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Los signos de Alberto Corazón en Fuendetodos


 

Un artista y creador visual como Alberto Corazón (Madrid, 1942) , diseñador de éxito nacional e internacional, pintor, escultor, fotógrafo y escritor, cuyos logotipos y signos ya forman parte del imaginario colectivo para millones de españoles por las empresas e instituciones para las que ha trabajado y que llevan su marca, como la Biblioteca Nacional, Casa de América, varios ministerios y Comunidades Autónomas, y numerosas empresas. Sin embargo en su lado más artístico, pero siempre relacionado, se conoce bien su faceta plástica como pintor y escultor, con obras presentes en numerosos museos españoles e internacionales, pero algo menos en una disciplina tan rica como el grabado, en la que ha demostrado de nuevo versatilidad, dominio de la técnica y una cuidadosa selección de papeles para sus texturas y eso es algo que ha cultivado los últimos 50 años, desde 1968 hasta ahora.

Para paliar este leve conocimiento de su quehacer como grabador, todo un universo para Alberto Corazón, el Consorcio Cultural Goya Fuendetodos y la Diputación Provincial de Zaragoza, organiza desde hoy y hasta el 16 de junio la exposición retrospectiva Alberto Corazón. Obra gráfica 1968-2018, que  reúne 71 grabados de varias medidas (alguno de 2 metros), abarcando la cronología del último medio siglo de una labor silenciosa en el que ha cultivado casi todas las técnicas posibles de la obra gráfica: aguafuerte, punta seca, serigrafía, monotipo, litografía y fotolitografía, así como cuatro libros de artista en formato de fuelle. Dada la monumentalidad de la exposición está dividida en los dos espacios expositivos del pueblo que vio nacer a Francisco de Goya, uno de los artistas más admirados por Alberto Corazón, la sala Ignacio Zuloaga y la sala de exposiciones temporales del Museo del Grabado de Goya. Y tanto por la selección de las piezas que cuelgan en ambos lugares no deja de ser un homenaje a Goya, y en menor medida a Rembrandt, muy visible en el catálogo que ha diseñado el propio artista para recoger toda su obra gráfica, que además de reproducir la obra expuesta incluye textos de Enrique González, Ricardo Centellas y Fernando Rayón, que revelan aristas interesantes de su vocación como grabador y sus preocupaciones estéticas principales en sus más de 50 años de actividad visual.

Uno de sus primeros grabados lo hizo en 1968 cuando contaba poco más de 25 años, El Comité Central de Lenin en el año 1938, un libro en acordeón compuesto por doce serigrafías, con un anverso tipo cuadro de honor fotográfico del comité comenzado y concluido por la misma foto de Lenin en los que iba informando de la situación, ya fuera de muerte, fusilamiento o desaparición de todos los miembros menos Stalin, único superviviente y sucesor de Lenin. Mientras en el reverso fue incluyendo fotografías tramadas de grano grueso de la masa proletaria con los extremos ocupados de nuevo por Lenin y a veces con su famosa sede con peluca y sin barba que utilizó para parecer un obrero finlandés de 1917, así como postura de arengar a las masas. Este grabado fue realizado treinta años después de la gran purga hecha por Stalin y con una mirada irónica de los últimos años del franquismo a finales de los años 60, en un período de efervescencia política para España.

Sin embargo, un año más tarde, en 1969, Alberto Corazón ya unió su desarrollo como grabador a Francisco de Goya, al seleccionar la estampa segunda de los Desastres de la guerra (1810-1815), cuyo título era Con razón o sin ella, en la que el autor de Los fusilamientos del 2 de mayo reflexionaba sobre el absurdo de la guerra y de la violencia. Corazón eligió esa escena de un hombre que agoniza en el grabado de Goya para construir su propia obra y descontextualizar la imagen de Goya hasta incluir la influencia de la fotografía, la cinematografía y la televisión para multiplicar las imágenes sucesivas en un plano simultáneo. Ese grabado en negro  acentúa la monocromía de la serigrafía para conferir un sesgo de horror  dentro de un tono narrativo de gran potencia visual. Esa técnica fotográfica en 1972 la plasmó en un heliograbado titulado Transeúntes, con ecos de Stanley Kubrick en 2001, una odisea del espacio o del propio Antonioni en Blow-up, con dos rasgos interesantes el misterio y la ironía.

El artista madrileño siguió fiel a Goya en la década de los 70, aunque siguió recogiendo las influencias del arte conceptual en su obra gráfica y una buena prueba de ello como sostiene Ricardo Centellas en el catálogo fue retomar al genio aragonés como fuente gráfica y más en concreto la serie de los Caprichos hasta crear 10 heliografías y acuarela en las que contextualizó algunos fragmentos de la popular serie de Goya con imágenes de la segunda mitad de los años 70.

Fernando Rayón en su texto El grabador furtivo recoge algunas revelaciones del propio Corazón en torno al grabado. Para este miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando el grabado es algo más que una disciplina para convertirse en un laboratorio porque la obra gráfica es algo singular y original. Si a esto le unimos que este artista está fascinado por las diferentes variedades de papel que ha ido seleccionando a lo largo del tiempo, eso da idea del universo amplio que se abre para el tacto, con las  diferentes texturas conseguidas.

Alberto Corazón ha investigado sin cesar a lo largo de su dilatada trayectoria en todos los formatos que ha desarrollado. Como escribe en el catálogo Enrique González, profesional que ha colaborado con él en el taller de grabado, la serigrafía le ha permitido una translación del lenguaje fotográfico al lenguaje plástico para investigar sobre la  línea, el color, la composición o el concepto de lo positivo y lo negativo, tan relevante en su obra gráfica. Y además recoge unas palabras del propio Alberto Corazón cuando estaban preparando la retrospectiva en Fuendetodos: «… mientras antes pase la juventud mucho mejor, normalmente cuando eres joven tienes ocurrencias, pero no eres un creador de verdad. La experiencia, el conocimiento, la vida… es algo importantísimo para hacer con arte mayúsculas…».

En la retrospectiva de su obra gráfica se presenta también el aguafuerte Disparate de Fuendetodos (número 69 de la serie), creado por el artista con motivo de esta muestra, junto a la plancha de cobre.  El título de este Disparate es Emblema y Corazón lo explica de la siguiente manera: «Y así me propongo escribirlo sobre el grabado [el título Emblema], uno a uno. Las estampas de Emblemas se generalizan a partir de 1400, cuando las prensas xilográficas integran imagen y texto. Responden a una iconografía simbólica que, se supone, está generalizada en aquellos tiempos. Pero que para nosotros es hermética».

Y añade: «El Emblema que he trazado sobre la plancha de cobre presenta un cuchillo y un cuenco. Y ambos ceñidos por una A y una Z, origen y fin del alfabeto. Mi propósito es provocar interpretaciones en cada uno de los espectadores, cuanto más diversas más interesantes. Este Disparate es un Disparate y un Emblema». Julián H. Miranda

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