante de cómo estos dos pintores fueron capaces de tomar imágenes estáticas o en movimiento, muy alineadas con su producción pictórica. Todo este material forma parte del universo personal de ambos creadores vascos porque se han conservado más de 1.200 ejemplares fotográficos y 27 películas.

Los hermanos Zubiaurre, originarios del pueblo vizcaíno de Garai, nacieron en Madrid porque su padre se trasladó al ser el maestro musical del Palacio Real. Ambos eran sordomudos pero tuvieron una carrera artística de éxito, exponiendo en Madrid y en País Vasco. Como ya ocurriera con otros artistas españoles y europeos la fotografía tuvo una clara penetración tanto en lo personal como en el ámbito artístico. En lo primero la esfera de lo personal y de ocio, fundamental para explicarnos el contexto familiar de ambos pintores, pero sobre todo porque las fotografías expuestas y las películas denotan que su formación como artistas les dotó de una amplia cultura visual para otras disciplinas como la fotografía y el cine.

Los cuatro álbumes de juventud dedicados a sus estancias en el País Vasco construyen un territorio familiar y de la memoria a través de relatos que son crónica y recuerdo de sus actividades, a la vez que conforman una suerte de ficción en torno a su vida. Son éstos unos relatos en los que se concede gran importancia al lugar de procedencia de la familia y a las ficciones que allí se construyen. Ambos poseían una gran capacidad narrativa, visible en estos relatos visuales de fotografías fijas. Más adelante también supieron ir fijando una crónica familiar gracias a una cámara de cine amateur, que les sirvió para contar nuevas historias, ahora en movimiento, como un continuum temático y conceptual. Y todo ese corpus en ambas disciplinas, unido a su producción como pintores, terminó de configurar un mundo plástico rico y singular.

Paralelamente a la exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el ayuntamiento de Garay también exhibirá una selección de fotografías y películas para profundizar en el marco geográfico al que la familia Zubiaurre estaba vinculada.

La exposición Los Zubiaurre. Memoria gráfica se articula en seis salas , dedicando la primera a la familia y sus años de formación en un entorno burgués con residencia en la capital y largas temporadas en Garai y Ondarroa. Las fotos y películas de esta parte nos ilustran sobre la simbología de un espacio físico, en el que desarrollaban su vida cotidiana, y de la clase social de una familia dedicada a las artes, con los lugares que frecuentaban en Madrid, en el Duranguesado y en los alrededores de la capital.

La sala segunda nos desvela sus viajes, en una especie de autobiografía en imágenes, ya fuera por España o conociendo países europeos, en búsqueda de arte y belleza, desde Sevilla, Toledo, Ávila y Segovia, o también visitando y tomando imágenes de Barcelona, Dinamarca o la zona de Candeleda y Zamora, entre otros lugares.

Desde su juventud los Zubiaurre tenían una clara intención en contar historias y por eso en la sección de Ficciones encontramos fotografías y tres películas, grabadas en Garai o alrededores, que incluso tenían cierta influencia de la pintura académica española, para narrar documentos imaginarios como El cuento del abuelo, y otras dos que manifiesta el contraste entre una visión alegre o triste de la vida, teñida de melancolía en el paisaje vasco.

Y esa visión sobre el País Vasco se revela en una serie de fotografías y películas que tienen el marco geográfico como centro. En ambas disciplinas fue un territorio vivido, con elementos simbólicos que revelaban un orgullo de pertenencia a esa comunidad. En los cuatro álbumes de fotografía se desarrolla un itinerario visual, en el que se yuxtaponen el espacio, las ficciones y el ámbito familiar, para tejer un espacio vivido. En las cuatro películas, que tienen como eje al País Vasco, todas ellas filmadas entre 1929 y 1930, van conformando una memoria visual personal de Garai, de Ondarroa y de varias excursiones por ciudades y pueblos de Vizcaya y Guipúzcoa.

Por último, la sala dedicada a la relación con su pintura, porque aunque no se pueda establecer una relación directa entre la fotografía y el cine con sus composiciones pictóricas, si que se advierten que muchas de sus pinturas forman parte del imaginario que está presente siempre y que terminaría conformando el universo de temas fijados en sus óleos. Julián H. Miranda

  • Hasta el 6 de octubre
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