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El virtuosismo y la pasión de Rubens en el Museo del Prado


Pedro Pablo Rubens (Siegen, Alemania, 1577-Amberes, 1640) ha sido uno de los elegidos dentro de la historia de la pintura occidental. Su fuerza y vigor en la creación de imágenes irradió durante el siglo XVII y en los siglos posteriores. Ahora el Museo Nacional del Prado y el Museo Boijmans Van Beuningen de Rotterdam han organizado una singular exposición, Rubens. Pintor de bocetos, comisariada por Alejandro Vergara, jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte de la primera pinacoteca española, y por Friso Lammerbee, conservador de pintura europea del museo holandés.

Durante la presentación de la exposición que ha tenido lugar hoy, el director del Museo del Prado, Miguel Falomir, anunció que el 25 de junio se abrirán las nuevas salas de pintura flamenca en el museo. Por su parte, los dos comisarios han subrayado la singularidad de este proyecto expositivo por la calidad y los préstamos conseguidos que corroboran la importancia que tuvo para Rubens en su proceso creativo la pintura de bocetos como una herramienta muy importante de otras creaciones pictóricas. Alejandro Vergara dijo que el maestro flamenco pintó bocetos muy abocetados con otros muy terminados y afirmó que «Rubens es un pintor fresco, próximo y franco. Poseía una gran cultura y estaba dotado para contar historias que suscitaban el interés del espectador», Y añadió que «dota de alma aquello que pinta y resulta trascendente en la expresión de sus anhelos».

La muestra, que abrirá sus puertas el próximo martes 10 de abril en el Museo del Prado y está patrocinada por la Fundación AXA con la colaboración del Gobierno de Flandes, reúne  alrededor de 100 piezas, entre bocetos, pinturas y dibujos, casi todos del maestro flamenco, pero también alguna de Tintoretto, Barocci, Gevaerts o Pontius. No conviene olvidar que se podrán ver 82 de los más de 450 bocetos que se conservan de Rubens y que muchos de ellos hoy forman parte de las colecciones del Prado y del Boijmans Van Beuningen de Rotterdam, que son los que más atesoran. Tanto en sus dibujos como en sus pinturas supo fijar un nuevo modo de ver a los dioses y mitos de la Antigüedad Clásica de Grecia y Roma.

La realización de bocetos al óleo como parte de la elaboración de un cuadro se inició en el siglo XVI. Artistas como Polidoro da Caravaggio, Beccafumi,  Annibale Carracci, Jacopo Tintoretto o Veronés fueron los primeros que utilizaron bocetos pintados al óleo como herramientas para probar sus ideas a la hora de pintar un cuadro, pero lo hicieron pocas veces porque solían utilizar el dibujo para preparar sus obras. Esa tradición italiana fue abriéndose a otras escuelas pictóricas europeas como se comprobó pocos años después.

Rubens conocía esos precedentes y por ello innovó al incluir sistemáticamente imágenes pintadas al óleo y en soportes más duraderos que el papel. Algunos le servían para elaborar sus ideas sobre nuevas composiciones, y muchos fueron pintados para enseñárselos a sus clientes o como guía para sus colaboradores. Según su finalidad, se trata de obras muy abocetadas o muy acabadas, y también pequeñas o relativamente grandes, diferenciadas del resto de su producción pictórica porque son menos pulidas y detalladas, la capa de pintura es más delgada, y con frecuencia se ve la imprimación. Como se verá en la exposición Rubens convirtió el boceto al óleo en algo fundamental de su proceso creativo y eso le sitúa como el pintor de bocetos más importantes de la historia del arte europeo.

El recorrido gira en torno a una de las múltiples aristas del pintor flamenco, dotado de un indudable talento artístico, tanto por su dominio del dibujo como por su tratamiento del color y ese continuo empleo de la luz flamenca que dora los cuerpos de sus modelos. Y en ese paseo por las obras de Rubens encontramos una serie pequeña de La Eucaristía, algunos de los bocetos que hizo para el techo de la iglesia de los Jesuitas de Amberes, su conocida serie de Aquiles, para el techo de la Banqueting House y para la Torre de la Parada, o uno que luego sirvió a Pontius para fijar la imagen del Conde Duque de Olivares, por citar algunos de los más conocidos.

Las obras seleccionadas desprenden un gran dinamismo y el deseo permanente de aprendizaje de este pintor flamenco, desde su primera formación con Venius, Verhaght y Van Noort hasta su larga estancia en Italia, donde conoció la impronta de los grandes maestros venecianos- Tiziano sobre todo-, Miguel Ángel y Leonardo, o su regreso a Flandes. Abordó todo tipo de temas pictóricos, desde los religiosos, los históricos y mitológicos, los paisajes, los retratos y dibujos para ilustrar libros y diseños para tapices con un orden complejo, inspirado en la belleza, que salía de la paleta de su genio creativo. Como epílogo ese magnífico retrato de su hija Clara Serena, que nos dice mucho de su impronta como artista que plasma su visión subjetiva y apasionada con los ojos que veía a su hija.

Hasta el 5 de agosto. Luego viajará a Rotterdam. Julián H. Miranda

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