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LOS DOS CUADROS NAZIS DEL MUSEO DE PONTEVEDRA


Los estragos del expolio nazi de obras de arte vuelven a tocar nuestro país. Tras la reclamación por la familia Cassirer del pissarro de la Fundación Thyssen-Bornemisza, obra expoliada por los nazis que llegó a la Fundación a través de la venta de la colección del Barón y siendo la Fundación un tercero de buena fe a título oneroso que no actuó como encubridora del delito, ha llegado una nueva reclamación de restitución por el expolio nazi, en este caso, al Museo de Pontevedra. Se trata de dos tablas flamencas que forman el díptico Mater Dolorosa y Ecce Homo (1410/1420-1475), de Dieric Bouts –aunque hasta los años treinta del siglo pasado había estado atribuido a Roger van der Weyden– que han sido reclamadas por el gobierno de Polonia.


Siempre se había pensado que España estaba fuera del circuito de reclamaciones de los herederos de las familias despojadas de sus bienes en el Holocausto. Sin embargo, no es cierto que el holocausto del arte haya pasado de largo por nuestro país. Marchantes y agentes españoles colaboraron activamente en el tránsito de piezas por territorio nacional con destino a otros países –sobre todo a Sudamérica– pero también a colecciones españolas.

Quienes han estudiado las vías de escape de las obras de arte incautadas en los meses finales del conflicto han detectado que España fue uno de los circuitos más frecuentados por los nazis a la fuga y por marchantes que operaban fundamentalmente desde el territorio francés de Vichy sometido al dominio alemán.

En este caso, el díptico podría pertenecer a la prestigiosa colección polaca del castillo de Goluchow, incautada en 1941 durante la ocupación alemana. Fundada a finales del siglo XIX por la princesa Izabella Czartoryska-Dzialynska, la colección de Goluchow no debe ser confundida con la colección Czartoryski del Museo de Cracovia, creada en 1796 por su abuela que, a la sazón, también se llamaba princesa Izabella Czartoryska.

Esta última colección, que contiene entre sus obras ni más ni menos que La dama del armiño de Leonardo da Vinci, fue objeto de venta en 2016 al Estado polaco, mientras que la colección del castillo de Goluchow sigue en manos privadas, en cuyo caso las tablas de Pontevedra serían propiedad de los legítimos herederos y no de Polonia.

El reciente libro de Miguel Martorell El expolio nazi  (2020) analiza las peripecias, la picaresca y la tolerancia de aquellos tiempos. Es recomendable también la obra colectiva Holocausto y bienes culturales (Luis Pérez-Prat y Gloria Fernández Arribas, eds.) publicada en 2019 y, por supuesto, la que acaba de publicar nuestro mayor especialista en la materia, el Catedrático Arturo Colorado: Arte, botín de guerra. Expolio y diáspora en la posguerra franquista.

La noticia destapada en algunos medios recoge la voluntad de los responsables del citado museo y de la Diputación de Pontevedra, de la que el museo depende, de devolverlas a Polonia, aunque no consta que tal acuerdo se haya producido.

Siguiendo los acuerdos internacionales firmados por España –Principios de Washington de 1998 y Declaración de Terezín de 2009, entre otros– así como la posición oficial mantenida por la Unión Europea en dos informes de 2003 y 2018 del Comité de Asuntos Legales en relación con la restitución de obras de arte expoliadas y  la última Resolución del Parlamento Europeo de 2019 al respecto, la devolución de las obras localizadas no debe ser realizada al país de origen sino a quienes acrediten ser sus legítimos propietarios que, en el caso de las tablas del Museo de Pontevedra, ya se habrían pronunciado al respecto.

Es probable que surjan más casos. No solo de cuadros traídos a España por los agentes de los nazis. Hubo una modalidad de looting puesta de relieve por las investigaciones del profesor Colorado Castellary, entre otros: una gran parte de las incautaciones de obras de arte, producidas durante el conflicto por las autoridades de ambos bandos e incluso después de la guerra por parte de las autoridades franquistas, se cerraron en falso. Se devolvieron cuadros a personas que simplemente juraron ser sus propietarios sin acreditar título alguno.

¿Dónde están actualmente esas obras? Probablemente en museos o instituciones públicas, en embajadas, iglesias o en colecciones privadas. Algunas habrán salido al mercado o habrán recalado de forma legal o ilegal en otros países. Las que lleven el sello de la Junta de Incautación y Protección republicana o de la Junta Central del Tesoro Artístico franquista, que sustituyó a la primera, merecerían ciertas sospechas iniciales.

Es importante que las colecciones de arte públicas y privadas apliquen políticas de revisión de sus inventarios y sistemas de filtro de los procesos de compra, préstamo y aceptación de legados y donaciones, desde el punto de vista de la licitud del provenance, para limitar los riesgos de que ocurra una tercera vez.

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