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Las formas poderosas  de Mendiburu en su exploración por la materia


El Museo de Bellas Artes de Bilbao acoge hasta el 5 de septiembre la exposición Mendiburu. Materia y memoria, comisariada por Juan Pablo Huércanos, subdirector de la Fundación Museo Jorge Oteiza y especialista en la obra del escultor Remigio Mendiburu (Hondarribia, Guipúzcoa, 1931- Barcelona, 1990). La muestra, patrocinada por la BBK, reúne alrededor de un centenar de piezas, entre esculturas y obras sobre papel de tres décadas de una trayectoria plástica  caracterizada por un proceso de innovación constante, alejada de los convencionalismos formales de su tiempo y siempre buscando lo experiencial.


Mendiburu participó desde 1966 con el grupo Gaur, que impulsaba Oteiza y en el que participaban Chillida, Balerdi, Arias, Sistiaga, Basterretxea y Zumeta. Aunque con lenguajes diferentes e intereses diversos estos creadores aspiraban a romper el aislamiento de la dictadura franquista y recuperar lo propio a través de un arte comprometido con la vanguardia. En ese contexto renovador el escultor de Hondarribia fue capaz de crear obras con atributos personales y contemporáneos.

Muchas de las obras expuestas, que abarcan desde finales de los años cincuenta hasta mediados de los años 80, son inéditas y se han reunido gracias a la generosidad de la familia Mendiburu, de otros coleccionistas particulares y de los préstamos de museos como el Artium de Vitoria, el Museo San Telmo de San Sebastián o el propio Museo de Bellas Artes de Bilbao.

En sus obras de los años 50 Mendiburu siguió las pautas del geometrismo y del informalismo, pero a finales de esa década comenzó una indagación sobre los procedimientos cercanos a una morfología orgánica y a partir de su ensamblajes construir algunas de sus piezas más características. La acumulación quizá fue uno de sus logros más personales al favorecer la experiencia contemplativa para el espectador.

Por ejemplo, el carácter experiencial ya se aprecia en algunas obras de la serie Taluak (1960-1962) o más adelante en una obra maestra como Txalaparta (1965), donde observamos ecos de la cultura autóctona y el uso de los materiales populares como las viejas vigas o los viejos troncos, que en su caso le sirvieron para reelaborar y alejarse de una visión romántica de la naturaleza. El uso de la madera le ayudó a explorar un territorio que reflejaba el paso del tiempo y su misterio.

Mendiburu. Materia y memoria se estructura en cuatro salas. En la primera titulada Acercamientos al cuerpo escultórico se muestran sus creaciones de principios de los 60, donde ensayó diferentes procedimientos técnicos para superar los conflictos entre materia, forma y energía. Usaba objetos y materiales que eran parte de su biografía y entorno cultural: cuerdas, cemento, sacos, entre otros, y que le ayudaban a referenciar su propio origen.

En la sala 2 es la fase de una escultura experiencial que cultivó a finales de la década de los 60, años en que la acumulación y ensamblaje de elementos estaban presentes como se observa en piezas tales como Argi hiru zubi . En otro tipo de obras reveló el conflicto que tuvo en ese lustro por el rechazo que les suscitaba la peana e integró el soporte en la estructura de la pieza hasta construir un lugar propio. Una obra maestra de estos años fue Jaula para pájaros libres, 1969, en la que una viga de madera sustenta un desarrollo espacial del que emerge una expresión de gran lirismo.

Durante los años 70 y principios de los 80, el escultor guipuzcoano ahondó en la lógica del ensamblaje y del cuerpo tramado, confiriendo mayor ligereza y proyección espacial con piezas como Xalbadoreri. Hay en esa sala otras obras realizadas en hormigón y madera, dos materiales que parecen antagónicos, de lo orgánico que supone la madera a la inmediatez del hormigón, pero cuya tension funciona y se complementa por las carencias del otro material.

Y en la sala 4 se incluyen sus proyectos de mediados de los años 80, caracterizados por un formato más reducido y por adoptar un lenguaje más silente. Fue la hora de materiales como el alabastro y la madera de boj pero también de la influencia del pensamiento zen en el modo de considerar el espacio y la materia. Las series La noche del exilio y Casas bombardeadas sugieren las experiencias traumáticas que vivió Mendiburu al final de la Guerra Civil y la huida a Francia y que, en cierto modo, tuvo un reflejo en su obra escultórica.

Nuevamente el Museo de Bellas Artes de Bilbao ha editado un cuidado catálogo, en tapa dura, que incluye imágenes de todas las esculturas y obras sobre papel o la caligrafía poderosa de Remigio Mendiburu en la portada,  una selección de textos y entrevistas con el artista guipuzcoano, ensayos del comisario Juan Pablo Huércanos y de Alfonso de la Torre, teórico y crítico de arte, y gran especialista en arte español contemporáneo, así como una rigurosa cronología artística elaborada por Mikel Onandia, profesor de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco. Sin duda, una publicación de referencia para entender mejor la trayectoria y el contexto histórico y artístico en que desarrolló su obra Mendiburu.

 

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