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Las obras de Zuloaga para el santuario de Arrate recobran su esplendor


Hace ahora dos años el Museo de Bellas Artes de Bilbao organizó una gran retrospectiva a Ignacio Zuloaga (Eibar, 1870-Madrid, 1945) y ayer presentó, en colaboracion con el Museo Ignacio Zuloaga y la Diputación Foral de Guipúzcoa, el proyecto de conservación, restauración y divulgación de los cuatro lienzos que el pintor guipuzcoano realizó para el retablo del santuario de la Virgen de Arrate (Eibar).


Al acto de presentación en Bilbao asistieron ayer Harkaitz Millán, diputado de Cultura, Cooperación, Juventud y Deportes, Diputación Foral de Guipúzcoa; Enrique Laborde Suárez-Zuloaga, patrono de la Fundación Museo Ignacio Zuloaga de Pedraza (Segovia); Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao; Javier Novo y María José Ruiz-Ozaita, coordinador de Conservación e Investigación del museo y jefa del departamento de Conservación y Restauración del Museo de Bilbao, respectivamente.

Los cuatro lienzos forman parte de un conjunto devocional que pintó Ignacio Zuloaga para el altar mayor barroco del Santuario de Nuestra Señora de Arrate en Eibar (Guipúzcoa). Instalados por el pintor a ambos lados del camarín que alberga la imagen de la Virgen, recogen escenas de peregrinación con romeros y devotos orantes encaminados hacia la talla gótica de la Purísima Concepción. La iniciativa partió del propio pintor, ya que al parecer se los había prometido a la Virgen si intercedía en la mejoría de la salud de su hija Lucía hacia 1904, durante la estancia más fructífera y sobresaliente del artista en Sevilla.

En las cuatro composiciones quedan patentes los rasgos principales del estilo que afianzaba el eibarrés en la primera década del siglo XX, con el que estaba revolucionando la figuración internacional. En ellas desplegó sus dotes artísticas para captar la esencia física y psicológica de las figuras, que se recortan sobre un celaje expresivo, a mitad de camino entre el simbolismo y el naturalismo, lo que confería una fuerte teatralidad. Además de la construcción del característico binomio del estilo de Zuloaga, fondo-figura, destaca el empleo de una paleta clara y luminosa, especialmente de tonos azules, rosas y violetas, que, aunque fueron habituales en la producción de Zuloaga entre 1903 y 1905, adquieren aquí una intensidad excepcional.

Desde que fueron pintados estos lienzos sufrieron numerosas vicisitudes que obligaron al artista a restaurarlos en un par de ocasiones. La última fue con motivo de la Guerra Civil española, cuando fueron despojados del altar y trasladados temporalmente a Bilbao. Ahora, tras un largo trabajo de restauración acometido en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, encargado por ser el máximo especialista en el tratamiento y restauración de la obra de Zuloaga, los cuatro lienzos han podido recobrar su apariencia original. Tras su presentación ayer en la sala O (Otredad) del Alfabeto del museo, el conjunto se volverá a instalar a principios de septiembre en su espacio original, el altar mayor del Santuario de Arrate.

Respecto a la restauración, los primeros análisis visuales fueron realizados en 2019 y en ese momento se evidenció una alteración en la capa pictórica. Concretamente, el color presentaba importantes eflorescencias blanquecinas que alteraban compositiva y cromáticamente el conjunto. Los exámenes técnicos de las degradaciones confirmaron que las “manchas” se debían a un proceso químico de saponificación. Estas alteraciones se producen porque internamente se habían combinado algunos ácidos grasos del aglutinante del óleo con partículas metálicas presentes en ciertos pigmentos, reacción que termina aflorando en la capa pictórica mediante la formación de jabones o sales metálicas.

El tratamiento de conservación y posterior restauración se inició con el desmontaje de las cuatro pinturas del retablo y su traslado al museo. A su llegada, se realizaron los estudios técnicos con rayos X y reflectografía infrarroja, que revelaron importantes cambios compositivos en dos de las obras, así como otras alteraciones en el soporte y en la materia pictórica. Tras detener los daños biológicos mediante un proceso de anoxia (privación total y controlada del oxígeno), se hicieron las pruebas de solubilidad enfocadas a la intervención sobre las sales metálicas, el estrato superficial y los barnices. A continuación, los lienzos fueron tratados en la mesa de baja presión para corregir deformaciones y consolidar la materia pictórica. Finalmente, se realizó la reintegración cromática y el barnizado. Y durante más de un mes se podrán admirar en el Museo de Bilbao y más tarde en el santuario de Arrate esas cuatro escenas de romeros orantes.

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