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LEONARDO, CURIOSIDAD Y GENIO SIN LÍMITES

El Palazzo Reale de Milán acoge la mayor retrospectiva organizada sobre el maestro renacentista italiano con cerca de 200 pinturas, manuscritos y máquinas.

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Leonardo da Vinci. Estudio de rostro femenino. Hacia 1468-1475. Galleria degli Uffizi, Florencia.

Pintor, inventor, filósofo, ingeniero, tratadista, poeta… Leonardo da Vinci practicó tantas disciplinas como intereses tuvo a lo largo de su vida. Su infinita curiosidad le llevó a cultivar todos y cada uno de los ámbitos que definieron el contexto histórico, científico y artístico de su tiempo, hasta formarse su propio disegno del mondo. Un ‘dibujo’ que aún hoy sirve para perfilar las líneas básicas de la segunda mitad del siglo XV italiano y que precisamente da nombre a la mayor retrospectiva del maestro, que ahora se puede ver en el Palazzo Reale. 

Leonardo 1452-1519. Il disegno del mondo es la exposición más completa y amplia organizada hasta la fecha en Italia. Condensa cinco años de trabajo, abarca no solo su faceta artística, sino también la científica e inventora, y cuenta con más de 200 piezas procedentes de un centenar de museos internacionales. Sus comisarios, Pietro C. Marani y Maria Teresa Fiorio, han querido huir de la mitología del personaje –sus escritos al revés, sus disecciones de cadáveres, su homosexualidad o su relación con la Inquisición– y presentarlo como lo que realmente fue: un adelantado de su tiempo, un hombre del Renacimiento con intereses y conocimientos de todas las ciencias, desde la anatomía, geometría o cartografía, hasta la escultura o la poesía.

Doce apartados componen la muestra, que se articula en torno a los grandes asuntos que preocuparon a Leonardo: el dibujo, la naturaleza, la anatomía humana, los motti dell’anima, la mecánica y la unidad del saber. El autor florentino encontró en el papel el mejor modo de plasmar sus investigaciones, por eso no extraña que este ocupe un lugar privilegiado en las salas. De hecho, la Biblioteca Ambrosiana es, con sus 38 dibujos, la entidad que más obras ha prestado para la ocasión. Le sigue la Royal Collection de la Reina Elizabeth II de Inglaterra, quien ha cedido 30 dibujos autógrafos del maestro.

Completan la muestra varios manuscritos de Leonardo, como el Codice Arundel o el Codice Atlantico, algunos incunables y diversas esculturas, así como sendas maquetas de un carro automotor y una batidora hechas a partir de diseños del florentino. Tampoco faltan sus pinturas más conocidas: la Madonna Dreyfus de la National Gallery of Art de Washington, el Retrato de músico conservado en la Biblioteca Ambrosiana o la Belle Ferronière del Musée du Louvre. Solo una de ellas se ha quedado en el hogar por motivos obvios: la Gioconda. A pesar de ello, el mito leonardesco se deja sentir en las obras que contextualizan la figura del maestro, firmadas por Antonello da Messina, Verrocchio, Francesco Melzi y Antonio Boltraffio, entre otros.

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Leonardo da Vinci. Hombre vitruviano. Hacia 1490. Galleria dell’Accademia, Venecia.

Decía Leonardo que “no se debe desear lo imposible”. Es curioso, porque su obra parece empeñada en demostrar lo contrario. Él, que trabajó con técnicas pictóricas inviables e inventó máquinas irrealizables en su tiempo, que ansió rebasar los límites del conocimiento y abarcar todas las ciencias y artes del Cinquecento, jamás pensó que sus aspiraciones fueran imposibles.

Leonardo 1452-1519. Il disegno del mondo podrá visitarse en el Palazzo Reale de Milán hasta el 19 de julio. Sol G. Moreno

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