Las megagalerías siguen soltando lastre: ahora Gagosian
Primero fue Marian Goodman, después Pace y David Zwirner. Ahora es Gagosian quien anuncia el cierre de sus sedes de Basilea y Burlington Arcade (Londres). Una tendencia a la reducción de espacios físicos –y costes inmobiliarios– que pone de manifiesto una realidad: el modelo de galería multisede está obsoleto, la digitalización se lo está comiendo.
Algo está cambiando en el mercado primario del arte contemporáneo. Ya no triunfan las megagalerías con oficinas repartidas por todo el mundo, esas empresas que nacieron de forma modesta para descubrir artistas emergentes, extendiendo sus tentáculos por toda Europa y allende los mares hasta convertirse en multinacionales capaces de organizar exposiciones de manera simultánea como churros.
Quizá porque en un mundo digitalizado y conectado a golpe de un solo clic, la presencia física ya no es tan importante (al menos de forma permanente, porque las ferias siguen ofreciendo ese contacto directo en momentos puntuales). Esta coyuntura, sumada a la subida del precio de los alquileres y a las nuevas formas de venta como eventos exclusivos dirigidos a un público selecto, está haciendo replantearse las prioridades de las cinco grandes empresas que han liderado el sector durante todo el siglo XX y parte del XXI.
Y si hace un par de décadas el poderío de una galería se medía por el número de sedes que tenía en Europa o América, ahora la tendencia es justo la contraria: el minimalismo, pero no por estética o convicción, sino por pura cuestión de costes.
Ya lo vimos en 2025, con ejemplos como Simon Lee Gallery o Blum, que cerraron algunos de sus espacios de Londres y Nueva York, además de reajustar su estructura. Y en años anteriores, con la reducción considerable de la todopoderosa Marian Goodman –clausuró su oficina en Londres y perdió a artistas de la talla de Gerhard Richter– o el cierre definitivo de Marlborough.
Lo hemos vuelto a ver durante el primer semestre de 2026, cuando Pace se vio obligada a reducir un 20% de su plantilla y deshacerse de más del 35% de sus artistas. Una “reestructuración” orquestada por el director ejecutivo de la empresa que se salda con el despido de 50 empleados y otro medio centenar de creadores a los que representaba.
En su defensa diremos que, de momento, es la única que ha reconocido abiertamente que “el modelo de megagalería está obsoleto” y que “es un sistema que ya no funciona”.
Pues bien, la última damnificada ha sido Gagosian; antes de cerrar el curso escolar en agosto ha anunciado novedades para dos de sus espacios: el de Basilea y uno de los de Londres. Por un lado, cierra su oficina suiza de la calle Rheinsprung 1, aunque no renuncia del todo al país, porque “explora otras oportunidades inmobiliarias en la zona”. Está claro que no quiere dejar de tener presencia en la meca europea del arte contemporáneo, especialmente durante los días de Art Basel.
Por lo que respecta a Inglaterra, piensa despedirse de su oficina de Burlington Arcade –abierta en 2023–, para centrarse en las otras dos sedes que le quedan en la isla, puente de plata para el mercado americano. Una pena que este espacio inaugurado para acoger una tienda de libros y diversos objetos de artista no haya sobrevivido ni tres años.
A los recientes cierres de Pace y Gagosian se ha sumado también otra galería potente del sector: David Zwirner. En su caso, abandonó en julio su sede del Upper East Side de Nueva York para centrarse en la renovada propiedad que adquirió en Tribeca; un cambio de barrio que revela también un viraje del sector coleccionista.
¿Y qué está ocurriendo con Hauser & Wirth? Pues curiosamente, todo lo contrario. Su política se sitúa justo en el extremo opuesto de sus competidoras. Ellos sí que siguen creyendo en el modelo de megagalería, como demuestra su crecimiento moderado pero siempre sostenido de los últimos años, con incremento de oficinas en París (2023), Basilea (2024) y Palo Alto (2026). Sol G. Moreno



